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Las claves de la caída del Barcelona: sin goles no hay aventura azulgrana

La falta de puntería y de presión sincronizada redundan en la ausencia de juego en el Barça de Hansi Flick

Lamine Yamal durante el partido contra el Girona.AFP7 vía Europa Press (AFP7 vía Europa Press)

El Barcelona de Flick es un equipo que se explica por sus goles más que por su juego, negado en el Metropolitano (4-0) y desafortunado en Montilivi (2-1). También perdió en Anoeta, el Bernabéu y el Sánchez Pijuán, así como contra el PSG porque solamente marcó un tanto, mientras que se quedó a cero en Stamford Bridge ante el Chelsea. Los azulgranas solo han cedido dos empates, contra el Rayo en Vallecas (1-1) y en Brujas, un partido que por el resultado (3-3) remite precisamente a muchos de los disputados la temporada pasada, cuando ganó la Liga, la Copa y la Supercopa y fue eliminado en las semifinales de la Liga Champions por el Inter en Milán: 3-3 y 4-3.

El cambio del año pasado al actual se explica por factores individuales y colectivos, esclavo como es el equipo de las expectativas propias generadas por su condición de campeón, y también del mayor conocimiento que tienen los rivales para atacar el plan de Flick. La propuesta del técnico avala el intercambio de goles y por tanto exige a sus futbolistas que sean efectivos en las áreas, sobre todo en la contraria, circunstancia que no se dio contra el Girona ni ante la Real. El Barça acusa sobre todo las lesiones que han impedido la continuidad de la resolutiva delantera que formaron Lamine, Lewandowski y Raphinha, el jugador que mejor expresa el fútbol que pretende Flick.

Aunque las soluciones individuales han ayudado a disimular los problemas estructurales, la respuesta de muchos jugadores está hoy alejada de su mejor versión, la que asombrosamente mostraron con la llegada del exseleccionador de Alemania. Más que jugar al fútbol, el Barça vive últimamente de las jugadas, falto de personalidad y rebeldía y también de rigor y consistencia, más frágil que nunca a pesar de la mejora de la portería con el fichaje de Joan García. La contundencia se basaba en la capacidad para presionar alto, acabar las jugadas o recuperar rápido la pelota y localizar el partido en campo ajeno, una apuesta que ayudaba a tirar con precisión la línea del fuera de juego a partir de Iñigo Martínez.

La salida de balón se ha complicado sin el vasco por la ausencia de un central zurdo y el juego de elaboración ha menguado por la falta de centrocampistas, especialmente cuando no ha estado Pedri. Flick tampoco ha contado demasiado con Casadó y Bernal. El equipo dejó de ser compacto, se partió por la mitad, se descontroló y diseminó, para desespero de una zaga que sangra por los dos costados, el de Balde ante el Atlético y el de Koundé en Girona. La vulnerabilidad se ha agrandado por la permeabilidad de la línea de medios y la falta de ayudas defensivas de unos delanteros que a su vez penalizan por las dudas entre Ferran y Lewandowski sobre la posición de 9.

Aquella intensidad y compresión del Barça que atropellaba y encajonaba a los rivales en su campo se ha aflojado porque ha dejado de presionar de forma sincronizada como una unidad y a cambio le resulta difícil encontrar la pausa por la deficiencia del juego de posición, un defecto subrayado cuando el único medio es De Jong. La ausencia de liderazgo se agrava cuando el equipo necesita ser sólido y competir en situaciones de dificultad como pasó en las derrotas en el Metropolitano y Montilivi. El Barcelona es un equipo monotemático que se impacienta cuando no marca y no encuentra alternativas a la consigna inequívoca de marcar un gol más que el contrario que siempre ha pregonado Flick.

Hay además una notable fatiga que no solo ha reducido la agresividad con y sin balón, sino que ha afectado al carácter juvenil y divertido del Barça. Aquel equipo que entusiasmaba a la afición por su sentido de la aventura, muy a gusto con el riesgo, ha perdido emoción, se despliega con menos pasión, es menos voraz, y en lugar de remontar ahora le remontan como en Girona. Las posibilidades de corrección son limitadas si se atiende a que el único fichaje en el mercado invernal ha sido el insustancial Cancelo. Las aspiraciones se mantienen intactas por la confianza que transmiten tres jugadores que marcan la diferencia cuando se juntan y están en plena forma: Pedri, Raphinha y Lamine.

El Barça espera que con Pedri vuelva la luz y el equipo se enchufe, recupere el juego, la puntería y el hambre, o la rabia para responder a arbitrajes como el del lunes. La diferencia de puntos respecto al Madrid ha sido tan variable (del -5 se pasó al +4 para situarse ahora en el -2) que anima a los azulgranas a no desesperar, después de que su caída haya sido tan sorprendente como su ascensión en 2024-2025.

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