La esposa de Tejero se refirió al militar como “tonto” o “desgraciao” decenas de veces el 23-F: “Lo han dejado tirao como una colilla”
La mujer intentó contactar en numerosas ocasiones con su marido según las transcripciones de los documentos desclasificados este miércoles


Los documentos desclasificados este miércoles por el Gobierno relativos al intento de golpe de Estado el 23 de febrero de 198 incluyen la transcripción de cintas grabadas de conversaciones de la esposa del teniente coronel Antonio Tejero, Carmen Díez Pereira, con otras personas. En esas conversaciones, Carmen se refiere numerosas veces a su marido como “tonto” o “desgraciao”.
En la primera de las conversaciones, la esposa de Tejero afirma que ha llamado al capitán general de Valencia y al coronel del Estado Mayor, a quien ha pedido “un coche” para que le lleven a hablar con su marido. “Estoy intentando varias veces que Antonio me llame a mí. El Director General de Seguridad quería que grabasen mi voz y con un megáfono decírselo pero yo conozco a Antonio y Antonio piensa que me han forzao. Yo lo que quiero es hablar con él por teléfono”, ruega a su interlocutor antes de decirle que está “desesperada”. “Si está el tío tan ostinao, están ahi las tanquetas del GEO y monta el número”, dice.
En una conversación posterior, la esposa de Tejero habla con el coronel del Estado Mayor, a quien pide de nuevo hablar con su esposo.
—Es que no hay forma humana de que yo pueda hablar con él por teléfono, ¿no? —dice Carmen Díez.
—No, no porque... Ya digo que son ellos los que llaman y no sabemos desde qué número llaman. Y de la central no contestan.
—Bueno, muchas gracias. —responde la esposa de Tejero.
Más tarde, la mujer vuelve a llamar y esta vez contacta con el general Fajardo, que le dice que Tejero ha quedado en llamarla, que se le pasó aviso a las seis de la mañana. “¡Jolines! ¿Y todavía no me ha llamado? ¡Entonces no me llama!”, exclama la mujer. Carmen Díez pregunta al general Fajardo si Milans del Bosch va de camino. A lo que Fajardo responde: “Eso han dicho. En las noticias”.
—Es que yo he hablado para ver si había hablado con mi marido.
—Sí —responde el general.
—Para saber si había hablado con mi marido y ver que habia pasao.
—Sí
—Y me ha dicho el ayudante que estaba durmiendo.
—Nosotros no tenemos más noticias que los que nos está dando la radio —responde Fajardo
—Pues sí, estoy apañá. Voy a llamar otra vez a Valencia al ayudante para que me diga la verdad, si es que me la quiere decir, claro.
—Tranquilízate.
—¿Cómo voy a estar tranquila? Por dios. Si le han dejao como una colilla. Por dios. Si es indigno. Hasta luego
—Adiós.
“Me lo han dejao tirao como una colilla”
En otra llamada, Carmen Díez habla con otra mujer, Herminia, a quien dice: “¿Has visto qué asco? Me lo han dejao tirao como una colilla. Me lo han dejao solo, me lo han engañao”.
—Qué cosa más terrible –responde Herminia.
—Qué lástima
—Estate orgullosa porque hombre así...
—Pero hija, si... Es un desgraciao, si encima lo tachan de loco y de bandolero y sabe dios... Estoy intentando hablar con mi marido toda la noche y no puedo hablar con él. No puedo, estoy intentando hablar con él y no puedo.
La esposa del militar habla en otro momento con una tercera mujer, Carmen Elvira, con quien vuelve a referirse a su marido como “desgraciao” y afirma que lo han engañado:
—Soy yo, Carmen Elvira, hija —dice la mujer a la esposa de Tejero.
—Aquí estoy hija de mi alma, han engañao a mi marido como un desgraciao —responde Díez.
—Qué tonto el pobre mío.
—Qué desgraciao, tanto amor a la Patria, tanto darlo todo, mira cómo le han engañao. Estaría el Ejército detrás... En la cabeza, y ahora nadie ha hecho nada.
—Y cómo no se le ocurre pensar antes...
—Porque mi marido...
—... Que se iban a volver atrás; es que o que pasa es que él se cree, que como él es así de honrao y de recto... Es que los demás van a seguirle igual.
—¡Es tonto! Carmen Elvira, te voy a dejar, porque estoy desde las cuatro de la mañana intentando localizarle, intentando hablar con él y no hya forma humana, no puedo hablar con él, no me dejan... —dice la esposa de Tejero.
En una llamada con Fernando Caro, que era comandante de la Guardia Civil de Málaga, Carmen Díez desea que “pongan petardos en todos los cuarteles”. “Espera, espera, Carmen, tranquila”, afirma Caro tratando de calmar a la esposa del teniente Tejero. “Que le han dejao tirao, es un desgraciao”, insiste Díez.
—Tú que le conoces bien, el tonto...
—Carmen
—¡El tonto!
—Quédate tranquila
—¿Cómo me voy a quedar tranquila?
—Mira, mira, esperate un momento
—Si van a entrar y le van a matar
—¿Qué le van a matar? Mira Carmen
—¿Qué?
—Pues, yo llevo llamándote desde ayer
—Si, es que estoy intentando hablar con él pero no me dan el teléfono
—Y yo tarbién estoy intentando hablar con él, pero no te lo van a dar y claro hasta que no salga, pues no te lo van a dar.
—Es que necesito hablar...
—Vamos a ver, mira, piénsateló bien
—Es que Fernando
—Dime
—Es que si me hubieran dejado hablar con él antes. Es que él se creía, es que no se creía que le habían abandonado.
