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Objetivo: salvar el puente de Ariza, el patrimonio artístico que sumergió el temporal

El monumento Jaén, con cinco siglos de historia, se hunde por las crecidas aguas de un pantano entre la desidia institucional

El puente Ariza de Jaén, monumento con cinco siglos de historia, que se sumerge entre las crecidas de aguas de un pantano. Arriba el puente descubierto en 2015 y abajo inundado este marzo. FOTO: JOSÉ MANUEL PEDROSA

Las aguas del embalse del Giribaile, en el centro de la provincia de Jaén, han vuelto a engullir al puente de Ariza, construido a mediados del siglo XVI y considerado la más importante obra de ingeniería civil del insigne arquitecto del Renacimiento Andrés de Vandelvira. Este pantano, uno de los más grandes de la cuenca del Guadalquivir y que esta semana ha alcanzado el 75% de su capacidad, se ha convertido hoy, a consecuencia de las intensas precipitaciones de los dos últimos meses, en una gran marisma a la que han vuelto las aves migratorias, pero de donde ha desaparecido el que ha sido su principal elemento iconográfico desde que, en 1998, entró en uso el embalse. Y todo entre la desidia de las instituciones, incapaces de ejecutar el proyecto fraguado hace muchos para trasladar el puente a otro lugar que lo ponga a salvo de las aguas.

Muchos son los vecinos y curiosos que se acercan estos días hasta este pantano con la esperanza de llegar a tiempo de atisbar los escasos elementos que todavía asoman de este puente en arco de 100 metros de longitud, con fábrica de sillería en piedra arenisca y cinco ojos o bóvedas de cañón de medio punto dispuestos simétricamente en torno a un arco central de 36 metros de luz. “Es algo que no se debería consentir, no sé cómo las instituciones dan lugar a la degradación de un bien patrimonial como este”, comenta, apesadumbrado porque el puente ya apenas se divisa, José Tudela, un vecino de Úbeda. Hacía al menos tres lustros que no se vivía una situación parecida a la actual, y en los últimos años el puente ha lucido con todo el esplendor favorecido por la sequía.

Diseñado para salvar el río Guadalimar y como vía de paso entre el sur peninsular y Castilla, esta construcción acumula casi cinco siglos de vida, pero no fue hasta hace dos años cuando el Gobierno de España aprobó su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Monumento, la máxima protección para este tipo de construcciones. De este modo el Gobierno, como titular del bien, debe ocuparse de su conservación y mantenimiento, según lo establecido en la Ley de Patrimonio Histórico Español y Ley de Patrimonio Histórico Andaluz. También el Parlamento autonómico aprobó, por unanimidad, una proposición no de ley instando al Ejecutivo de la nación a su protección.

Pero más allá de su justa catalogación patrimonial, la declaración como BIC suponía un paso importante para el reconocimiento de este hito arquitectónico por cuanto el propio texto de la declaración reconoce que se encuentra bajo las propiedades de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir al estar el puente sujeto al dominio público hidráulico. Antonia Olivares, alcaldesa de Úbeda (el puente se encuentra en este término municipal), se felicitó por el reconocimiento patrimonial del puente por parte del Estado, pero urge ahora a actuar en las medidas de protección y conservación, como demandan también desde hace tiempo los miembros del colectivo Úbeda por la cultura.

“El puente no se puede trasladar de forma fácil ni mucho menos al tratarse de un bien protegido que está sujeto a una serie de condicionantes que lo hacen diferente a otro tipo de infraestructuras”, ha comentado la presidenta de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), Gloria María Martín, enfriando así los ánimos de cara a una pronta salvación del puente.

En 1998, cuando el pantano del Giribaile empezó a embalsar agua, el Ministerio de Medio Ambiente aprobó un proyecto (valorado entonces en 800 millones de pesetas) para trasladar el puente, piedra a piedra, hasta un paraje en las cercanías de Úbeda. Sin embargo, la Junta de Andalucía realizó en 2021, con gobierno del PP, un estudio de diagnóstico de la instalación donde, además de confirmar el paulatino deterioro del puente y alertar del riesgo de derrumbe de algunas piezas de la cornisa, se concluía en que no se puede descartar su mantenimiento en su actual emplazamiento. “Hay estudios que nos dicen que sería viable mantenerlo donde está porque se ha corregido parte de la afección hidrológica que sufría, aunque, eso sí, habría que seguir con las medidas de consolidación de la estructura”, dijo entonces el delegado del Gobierno andaluz en Jaén, Jesús Estrella. Cinco años después, la afección hidrológica a la que aludía Estrella no solo no ha desaparecido sino que el puente está más sepultado que nunca.

Desidia institucional

El puente Ariza ha sido objeto a lo largo de la historia de dos proyectos de consolidación de su estructura, uno en 1868 donde se rebajó su perfil alomado, y otro más reciente en 1980. Pero no hay ningún caso reciente de desmontaje y nuevo montaje de un puente. El último en ser trasladado fue el puente romano de Alconétar sobre el río Tajo, que en 1969 fue reubicado en el municipio de Garrovillas de Alconétar (Cáceres) cuando se construyó la presa de Alcántara.

Así las cosas, esta desidia institucional ha favorecido la permanencia del puente en la L ista Roja del Patrimonio e laborada por la Asociación Hispania Nostra, donde tienen cabida unos 1.200 monumentos españoles en riesgo de desaparición, destrucción o alteración esencial de sus valores. Castilla y León y Andalucía son las dos comunidades con mayor número de bienes incluidos en la Lista Roja del Patrimonio.

El puente Ariza es quizás el elemento patrimonial más emblemático que ha quedado dañado, y casi sentenciado, a consecuencia de los efectos del temporal de agua y viento que ha azotado de manera especialmente virulenta al sur de la Península. Pero hay otros casos significativos, como parte del lienzo de la muralla árabe de Iznatoraf (Jaén), con origen en el siglo XI y declarada Bien de Interés Cultural (BIC), que se desprendió a consecuencia de los efectos del temporal y ahora su alcalde no sabe a dónde acudir para pedir ayuda:

“Llevamos años detrás del proyecto de restauración de esta muralla, pero no hemos podido actuar porque es un bien patrimonial que se encuentra en el limbo administrativo, no está en el inventario municipal y tampoco es de propiedad privada”, ha señalado Pascual Manjón. Y también es reseñable el desprendimiento de un lienzo de la antigua muralla que circunda el castillo de Segura de la Sierra, uno de los municipios que forma parte del selecto club de Los Pueblos Más Bonitos de España. Una fortaleza que fue el eje central en la formación de una de las entidades territoriales y jurisdiccionales más importantes de Castilla en el transcurso de los siglos XIII al XV.

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