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El goteo de kilos de cocaína que volaba desde España a Islandia a través de ‘mulas’ “muy vulnerables”

Una red criminal saturó al aeropuerto de Keflavík enviando correos humanos con droga desde ciudades españolas

Uno de los arrestados en la operación Skyr, el 4 de febrero. POLICÍA NACIONAL (POLICÍA NACIONAL)

El pasado junio, Islandia ya superaba su récord de incautaciones de drogas en el aeropuerto de Keflavík, el más grande de esta nación insular nórdica y que está situado a unos unos 50 kilómetros al sur de su capital, Reikiavik. El agente Jón Halldór Sigurðsson, encargado de investigar el crimen organizado en el sur del país, hablaba de un fuerte aumento en los casos de tráfico de drogas, especialmente en cocaína. Hasta ese momento, habían incautado 40,26 kilos en el aeródromo y esperaban que siguiera subiendo. “Si la tendencia continúa, podríamos ver un total de al menos 60 kilogramos para finales de año”, contaba en la sección en inglés del diario Morgunblaðið, el principal de este país de 397.000 habitantes. En todo 2024 habían interceptado 35 kilos de esta droga y en 2023, 41 kilos.

La razón de esa notable subida en las incautaciones la tenían una serie de pasajeros que estaban llegando a esta tierra de volcanes, glaciares y géiseres desde España. Aterrizaban de forma semanal o quincenal en en vuelos que salían de Bilbao, Barcelona o Madrid. Así, kilo a kilo, iban engordando las estadísticas. La droga podía viajar en dobles fondos del equipaje; dentro de sus cuerpos, en forma de cápsulas; o en formato líquido camuflada en botellas de ron. Esas personas, que también se llaman mulas o correos de la droga en argot policial, estaban alterando la seguridad del país.

Al tiempo que las incautaciones iban subiendo, la policía de Islandia pidió ayuda a la española para desentrañar esa red de narcotráfico. Además de la llegada de la droga, las autoridades islandesas también temían por la cantidad de arrestados que se enviaban a un sistema penitenciario bastante limitado. Sus cinco prisiones tienen una capacidad para unas 160 personas.

Comenzaron a trabajar en febrero del año pasado, después de sorprender a dos pasajeros que habían viajado desde Bilbao con 8.400 mililitros de cocaína líquida en botellas de ron. Así se abrió una investigación transnacional que ha culminado un año después con 34 arrestados en Islandia, España, Lituania, Dinamarca y Bélgica. Entre ellos están el líder de la organización, un hombre de 53 años y nacionalidad rusa, considerado un objetivo de alto valor por Interpol; 15 personas que viajaron desde España llevando drogas y que están en prisión en el país nórdico; y cuatro arrestados en España.

“Para las autoridades islandesas era un asunto muy importante. El tema del año”, cuentan fuentes de la Policía española. Representantes de la Unidad Central de Drogas y Crimen Organizado participaron en las reuniones de coordinación judicial y policial con el país nórdico, que reunieron una gran cantidad de fiscales, policías y agentes de aduanas del país. Tres policías islandeses participaron en las operaciones en España, según información de la policía islandesa.

El pasado 4 de febrero fue el día D. A los viajeros detenidos conforme intentaban meter la droga en su aeropuerto, se unieron 24 nuevos arrestos repartidos por Islandia (11), Lituania (6), España (4), Bélgica (2) y Dinamarca (1).

Se calcula que el grupo criminal envió al menos 100 kilos de cocaína que procedía de Sudamérica mediante el empleo de correos humanos durante un año. En un país como España, considerado puerta de entrada a Europa de cocaína o hachís, y en la que los alijos se miden por toneladas, esta incautación puede parecer secundaria. El contexto es diferente, razonan las fuentes policiales consultadas. Mientras que en España, el precio de la cocaína puede situarse entre 13.000 y 15.000 euros por kilo, en Islandia supera los 56.000 euros. Llevarla hasta allí hacía que el precio se multiplicara casi por cuatro.

“Vieron la forma de conseguir grandes beneficios con un riesgo muy pequeño”, valoran. Las personas que captaban para hacer de mulas eran “muy vulnerables”, drogodependientes, con familias desestructuradas o con gran necesidad económica. Les pagaban de 500 a 1.000 euros por unos viajes en los que hacían numerosos transbordos.

Los investigadores españoles siguieron los movimientos del líder, afincado en Lituania y con antecedentes por tráfico de drogas a nivel internacional. Según las pesquisas, mantuvo diferentes reuniones en Barcelona, Gijón, Vigo y Viveiro (Lugo), siempre con las mismas personas. Tres de los cuatro arrestados en España se vieron con el cabecilla de la organización y una cuarta acompañó a los correos humanos hasta los aeropuertos y se encargaba de que tomaran el vuelo que tenían marcado. En los registros en España también encontraron diferentes materiales para construir los dobles fondos de las maletas y poder sortear los controles de seguridad.

Los envíos no solo se dirigían a “la tierra del fuego y hielo”. Los investigadores españoles también detectaron la salida de mulas con ocho kilos de cocaína desde el aeropuerto de Las Palmas hasta Lituania y que fueron arrestados allí. Uno de los últimos detenidos que viajó desde España hasta Islandia con droga, y quien los agentes españoles “marcaron”, fue detenido cuando se encontraba cortando la droga en una vivienda del país nórdico.

En Islandia también realizaron registros de personas que ya estaban en prisión y encontraron teléfonos y otros dispositivos electrónicos en cinco de las nueve celdas. Hay una “sospecha razonable”, según la policía islandesa, de que utilizaran esos móviles para planificar su actividad delictiva.

Esta operación, bautizada Skyr, es una muestra de la tendencia de las organizaciones criminales a utilizar la vía aérea para traficar con droga y buscar métodos alternativos para burlar los escáneres o los perros rastreadores, algo que Europol ha destacado en un informe reciente. Hace apenas unos días que trascendió otra investigación en la que los narcos perfumaban la cocaína y la cubrían de grasa para intentar que no la detectaran en los controles aéreos.

El gran reto de la coordinación

“El gran reto ha sido la coordinación internacional, con distintos horarios, policías y sistemas judiciales. Es un claro ejemplo de cómo hay que cooperar para atacar este tipo de organizaciones”, añaden las fuentes consultadas. Los agentes se organizaron a través de Europol, la agencia de la UE para la cooperación policial, y Eurojust, que hace lo mismo en el ámbito judicial. Formaron un equipo conjunto de investigación y, tras varias reuniones en La Haya (Países Bajos), ampliaron la actuación a Dinamarca y Bélgica. También contactaron con agentes antidroga de la República Dominicana. Entre los arrestados hay personas de origen ruso, dominicano, lituanos y españoles.

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