En esa conexión, Fernando Caro le ofrece ayuda a la esposa de Tejero para “cualquier cosa” que necesite, incluso le ofrece hacerse cargo de sus hijos por un tiempo en Málaga, un extremo que ella rechaza (“yo los quiero conmigo”, le dice).
Conversación con su hijo: “Tu padre asume toda la responabilidad, como siempre”
La esposa de Antonio Tejero consigue hablar con su hijo Antonio, que estaba en la Academia General Militar de Zaragoza, a quién pone al tanto de la situación de su padre y hablan de la pena de prisión a la que podrían condenar al militar:
—Antoñito, soy tu madre.
—Hola, ¿que tal madre?
—Bien hijo mío, ya te puedes imaginar han dejao a tu padre tirao como colilla.
—Ya, ha sido un fracaso, eh?
—Todo el Ejército estaba detrás, hijo mío.
—Y, ¿que ha pasao?
—Pues que el Ejército se ha rajao
—¡Hijo putas! —exclama el hijo de Tejero.
—Eso ha pasado hijo de mi alma. Así que pídele a Dios que la cosa termine normal, es lo único que me da miedo.
—Bueno y tú ¿qué tal estás?
—Yo estoy muy bien, demasiado bien. Pero fijate que... Tengo una decepción de ver cómo han dejao a tu padre tirao como una colilla...
—Bueno, y ahora ¿que va a pasar con padre?
—Pues no lo sé, nada más le pido a Dios que salga sanó. Que esté en la prisión toda la vida.
[...]
—Si yo pudiera volverte a parir...
—¿Eh?
—Si yo pudiera volverte a parir ninguno sería militar de mis hijos —exclama Díez.
—Sabes que no me dejan salir, ¿no? Madre. He pedido permiso urgente y no me dejan.
—Bueno, déjalo bonico. Estás en la Academia, no?
—Sí
—Pues estáte tranquilito.
—Sí claro, tranquilísimo, siempre desconectao
[...]
—¿Quién te ha dado permiso, el teniente Coronel? —pregunta la mujer.
—El General, que no me ha dado penmiso, no
—¿No te ha dao? Pues vete, rey.
—No, pero tu tranquila, eh!
—Estoy tranquilísima, estoy demasiao tranquila.
—Voy a ver si lo intento como sea, mañana, o yo que sé, yo cuando sea, madre
—No bonico, déjalo. Ten calma bonico, ten calma.
En esa llamada con su hijo, Carmen Díez le dice a su hijo que ha oído en televisión que Antonio Tejero asume toda la responsabiliad y exclama “¡Qué jilipuertas es!”, concluye de nuevo la mujer:
—Tu padre asume toda la responsabilidad. Como siempre
—¿Qué te pasa?
—Nada, que acabo de oír la televisión. Que tu padre asume toda la responsabilidad.
—¡Ya, ya!
—¡Qué jilipuertas es!
—Sí.
—Pues a mí me han dicho que estaba el Ejército detrás.
—Bueno, bonico, tranquílizate, yo te vuelvo a llamar esta tarde.
En la tarde siguiente al intento de golpe de Estado, Carmen Díez vuelve a hablar con uno de sus hijos, con quien comenta que en un primer momento el Ejército estaba “detrás de todo” y finalmente se quedó “en su sitio”.
—Aquí estaros otra vez hechos unos desgraciaos. Este marido mío no escarnienta nunca, el Ejército estaba detrás de todo y se ha quedao en su sitio.
—¿Cómo?
—Que el Ejército estaba detrás de todo, al señor que nos estaba dando noticias de todo lo que había se le llevaron. Se le llevaron dos Comisarios. Así que, aquí estamos.
—¡Mira que es tonto este hombre! Se fía de los militares.
—¡Qué pena, qué pena tan grande! Todo el mundo diciendo que España va muy mal, que esto es una porquería, que esto es una mierda, que esto no se cuantos, que hay que saltar, y estaba todo en bandeja.
—Luego llega el momento y se arrinconan con el Rey, y ya está
—A mí me dijeron anoche que estaba el Ejército y el Rey detrás —dice el hijo antes de cortar la conversación hablando de que Antonio Tejero asume toda la responsabilidad. “Claro que la asume, como siempre haciendo el primo”, zanja la esposa del militar golpista.
“¡Qué asco de España! Estoy decepcionada de España entera”
En otro momento de las transcripciones publicadas este miércoles por el Gobierno, la esposa de Antonio Tejero habla con una mujer que se identifica como Sofía, que le manda un abrazo:
—¿Has visto que España tan mierda? —exclama Carmen Díez.
—¿Cómo?
—¿Has visto qué España tan mierda? Todos los militares estaban, todas las Capitanías Generales, que se habían adherido en un principio, todos se retractaron —añade la mujer de Tejero.
—Sí, ya me doy cuenta, Carmen, pero que sepas que estamos contigo, ¿eh?
—Sí, eso es, si quien tienen que estar... Son los militares enteros, si se ha puesto todo en bandeja...
—Y tú no pierdas la esperanza ni la fe.
—Estoy decepcionada de España entera.
—Si este pueblo merece lo que se le va a venir y nada más.
—Estoy decepcionada.
—Porque si es que están hechos unos cabrones.
—Si tu vieras qué marido, ¡por Dios! Que no le importan ni la vida ni el honor. Que yo le decía “Antonio por Dios”... De la Patria, está dentro. Pero si la Patria está mal la familia se destroza. No hay moral, no hay na.
—No, si no hay moral, si él tiene toda la razón, lo que sucede es que ahora los valores... Subvertidos... —le dice Sofía.
—Además, mira, te digo una cosa, afan de protagonismo no tiene el menor, él no quiere en el mundo nada. Él lo único que quiere es que haya paz.
—Si yo lo sé, Carmen. Yo conozco muy bien a tu marido.
—¡Qué asco de España! ¡Qué pena tan grande!
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