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Anta, el gigante chino del deporte que toma el control de Puma para competir con Nike y Adidas

La compañía, líder de moda deportiva en el mercado asiático, pone a prueba su modelo en el exterior tras pasar a ser el máximo accionista tras comprar la participación a la familia Pinault

Ropa y equipamiento de la selección nacional china para los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán, exhibidos en una tienda insignia de Anta en Shanghái.CFOTO (Future Publishing / Getty Images)

Anta Sports Products, la empresa china que ha anunciado su intención de adquirir cerca de un tercio de la alemana Puma, ha saltado a los titulares de la prensa económica internacional por esa operación. Aunque poco conocida para gran parte del consumidor occidental, sus cifras la sitúan, sin embargo, entre los gigantes de la industria. Según datos de Euromonitor International, Anta lidera el mercado chino de ropa deportiva por volumen de ingresos, con una cuota que alcanzó el 23% en 2024. Pasar a ser el principal accionista de Puma es su último paso para consolidarse como uno de los grandes operadores globales del negocio deportivo y competir, por primera vez de forma directa fuera de China, con los dos titanes del sector: Nike y Adidas.

La compañía ha crecido al calor del consumo interno y de una lectura muy precisa del entorno chino, que la ha llevado a ocupar un lugar central en el imaginario nacional. Anta equipa a selecciones y atletas chinos en grandes competiciones y, especialmente desde la pandemia, se ha beneficiado del auge del guohuo, el orgullo por los productos hechos en China.

Su expansión se ha articulado a través de la adquisición selectiva de marcas y la gestión de una cartera diversificada de negocios, diseñada para cubrir distintos tramos de precio, públicos y disciplinas. Ese modelo le ha permitido evolucionar desde fabricante y distribuidor local hasta convertirse en un conglomerado que controla más de 20 enseñas, con una estructura altamente centralizada en las decisiones clave (como la cadena de suministro, la expansión comercial o el control de costes), pero una gestión diferenciada de cada marca en términos de posicionamiento y marketing.

Su posición financiera es sólida. Según su último informe anual disponible, correspondiente a 2024, Anta se embolsó 70.826 millones de yuanes (unos 8.630 millones de euros), con un margen operativo del 23,4%. En el primer semestre de 2025, sus ingresos ascendieron a 38.440 millones de yuanes (casi 4.700 millones de euros), una subida interanual del 14,3%.

Anta nació en 1991, cuando China comenzaba a abrir su economía y el consumo deportivo era aún incipiente. Su fundador, Ding Shizhong, la estableció en su natal Jinjiang (Fujian), un polo industrial de calzado y textil. La empresa salió a Bolsa en Hong Kong en 2007, en una operación que recaudó alrededor de 300 millones de euros, aprovechando el fuerte apetito inversor en víspera de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. De acuerdo con la revista Forbes, Ding, de 56 años, tiene un patrimonio superior a 6.000 millones de euros y figura en el puesto 61 de los más ricos del país.

El giro estratégico de Anta llegó a finales de los dos mil, cuando el sector empezaba a polarizarse entre marcas extranjeras prémium y competidores locales de bajo coste. Entonces, la compañía apostó por un modelo menos visible pero más robusto: convertirse en un gestor industrial y comercial de marcas con identidades ya definidas.

En 2009 compró por 332 millones de yuanes (entonces equivalentes a unos 36 millones de euros) los derechos de explotación de la italiana Fila en China, Hong Kong y Macao. La marca transalpina atravesaba una etapa de declive y apenas tenía presencia en el país asiático, pero Anta vio en ella una oportunidad. Aprovechando su conocimiento del consumidor local y su red comercial, reposicionó Fila hacia la moda deportiva de gama media-alta, un segmento con mayores márgenes y menos competencia directa. Así, la marca italiana se convirtió en uno de los pilares financieros de Anta y sigue siendo una fuente clave de generación de caja. En 2024 aportó alrededor de 26.300 millones de yuanes (en torno a 3.400 millones de euros) al grupo, más de un tercio de la facturación total.

Tras ese primer éxito, Anta replicó el modelo con marcas internacionales de perfil más técnico. En 2016 asumió la operación en China de la japonesa Descente, especializada en deporte de alto rendimiento, y un año después hizo lo propio con la surcoreana Kolon Sport, centrada en actividades al aire libre y moda deportiva urbana. Con esa experiencia acumulada, Anta dio en 2019 el salto a una operación más ambiciosa. Lideró un consorcio para adquirir por 4.600 millones de euros Amer Sports, el grupo finlandés especializado en material técnico y ropa deportiva para disciplinas como la montaña, el esquí o el running, y propietaria de marcas prémium como Salomon y Arc’teryx.

En 2024, el segmento de “otras marcas”, que agrupa principalmente los activos procedentes de Amer, pero también los de Descente y Kolon, fue el de mayor crecimiento, con un aumento de ingresos del 53,7% y un margen operativo del 28,6%. Dentro de ese bloque, Arc’teryx se ha consolidado como el buque insignia: alcanzó ingresos de 2.194 millones de dólares (unos 2.020 millones de euros), con un crecimiento interanual del 36%, impulsado en gran medida por China.

Ese recorrido explica por qué Anta considera ahora que está en condiciones de afrontar una operación como la de Puma. El 27 de enero, Anta alcanzó un acuerdo con Artémis, la sociedad de cartera de la multimillonaria familia francesa Pinault, para adquirir una participación del 29,06% del capital de Puma por 1.506 millones de euros. Una vez completada la operación, previsiblemente a finales de 2026, Anta pasará a convertirse en el principal accionista de la empresa alemana, aunque sin control mayoritario. 

Un terreno desconocido

La entrada en el capital de Puma sitúa a la compañía china en un terreno que no había explorado hasta ahora. Por primera vez, el grupo se expone directamente al deporte de masas fuera de China, en mercados maduros donde el crecimiento es más lento, los márgenes más estrechos y la competencia más intensa. A diferencia de otras operaciones anteriores, Puma tiene historia y una red internacional consolidada, pero también enfrenta dificultades operativas y estratégicas que no pueden resolverse simplemente con el empuje del consumo chino.

En 2025, Puma cerró en números rojos y acumuló en los tres primeros trimestres pérdidas cercanas a 260 millones. Pese a ello, Anta ha aceptado pagar una prima elevada (35 euros por acción, alrededor de un 62% sobre la cotización previa) con la convicción de que la debilidad actual no refleja el valor del activo ni su potencial, una lógica de inversión contracíclica que el grupo ha aplicado con éxito en el pasado, según defendió el presidente Ding.

La diferencia es que, esta vez, Anta deberá demostrar su capacidad de ejecución fuera de su mercado natural. Puma es una empresa alemana cotizada, con una cultura corporativa, una estructura de gobierno y una base de consumidores muy distinta a la de las marcas que el grupo ha gestionado hasta ahora. Consciente de esos límites, Anta ha optado por una entrada relevante, pero sin control directo.

El principal riesgo de la operación, según subrayan diversos analistas citados por la prensa económica china, es trasladar su modelo de “operador multimarcas” a un entorno regulatorio, cultural y competitivo mucho más exigente. A ello se suma un factor menos tangible, pero no menor: la presencia de un gran accionista chino en una marca europea histórica puede generar recelos entre consumidores, socios comerciales y reguladores en Europa y Estados Unidos.

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