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Una narcotraficante redactaba mensajes de agradecimiento

La líder de un grupo de transportistas de droga, de 47 años, intentó escapar con un millón de euros en el coche cuando la Policía arrestó en Madrid a los miembros de su organización

Dinero en efectivo empaquetado al vacío incautado a la cabecilla de una banda de narcotransportistas el anterior 13 de febrero durante el operativo Tocada-Space de la Policía. Juana Viudez

Paula Andrea, detenida como líder de una organización de narcotransportistas, fue sorprendida al pasado 13 de febrero huyendo de su casa de Madrid con algo más de un millón de euros en efectivo. El dinero, metido en bolsas de rafia de supermercado, estaba repartido entre el maletero y la parte trasera de su coche, un Mercedes de alta gama valorado en más de 140.000 euros. La Policía cree que alguno de los suyos le avisó de que habían caído. El resto de los integrantes, 11 hombres, acababan de ser arrestados en una nave industrial de Alcobendas (Madrid, 123.300 habitantes) con más de 3.200 kilos de cocaína, armas de guerra y otros efectos relacionados con el narcotráfico, como una antena satelital para poder tener conexión en una narcolancha. Todos han ingresado en prisión provisional.

Paula Andrea, de unos 47 años, se encargaba de manejar las cuentas. Los investigadores la sitúan en la cúspide el grupo criminal junto a Gilbert, su expareja, y encargado de supervisar la parte logística. Entre los arrestados también se encuentran dos hijos de la contable.

Ese viernes 13 de febrero, la mujer recogió algunas prendas, papeles oficiales y el millón de euros en efectivo. Los fondos estaban divididos en fardos de 46.000 o 50.000 euros sellados al vacío. Varios de ellos presentaban apuntes que podrían señalar a los individuos que debían recibirlos, algo que está siendo analizado. Los envoltorios traslúcidos lucían también textos místicos de prosperidad embellecidos con corazones y caras felices como “Oro y miel para mi siempre” o “Todo lo que se te ha arrebatado, te lo devolveré. Gracias, Universo”.

“Es problable que antes de que se llegara al final de la nave alguien avisara a la jefa”, opina uno de los agentes de esta intervención, sobre la cual la Policía Nacional ha comunicado este martes. Al arrestar a grupos de tráfico de drogas, la Policía suele activar al Grupo Especial de Operaciones (GEO), capacitados para escenarios de extrema peligrosidad. Los efectivos revisan pausadamente el lugar para ir controlándolo, y en ese intervalo, pudieron haberla prevenido.

El volumen global de estupefacientes incautados, 3.400 kilos de cocaína, supone un récord en el ámbito de la Comunidad de Madrid, donde no resulta frecuente hallar un cargamento tan masivo de forma simultánea. No obstante, este detalle no ha resultado ser el punto más relevante, sino más bien la naturaleza evasiva y vanguardista de la organización delictiva.

El grupo servía de “proveedor de servicios” para diversos narcotraficantes y es probable que llevaran “varios años” operando “en función de la demanda”. “Tenían una estructura y agallas importantes para mover 3.400 kilos de cocaína”, ha señalado el inspector jefe José Francisco Podio, de la Unidad Central de Droga y Crimen Organizado (Udyco Central), durante un encuentro con periodistas en el Complejo Policial de Canillas, en Madrid.

El grupo se encargaba de recoger por encargo cantidades de droga en el sur de España, especialmente en zonas fluviales, y las llevaban en convoyes a Madrid, para después entregarlas al siguiente eslabón de la cadena del narcotráfico. Los miembros simulaban que eran trabajadores de la construcción. Entraban y salían de las dos naves investigadas, una en Alcobendas y la otra Fuente del Saz (Madrid, 7.400 habitantes) vestidos como obreros y seleccionaban el momento idóneo para sus desplazamientos por carretera, que hacían en vehículos alquilados. “Escogían las horas en las que más tráfico había o con actividad laboral normal para pasar desapercibidos”, ha detallado el inspector Manuel Llorente, de Udyco de la Jefatura de Madrid.

Los efectivos de Udyco de Madrid iniciaron las pesquisas sobre ellos a mitad de 2024, aunque hubo una interrupción y sus miembros se trasladaron a Holanda. Tras un periodo, volvieron a Madrid y reiniciaron sus labores, según explican los oficiales. Durante el último julio, los funcionarios de la Brigada Central de Estupefacientes obtuvieron datos provenientes de Suecia, Polonia y Portugal acerca de un vehículo de carga interceptado con sustancias prohibidas que venía de España. El origen de los estupefacientes se situaba en el almacén de Alcobendas donde finalmente han logrado detener a la mayoría de la banda e incautar el cargamento, “minutos después de llegar”.

Durante la investigación, bautizada operación Tocada Space, han llegado a documentar una de esas rutas de transporte de droga, en la que los miembros de la organización se desplazaron hasta una zona próxima a San Juan del Puerto (Huelva), durmieron varios días en los alrededores de Sevilla y regresaron a Madrid.

Los integrantes del grupo adoptaban estrictas precauciones al desplazarse, lo que causó que las indagaciones fueran bastante complicadas. Recurrieron a técnicas en “la antigua usanza”, realizando constantes seguimientos y demostrando gran perseverancia, recalcan los agentes.

Dos de los vehículos invertenidos tenían sofisticados compartimentos ocultos, también llamados caletas. Uno de ellos, instalado en un vehículo Audi de color negro, daba acceso a un depósito en el que guardaban pistolas y armas de guerra. El coche conservaba este martes un rosario de cuentas negras en la palanca de cambios. La otra caleta, dispuesta en un vehículo blanco, estaba concebida para guardar droga.

Los agentes encontraron la cocaína dispuesta en fardos, separados en envoltorios grises, cada uno con una cinta de un color, y marcados con logos distintos. Habían sido rociados con gasolina para que no se detectara por el olor.

Asimismo, se ha incautado una vestimenta de buceo, hallada húmeda y con rastros de lodo, además de una antena Star Link, empleada para obtener acceso a la red en áreas carentes de señal. Los agentes sospechan que dicha prenda pudo ser vestida por algún miembro del grupo propietario del estupefaciente, con el fin de certificar que la entrega se realizaba según lo acordado previamente.

La investigación todavía está abierta. Sigue en curso la derivada económica, que ya ha asumido la Unidad Central de Delincuencia Económica y Financiera (UDEF), y nuevas pesquisas relacionadas con las personas que enviaron la droga y quienes iban a recibirla.

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