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Ricky Rubio disfruta la Copa 15 años después

El base del Joventut regresa al torneo después de su paso por la NBA y su parón por salud mental y con sus mejores medias de puntos y asistencias

Ricky Rubio, con el Joventut ante el Valencia el pasado 8 de febrero.AFP7 vía Europa Press (AFP7 vía Europa Press)

Disfrutar. Esa es la palabra que va de la mano de Ricky Rubio en su regreso esta temporada al baloncesto tras un parón para recuperar el amor por la canasta. “He vuelto para disfrutar y lo estoy haciendo cada día”, resume el base catalán de 35 años, y el mismo sentimiento de felicidad se repite en sus compañeros de equipo, en sus colegas con otra camiseta, en su entrenador en el Joventut y hasta en el seleccionador nacional. Ricky Rubio disfruta otra vez, es feliz, sonríe y emerge de nuevo un talento único por su visión de juego y su inteligencia. Lo celebra la Penya y todo el baloncesto español, y la fiesta es completa en la Copa del Rey en Valencia.

El torneo copero ilustra como ninguno esta segunda infancia de Ricky Rubio. No en vano el base vuelve a pisar la competición 15 años después, una especie de regreso a los orígenes, a aquel veinteañero que ya entonces había quemado etapas a mucha velocidad y se preparaba para la gran aventura de la NBA. Cuando este jueves salte a la cancha en los cuartos de final ante el Valencia, el calendario marcará 5.486 días desde su última noche en la Copa. Fue el 13 de febrero de 2011 y en una plaza grande, la final con el Barça ante el Real Madrid frente a 13.000 espectadores en el Palacio de los Deportes. Ganó el equipo azulgrana (60-68) y Ricky completó la trilogía: tres finales coperas jugadas y las tres ganadas después de coronarse con apenas 17 años en 2008 en el Joventut de Rudy frente al Baskonia (con dos tiros libres decisivos en los segundos finales), y de las victorias en los clásicos Barça-Madrid de 2010 y 2011.

Una década y media después, el niño de 20 años es hoy un padre de 35 y entre medias ha dejado su huella en la NBA (12 cursos entre Minnesota, Utah, Phoenix y Cleveland), ha sido campeón del mundo con la selección en 2019, ha superado dos roturas de cruzado en la rodilla izquierda y se ha convertido en un símbolo del cuidado de la salud mental. Muchas luces y muchas sombras, dentro y fuera de la pista, hasta desembocar en el hombre que es hoy, un jugador cuya magia es contagiosa.

“Ricky hace que todos sus compañeros sean más felices”, se rinde su técnico en el Joventut, Dani Miret; “es un chico sensacional. Tiene unos valores personales que son el principio de todo. Con él me ha tocado la lotería. Domina todo el juego y como es listo y sabe ir al tiro libre cuando hay contacto, hemos gestionado que juegue los finales de cuarto, porque puede ganarse esos tiros y el ritmo es más lento que en los principios. Su cabeza es especial. Cuando le pongo un vídeo, él ve otras cosas. Me enseña que podemos hacer una jugada diferente porque es un genio”, añade el joven preparador, solo cinco años mayor que su pupilo.

Ese saborear los últimos sorbos de un largo camino ha disparado la productividad de Ricky. El base de la Penya promedia 12,2 puntos y 5,8 asistencias por encuentro en la ACB, en ambos casos el tope de su carrera, y solo el eterno Marcelinho Huertas, que a los 42 años bate en Valencia su propio récord de longevidad en una Copa, le supera en pases decisivos (6,4). Como dice Miret, Rubio exprime su inteligencia para anticiparse a la jugada y al defensor y provocar la falta del contrario. Son 5,2 infracciones recibidas por encuentro, también el registro más alto de su trayectoria y el quinto en este curso en la Liga Endesa. Una ola de admiración se levanta a su alrededor.

“Me encanta verle feliz”, expresa Álex Abrines, uno de los primeros que conoció de primera mano sus problemas mentales cuando Ricky se bloqueó en la selección y que pasó por una situación similar; “cuando volvió al Barça no estaba preparado para ese momento, le afectó y recayó en la enfermedad. Ahora disfruta en su casa”.

Ricky ha cerrado heridas y solo le falta abrazar otra vez a la selección española para cerrar esa etapa con un recuerdo dulce en lugar de la amargura de su última despedida. El nuevo técnico, Chus Mateo, volvió a rodearle de cariño este martes cuando anunció la convocatoria para la próxima ventana. “Ricky siempre está en mi cabeza”, explicó; “él no se ha planteado volver ahora, pero no renuncia a vestir los colores de la selección en el futuro. Es algo que ya está en su mano. Las puertas de la selección están abiertas siempre para alguien que ha dado tanto para el baloncesto español como Ricky. De momento, que sea feliz. Se lo merece”.

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