El Gobierno vasco alerta del impacto de los urbanitas que se mudan al campo: “Molestan las ovejas que pasan por el pueblo y manchan”
El sindicato agrario UAGA lamenta las quejas: “La gente llega a los pueblos pensando que esto es un remanso de paz en el que solo se oyen los pájaros y todo es verde”

Sobre los problemas que acechan al mundo rural, las instituciones tienen una larga lista de tareas pendientes. El Gobierno vasco ha añadido una más: los perjuicios provocados por la población de las ciudades que se muda a los pueblos y que se queja de los inconvenientes de convivir con el trabajo de agricultores y ganaderos. “En muchas zonas rurales, la actividad agraria ha pasado a ser residual. Incluso molesta, y estamos empezando a tener problemas derivados de las expectativas que cada ciudadano pone cuando va a residir a la zona rural”, ha declarado Amaia Barredo, consejera de Desarrollo Rural y Agricultura del Gobierno vasco, en referencia a quienes proceden de las ciudades.
Barredo certifica que los conflictos sociales están a la orden del día y cita situaciones en las que “molesta una ganadería en un pueblo” y no se quiere permitir su desarrollo o cuestiones más mundanas como que “las ovejas pasan por el pueblo y me manchan y tenemos un concejo [reunión en el pueblo] específico para hablar de eso: es de risa pero es que esto está siendo así”. La consejera vasca de Agricultura considera que este escenario “está alterando seriamente el futuro de las zonas rurales”.
Barredo hizo estas declaraciones durante la presentación en el Parlamento vasco de la nueva Estrategia de Desarrollo Rural de aquí a 2030, que aboga por mejorar los servicios y los equipamientos en los pueblos para que ”vivir y trabajar en el medio rural siga siendo una opción real y atractiva para la ciudadanía”. El plan recoge 38 acciones concretas en materias de vivienda, agroindustria o movilidad, pero no plantea acciones para combatir el efecto que está teniendo la presencia de urbanitas en el campo, aunque la consejera sostiene que este fenómeno “seguramente aparecerá en la siguiente” estrategia y que es necesario “poner el foco” en esta realidad.
“La gente llega a los pueblos pensando que esto es un remanso de paz en el que solo se oyen los pájaros y todo es verde; vienen con una idea equivocada de lo que es el campo”, ha explicado en una entrevista en la Cadena SER Iker Aguirre, vicepresidente de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Álava (UAGA). El campo no es ese lugar bucólico que algunos esperan: “En general, es un medio de trabajo y hay tractores que van de un lado para otro, se madruga y, si hay ganado, hay olores y ruidos que son extraños para la gente que llega de la ciudad”.
“Todos tenemos vivencias de la gente que ha llegado de las ciudades y no se adapta a la realidad de un pueblo”, explica Aguirre. Hay problemas con la gente que va con los perros sueltos y asustan al ganado. Quejas por el ruido que provocan los cencerros de las vacas. Por el trajín de los tractores que pueden llevar barro en las ruedas o por “las ovejas que han cagado en un camino rural, ni siquiera en las calles”. “Se generan demasiados problemas”, lamenta.
Aguirre cuenta que se han dado casos en los que incluso explotaciones ganaderas cercanas a las casas han tenido conflictos porque hay nuevos vecinos que los han “acribillado” a denuncias. Ha ocurrido, por ejemplo, en la Llanada Alavesa. Y en el municipio de Zuia “ha habido pueblos en los que hace años hubo una entrada de muchísima gente de fuera y las explotaciones de ovino tenían muchísimos problemas porque las ovejas cagaban en los caminos”.
“Hay mucha gente que viene de las ciudades que se adapta y no hay ningún problema. Se convive perfectamente con ellos, pero hay gente que no quiere adaptarse”. El vicepresidente de UAGA dice que hay que proteger la actividad agraria: “No sé de qué manera pero tiene que protegerse y quizás haya que educar en que el campo no es algo idílico”. En 2024, la Asamblea Nacional francesa aprobó una ley para proteger a los agricultores frente a este tipo de quejas por parte de nuevos vecinos. Julen Ibarrola, vicepresidente de ACOA, la Asociación de Concejos de Álava, también defiende, en conversación con la Ser, que la forma de vida de agricultores y ganaderos tiene que tener “respaldo legal”. “Cada vez los baserritarras son menos en número y dedicación, y necesitamos protegerlos de manera especial”.
Ibarrola constata la existencia de quejas por el paso de ganado por las calles de algunos pueblos en los que las normas, en principio, no lo permiten: “El sentido común dice que si tenemos familias ganaderas que están dentro de nuestros pueblos, tendrían que poder hacer uso de esos viales, aunque sean calles, porque tienen que ir a pacer en campas, a mantener nuestro entorno limpio, y para eso hace falta que circulen por allí”. Ibarrola afirma que, en todo caso, no es un problema generalizado: “Nos hace falta gente que venga a los pueblos porque tenemos casas vacías en las que son bienvenidos”.
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