Colosos que guarden datos por toda la geografía
Los centros digitales se propagan en las grandes urbes y se prevé un mayor crecimiento pese al reto energético que representan


Un emoticono, un correo electrónico, el mensaje de voz que envió esta mañana, la fotografía de las últimas vacaciones, su historial de búsquedas en la web, la información que busca en la inteligencia artificial (IA) y otras cosas más complejas, como las transacciones bancarias, pasan por los centros de datos. Estas infraestructuras, compuestas por muchísimos ordenadores —desde aquellos con una centena hasta otros con hasta 5.000 máquinas—, se expanden por el territorio nacional. En España, actualmente, no se sabe a ciencia cierta cuántos existen. Spain DC, la asociación que reúne al sector, los cifra en torno a la centena, concentrados principalmente en Madrid, Barcelona y Zaragoza. Algunas otras consultoras hablan de más de 140.
Eso sí, se espera que en los próximos años el número siga en ascenso. España se encuentra en una situación geográfica privilegiada para atraer inversiones destinadas a la instalación de estas infraestructuras. “Es un puente natural entre Europa, América Latina y el norte de África. Además, está surgiendo una especialización en centros de datos para albergar cargas más intensivas en IA que creará mayores necesidades de inversión, ingeniería, potencia eléctrica y que conllevará acceso a servicios de mayor valor añadido”, afirma Isaac Gómez, managing director de Capital Projects en Accenture. Eso sí, el país va con desventaja en el desarrollo de estos monstruos de procesamiento y almacenamiento de información. “La región FLAP —Fráncfort, Londres, Ámsterdam y París— lidera el mercado europeo”, explica Begoña Villacís, directora ejecutiva de Spain DC. Ahora mismo hay más de 8.000 centros de datos repartidos por todo el mundo, de acuerdo con el último informe de la asociación. Estados Unidos lidera el ranking con un 33% del total, seguido de Europa con un 16% y China con un 10%.
“[En España] hay mucha inversión anunciada y en pipeline, pero no existe un contador oficial único que consolide en tiempo real toda la inversión: suelo, obra civil, conexión eléctrica, etcétera”, subraya Marta Sánchez Álvarez, socia responsable de Energía en EY España. Aun así, el sector maneja órdenes de magnitud: hasta 58.000 millones de euros de inversión hasta 2030 en distintos escenarios, con desgloses que separan inversión directa e indirecta según capacidad finalmente ejecutada. De esa cifra, se estima que aproximadamente 20.000 millones de euros corresponden a inversión directa, indica la experta de EY. Aquí, los modelos de tipo colocation son los que triunfan en el mercado, abunda Villacís. Estos funcionan como hoteles de servidores: ofrecen espacio refrigerado, seguro y eficiente en términos energéticos, donde las empresas externalizan su infraestructura.
Estos servidores son operados por empresas como Equinix, Digital Realty o Data4, donde distintos clientes comparten espacio y conectividad. Luego están los hiperescaladores de gigantes como Amazon, Google o Microsoft, auténticas bestias diseñadas para mover datos a escala global. Por otro lado, todavía quedan las instalaciones propias de empresas de banca o de defensa que prefieren mantener sus servidores en casa por motivos de seguridad, y los centros tipo edge, que son más pequeños y están situados cerca del usuario para que internet vaya más rápido y sin cortes. Para el futuro, la tendencia está clara: los grandes centros hiperescalares podrían duplicarse y ocupar la mitad de la capacidad mundial, mientras que los servidores internos de las empresas están perdiendo terreno y se reducen en un 30%, según el informe de Spain DC.
Soberanía digital
“La importancia de los centros de datos va mucho más allá de su función técnica. Son esenciales para garantizar la soberanía digital y la protección de datos sensibles, especialmente en sectores críticos como la salud, la defensa y los servicios públicos. Además, sostienen la continuidad operativa”, detalla Gómez de Accenture. La Unión Europea ha marcado como ejes de su estrategia la soberanía en defensa, energética e IA. Esta última requiere aumentar la capacidad de gestión de datos y las redes de respaldo. En este contexto, España es uno de los países identificados por las principales compañías desarrolladoras debido a diversos motivos operativos y logísticos. El liderazgo en la generación de energía renovable, la amplia red de fibra óptica y su ubicación estratégica. “Los cables submarinos que conectan Latinoamérica, Norteamérica, África y Europa pasan por España, lo que refuerza su atractivo. Disponemos de suelo disponible, especialmente en zonas menos densamente pobladas, lo que facilita la escalabilidad”, subraya Villacís.
España se ha convertido en un hervidero de centros de datos, con Madrid, Barcelona y Aragón liderando la carga, aunque todas comparten el mismo dolor de cabeza: la falta de potencia eléctrica. Madrid está a la cabeza con 162 megavatios (MW) en marcha y muchísimos proyectos en cola que superan los 1.000 MW, según un informe de Colliers. Hay inversiones brutales sobre la mesa, como el campus de Iberdrola y Echelon o los proyectos de Equinix y Merlin. El problema es que solo queda un 7% de energía disponible, por lo que todo depende de que se amplíe la red eléctrica en los próximos años, dice la consultora. Barcelona, de igual forma, se consolida como el segundo enclave, muy enfocado en inteligencia artificial y en cables submarinos. Empresas como Digital Realty o AQ Compute están metiendo cientos de millones allí, pero también van justos de luz: con menos del 9% de capacidad libre.
Potencial aragonés
La gran sorpresa es Aragón, que se está convirtiendo en un gigante europeo de la hiperescala. Microsoft y Amazon tienen planes de inversión en esta región de miles de millones de euros para los próximos 15 años, aunque, curiosamente, ahora mismo es la zona con el menor margen eléctrico, apenas un 6%. Por último, como los grandes nodos están saturados, la inversión se está trasladando a otras autonomías, como Extremadura, Cantabria o Castilla-La Mancha. Allí se buscan los terrenos y la energía que ya no hay en las grandes ciudades, con proyectos gigantes de Merlin o Solaria que aún están dando sus primeros pasos. “Esa saturación no se debe exclusivamente a los centros de datos, dado que su consumo ronda el 2%”, resalta Begoña Villacís, directora de Spain DC. “Pone de manifiesto la necesidad de invertir en infraestructuras, igual que España pasó de ser un país de carreteras convencionales a uno de autopistas”.
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