El campus en el que nació Podemos mira con distancia el debate de la unidad de la izquierda
“¿Para qué intentarían volver a hacer un Sumar, que tampoco ha salido tan bien?”, se preguntan algunos estudiantes de Políticas de la Complutense


Algunos alumnos de segundo de Ciencias Políticas de la Complutense supieron casi por casualidad, el mismo miércoles por la mañana, del coloquio que durante semana y media había obsesionado a la izquierda de la izquierda: la charla entre el diputado de ERC, Gabriel Rufián, y el de Más Madrid en la Asamblea, Emilio Delgado. El profesor de Economía Política, “muy puesto en el tema de las charlas”, les dijo lo que iba a suceder esa tarde y les animó a ir. “La verdad, no sé si mis compañeros fueron o no, porque también había torneo de Mario Kart”, cuenta en referencia al videojuego Marcos Martín, de 19 años, que estuvo en esa clase. Al recorrer este jueves los pasillos de Somosaguas, cubiertos de pintadas antifascistas, quedan claras dos cosas. La primera, que los jóvenes que han oído hablar de la semana decisiva para la reconfiguración de una izquierda fragmentada la siguen con distancia, casi como un ruido de fondo. La segunda, que el único político de ese espacio que despierta cierta ilusión es Rufián y, aun así, una eventual candidatura suya también les suscita reservas.
No es que no tengan apetito político, sino que la izquierda no consigue llegar a ellos. “Los partidos están muy liados, ahora mismo la izquierda está muy débil”, dice Martín. Al joven, la propuesta de Rufián y Delgado de lanzar un frente común de las izquierdas para que los diferentes partidos dejen de competir entre ellos, no le parece nueva, pero sí “algo que se tiene que llevar a cabo”. La aspiración de poner fin a la fragmentación llevó a Unidas Podemos a articular una candidatura que integraba a múltiples fuerzas de izquierda y, años después, a Sumar a ejercer de paraguas para 15 formaciones. El debate persiste en bucle porque la izquierda sigue sin dar con la fórmula de la unidad.
“¿Para qué intentarían volver a hacer un Sumar, que tampoco tiene tantos votantes y no ha salido tan bien?”, se pregunta Fernanda Moraes, que está en el último curso de la carrera, sobre la propuesta e Rufián y Delgado. La joven de 21 años comenta entre clase y clase que sí ha hablado con sus amigos sobre lo que va a intentar conseguir la izquierda y a quién se debería de dejar fuera y a quién no. Del proyecto de Rufián, les genera confusión que el diputado de ERC no deja de pertenecer a un partido independentista. “Nosotros vemos a Rufián como un líder, pero a muchos nos tira para atrás el tema del independentismo. Si llegase el momento, ¿cómo va a ser, por ejemplo, candidato a la presidencia una persona que tiene más interés sobre una parte de España que sobre otra?”, argumenta Moraes.
Para la joven, Rufián ha sabido capitalizar su momento de visibilidad y posicionamiento político, además de conectar con el público joven a través de las redes sociales, especialmente con la confrontación irónica que mantiene con el agitador Vito Quiles. En uno de los vídeos que se han vuelto virales, el pequeño Nicolás graba con el móvil mientras Vito Quiles le pregunta a Rufián si le reconoce. Rufián contesta con sorna: “Sí, un poco. [El pequeño Nicolás] Ha pasado de lo que era, a cámara tuyo… Viva la clase obrera”. También ha visto estos vídeos Santiago Lamana que, en la pausa de la clase sobre Sistemas Políticos, comenta: “De los líderes de la izquierda, Rufián es el que reacciona de manera más pacífica a las provocaciones de la derecha”.
“Pablo Iglesias le tira el micro a Vito, otros le empujan… Aunque Vito no tenga razón, eso está feo. No pueden reaccionar así”, explica Lamana. Su compañera de clase, Carla Casas, está de acuerdo en este punto y dice que para que la izquierda le vuelva a ilusionar, las formaciones tienen que acabar con el desprestigio de la política. “En el Congreso se insultan, se burlan los unos de los otros y amenazan. No debaten con datos. No podemos respetarles si desde fuera vemos que actúan como si estuviesen en una pelea de adolescentes”, indica Casas. Lo que también echa en falta la joven de 19 años es más autocrítica dentro de los propios partidos.
De lo que dijo Rufián, Lamana no está de acuerdo en que Podemos “sea imprescindible” en un nuevo proyecto de unidad de la izquierda. “Pablo Iglesias era muy importante, era muy popular entre los jóvenes, pero con el paso de tiempo ha perdido potencia. Igual que Irene Montero”, sostiene. Lo dice mientras recorre los pasillos que vieron nacer a Contrapoder, el embrión de Podemos, y que hoy ya no conservan la efervescencia que dio vida al movimiento.

En lo que sí coinciden todos los entrevistados es en que el bloque de la derecha lidera, mientras la izquierda pierde cada vez más terreno. Desde 2019, los hombres jóvenes que se consideran de derechas han pasado del 12% al 25%, según la serie de sondeos de 40dB, y los que se colocan más en el extremo se triplicaron, pasando del 3% al 10%. Las mujeres jóvenes tienden a considerarse más de izquierdas, pero las que votan a partidos de derechas también han aumentado del 10% al 24%.
Esta preocupación recorre toda la izquierda, desde sus dirigentes hasta sus votantes más jóvenes. En el teatro Galileo Galilei, ante unas 500 personas, Rufián señalaba que “querría que la derecha estuviese tan fraccionada como la izquierda”. En Somosaguas, Fernanda Moraes piensa que esa precisamente es la gran ventaja de la derecha. “A pesar de que haya surgido un partido como Vox, vemos que la derecha vota de manera conjunta, que tienen iniciativas que no se distinguen tan claramente”, sostiene y añade que, en cambio, los partidos de la izquierda exhiben matices que pueden convertirse en líneas rojas para distintos votantes. “Como los que apoyan o no condenan a Maduro. Eso es una línea roja para una persona que, aún siendo de izquierdas, no lo concibe”.
Este miércoles, la voz de ERC en el Congreso cerraba su acto asegurando que no quería solo ilusionar: quería sumar votos y derrotar a Vox provincia a provincia. Roberto Martínez, mochila al hombro mientras corre para coger el autobús de vuelta a casa, cree que es posible, que la izquierda puede hacerlo. Aunque tiene miedo a que haya demasiado “bla bla” y nada de acción.
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