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Lamine y Pedri guían un triunfo est

Los tres goles del extremo y el fútbol exquisito del centrocampista coronan una actuación muy completa de los azulgranas ante un rival que no puede atacar después de ser sometido en defensa

El centrocampista del FC Barcelona Lamine Yamal hace el tercer gol del partido.Toni Albir (EFE)

Lamine Yamal irrumpió en pleno ramadán para recodar su condición de futbolista genial que juega igual de bien por la tarde que por la noche, y puede que incluso por la mañana, independientemente de si come o bebe poco, mucho o nada, delantero capital para que el Barça vuelva a ser el equipo reconocible que cautivó al fútbol la temporada pasada con la llegada de Flick. El extremo recuperó la puntería de forma tan contundente que marcó tres golazos, una cifra inédita en su currículo de 18 años, lo nunca visto en tiempos del juvenil Messi, y demostró que vale por tres, por el trío de delanteros que llevaba tres jornadas sin marcar, convertido ya en el pichichi del equipo con 18 goles, dos más que Ferran. La exigencia del rival y la importancia del momento por los partidos que vienen —Atlético, Athletic y Newcastle— agrandaron la solemne actuación de Lamine ante la excitación del Camp Nou.

Alrededor del excepcional Lamine, el Barcelona completó un muy buen partido ante un visitante que se le suele dar mal como el Villarreal. Jugaron los azulgranas como una unidad, más compactos, sólidos y mejor estructurados que en sus últimos partidos, mejor posicionados a partir de Bernal ante la ausencia de De Jong. La responsabilidad y la concentración mezclaron tan bien que apreció un equipo que apenas concedió ocasiones en el partido 100 de Flick. Los barcelonistas despejaron dudas y ganaron confianza en una tarde que ni pintada para reafirmar su liderato y preparar de la mejor manera la visita el martes del Atlético. Los goles de Lamine, la feliz recuperación de Pedri, la ambición de la generación del 2007 —Lamine, Bernal y Cubarsí— y la voracidad de Fermín despertaron la ilusión que parecía extraviada en el Barça.

Arrancaron los azulgranas con un juego muy intenso, agrupados alrededor de la pelota y fuertes en la presión, tan valientes como impacientes, reiterativos en las pérdidas que tanto agradecen el juego vertical y veloz del Villarreal. La actitud grupal de los barcelonistas, rápidos en la salida y en el repliegue, compensó la imprecisión en el pase de muchos de sus jugadores, más aplicados en la recuperación que en acabar las jugadas, nada finos en el tiro ante Luiz Junior. Olmo, Ferran, Raphinha y Koundé no lograban dar continuidad al fútbol absorbente de Lamine y al juego enérgico de Fermín. El ritmo tampoco era sostenido y las selectivas llegadas no encontraban la portería del Villarreal. La pelota viajaba muy nerviosa a pies del Barcelona.

El gol dependía de Fermín y de Lamine. Ambos se juntaron cuando el Villarreal había robado el cuero en un error de Bernal y marcaron el 1-0. El volante saltó feroz sobre el balón y a campo abierto profundizó para la llegada del extremo, que cruzó a la red de Luiz Junior. Lamine no tardó en demostrar que también se basta solo para marcar las diferencias con un segundo gol que encendió el Camp Nou. El delantero tomó la bola en su costado derecho, sorteó a Cardona con un cambio de ritmo, se anticipó con elasticidad a la salida de Moleiro y cruzó a la escuadra derecha del arco del Villarreal. Muy puesto también el Barça en defensa, no hubo noticias del equipo de Marcelino en ataque hasta el minuto 40, cuando Ayoze no llegó a un centro al segundo palo de Pépé.

El 2-1 del Villarreal llegó a la salida del descanso, después de que Olmo no acertara a culminar una excelente jugada del Barça, cuando Gueye se encontró con la pelota después de una serie de rebotes ante el marco de Joan García. Y si no empató acto seguido fue porque Ayoze chutó fuera a puerta vacía después de una mala salida del porteroa. La jugada provocó la ira azulgrana por entender que el Villarreal no había lanzado el balón fuera previamente para que se atendiera al caído Lamine.

Y entonces compareció Pedri, resguardado a fin de controlar su recuperación, para conservar la pelota, armonizar el juego y asistir a Lamine para que marcara el 3-1. El toque profundo del volante se conjugó con el desmarque del extremo, imperial en el timing y en el toque cruzado a la derecha de Luiz Junior. Pedri no paró hasta habilitar también a Lewandowski, que después de tres partidos sin rematar puso el 4-1. El final de Pedri fue tan apoteósico como el inicio de Lamine y el entretiempo de Fermín. El Barça recuperó sus señas de identidad y las mejores sensaciones ante un rival al que se consideraba su antídoto como el Villarreal.

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