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La ría de Arousa su

El sector habla de hasta el 100% de marisco muerto en algunas zonas y pide al Gobierno y a la Xunta la declaración de zona catastrófica porque “esto se acaba”

Mariscadoras a pie en Arousa en 2023.ÓSCAR CORRAL

Los biólogos de la Consellería do Mar de la Xunta de Galicia empezarán al fin, esta semana, los muestreos en la ría de Arousa, ese antiguo y rico filón de marisco. Y hasta que concluyan sus trabajos no habrá acta “oficial” de defunción. Pero los sectores del mar adelantaron este lunes que la ría, “agonizante” desde hace años por los vertidos incontrolados, ha sido sentenciada por las borrascas con nombre, y sin tregua, de este invierno. “Si el año 23 nos dejó en la UCI”, dice Juan José Rial Millán, patrón mayor de la cofradía Illa de Arousa, “este año nos acaba de enterrar”.

Los mariscadores a flote y a pie, los bateeiros, los parquistas y los pescadores de bajura (todos los sectores que dan vida a las lonjas y las cofradías de la ría, económicamente al límite) lanzaron este lunes en una rueda de prensa convocada en el centro cultural O Gato Negro de Carril (Vilagarcía) una llamada de auxilio basándose en sus propios muestreos de estos días: “Hay zonas donde, dependiendo de la profundidad, la mortandad del bivalvo es del 100% o del 70%”.

Después de dos días de tiempo seco, esta semana llueve otra vez, más que sobre mojado, sobre ahogado. El agua dulce procedente de las borrascas, en especial en la desembocadura del río Ulla —engordado por las lluvias torrenciales además de por las masas que libera “el embalse de Portodemouros”, según apuntan los mariscadores— mata el marisco. El agua salada, de mayor densidad, se entierra en la arena y la dulce prevalece en la superficie. A esto se suma, explican, que “hay menos viento Nordés”, la característica de la costa gallega que contribuye a la regeneración de mar interior de las rías. Ello agrava la contaminación galopante que “ya denunciaba en 2008 un informe del CSIC, y que advertía que el agua tardaba un 240% más en renovarse”, rememoran los representantes del sector.

“No es solo un tema de cambio climático”, resume María Porto, presidenta de las mariscadoras a pie de Carril (Vilagarcía de Arousa), que recalca la importancia de los problemas estructurales relacionados con la desembocadura del Ulla, los desembalses que se realizan sin tener en cuenta el régimen de mareas y la contaminación procedente de tierra. Otro informe firmado por la Universidade de Vigo y el Instituto de Investigacións Mariñas del CSIC publicado a finales de 2013 en Microchemical Journal hacía saltar las alarmas por la alta cantidad de plomo, arsénico y cobre en la ría. Al año siguiente, el colectivo de defensa ambiental Sociedade Galega de Historia Natural reclamaba a la Xunta que indagase en las causas de esa inusual carga tóxica en diversos puntos de la gran ría gallega. Las sospechas siguen apuntando, en parte, al pujante sector vitivinícola.

“Llevamos muchos años avisando... No queremos quedarnos como meros espectadores, queremos que se investigue, y formar parte de la regeneración de la ría. Ahora, la mortandad es masiva”, clama la mariscadora, que trabaja en el entorno de la isla de Cortegada. Mario Vidal, con bateas de la ría de Arousa, asegura que, tras las lluvias de enero y febrero, los mejillones han aparecido “muertos en los dos primeros metros de las cuerdas” donde se cultivan bajo el agua. Los muestreos de navaja, almeja, berberecho o mejillón que va a emprender la Xunta ahora son un trámite necesario para la declaración de zona afectada por emergencia (la antes llamada zona catastrófica), que demandan los trabajadores del mar.

“Pedimos a las Administraciones central y autonómica que se pongan de acuerdo”, dice María Porto. “Con rapidez y responsabilidad”, añade Rial Millán. “Porque esos trámites van lentos y nosotros no podemos soportar la situación”, avisa Jorge Méndez, mariscador a flote de Rianxo. “De los 190 barcos que trabajaban” en su pueblo, el verano pasado “ya solo quedaban siete”, y ahora mismo “ninguno”, cuenta. “La gente busca de qué vivir en tierra porque del mar ya no se vive. Es imposible subsistir, esto se acaba”, lamenta Méndez, que tiene 52 años y a los 14 dejó los estudios porque el mar era una fuente de riqueza: “Cada año había el doble de marisco que el año anterior”.

“Necesitamos que esto cambie”, pide Mario Vidal, “aquí ya hay zonas cero, es una situación insostenible”. El declive ha estrangulado las cofradías, hasta el punto de que, según apuntan los representantes del sector, hay al menos dos que “van a entrar en concurso de acreedores” y las demás “van a tener que tomar medidas, como EREs y despidos, por su agonía”. “Existen los decretos de urgencia, pueden hacerlos tanto la Xunta como el Gobierno central”, recuerda Rial Millán, “no pueden olvidar que el marisqueo tradicional es el buque insignia de Galicia”. “Necesitamos las ayudas, no para marchar a vivir de ellas, sino para que la gente no marche y pueda seguir trabajando”, insiste Porto. Por la parte económica, el sector reclama ayudas directas a las cofradías para mantener los puestos; la exención de las cuotas a la Seguridad Social de las mariscadoras; ayudas directas a los trabajadores; la prórroga automática de los Permex (permisos de marisqueo) y concesiones hasta la recuperación; y la creación de un seguro público para la producción marisquera.

Como demandas ambientales, los colectivos de la ría piden a la Xunta, el Estado y la UE que impulsen en colaboración con las cofradías un “plan plurianual de recuperación de las rías” cimentado en un “estudio multidisciplinar e independente” que “diagnostique la situación” y “sanee” ríos y ría. Además, exigen a la entidad autonómica Augas de Galicia un “plan de actuación” que involucre al servicio de guardacostas y al Seprona para controlar los focos contaminantes en tiempo real. Algunos mariscadores alertan de que “pueden pasar horas” entre el momento en que presentan sus denuncias y aquel en que se movilizan los agentes, con lo que la contaminación (industrial o fecal) se acaba diluyendo y desapareciendo en el mar.

A finales de enero, antes de constatar la muerte del bivalvo a causa de las riadas, la Plataforma en Defensa da Ría de Arousa publicó los dramáticos datos del declive que venía experimentando el sector en los últimos dos años con respecto a las dos décadas anteriores. Si entre 2004 y 2023 la producción media anual de bivalvos (sin contar el mejillón) había sido de 4.134 toneladas, y de 3.506 en el quinquenio 2019-2023, en el bienio 2024-2025 la media anual fue de 1808 toneladas, con un promedio de descenso del 52% con relación a 2019-2023 y una pérdida económica de 29,7 millones de euros en los dos últimos años. Este desastre se acusa, sobre todo, en la almeja babosa, con un promedio de descenso anual del 82% con respecto al quinquenio 2019-2013; la almeja fina, con un 85% de caída; la rubia, con un 47% de declive; e incluso la japónica, más resistente a las condiciones adversas, con un 38% de merma en su presencia respecto a las cifras de 2019-2023. El berberecho, por último, ha sufrido un declive del 87%, según el balance que difundió la plataforma antes de que los mariscadores volviesen al mar tras el tren de borrascas para comprobar la “muerte masiva” de los bivalvos que ahora denuncian.

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