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Premios Goya
Análisis

Los Goya contra Wim Wenders

La ceremonia demostró que el cine no puede mantenerse al margen de la política

Jose Ramón Soroiz gana el Goya a mejor actor protagonista por MaspalomasMassimiliano Minocri

Recientemente, Wim Wenders afirmó durante la Berlinale que los cineastas deben mantenerse “al margen de la política”. Al celebrar su edición 40, la entrega de los Premios Goya de 2026 le probó al director exactamente lo opuesto. Se trató de una celebración con una fuerte carga política tanto en su apariencia como, primordialmente, en su esencia cinematográfica. Aparte de la imagen de los distintivos de Free Palestine lucidos por los asistentes en la alfombra roja, acciones habituales en estas galas, o de los llamamientos explícitos contra el genocidio en Gaza reiterados a lo largo del acto, el certamen del cine español ratificó, pese a la opinión de Wenders, que lo individual posee un carácter político. Aquella frase de Kate Millet y el feminismo radical de los años 70 fue evocada por la productora Sandra Hermida mientras recibía el Goya al mejor filme de Los domingos. Incluso Albert Serra es consciente de ello, el realizador que sostiene que dedicar un galardón a los parientes es señal de que la cinta carece de calidad. Durante su intervención tras obtener el reconocimiento al mejor documental por Tardes de soledad,, la obra más cercana al gato de Schrödinger y a la física cuántica de este año —considerada taurina o antitaurina dependiendo del espectador—, el autor defendió la relevancia y el peligro de la creación artística “cuando lo político y lo ideológico chocan con la intimidad”.

Mientras cumplieron las previsiones y Sirât se adjudicó seis galardones técnicos, Los domingos obtuvo los de mejor actriz, actriz de reparto, guion original, dirección y película. No obstante, resultaría injusto afirmar que esta terminó siendo la ceremonia de Los domingos y Sirât. Aquella mentalidad binaria que rige desde los algoritmos hasta las posturas ideológicas de nuestras charlas también había impregnado la visión previa del evento y de la producción de 2025. Una perspectiva reduccionista que se fue perdiendo conforme avanzaba una gala donde también se pudo festejar la pluralidad de visiones y nuevos talentos de la industria más allá de esos dos filmes, sobre todo en los premios actorales, donde se distinguieron dos cintas en las que la intimidad es política pura.

Fue político que las lenguas cooficiales se integraran sin forzarse, como en los discursos en euskera de Nagore Aramburu como monja pérfida en Los domingos o de Jose Ramon Soroiz por su papel de un hombre gay que debe volver al armario cuando lo ingresan en una residencia tras sufrir un ictus en Maspalomas (“Ojalá todos los Vicentes sean felices”). Ver sujetar un cabezón por primera vez a un actor revelación gitano, Toni Fernández Gabarre, ¿acaso no es tremendamente político su grito de “¡Que vivan los Fernández!” Frente a todo ese público específico?”. Que Miriam Garlo usara el lenguaje de signos al recoger su Goya como mejor actriz revelación por Sorda. El hito de ver a tres mujeres reconocidas en una categoría técnica tan históricamente masculinizada como la de sonido. No estaría Amanda Villavieja en el escenario, pero qué importante fue escuchar a Laia Casanovas y Yasmina Praderas pedir que lo suyo no fuese “una excepción”. Escuchar a Alauda Ruiz de Azúa afirmar que “el miedo nos domestica y nos aleja de lo honesto” y que “el talento no entiende de género pero las oportunidades históricas, sí”. A la argentina Dolores Fonzi, directora de Belen, Goya a la película iberoamericana, pronosticar todo lo que malo que puede venir (“Yo vengo del futuro de un país donde el presidente puso en venta hasta el agua. Y ahora nos vemos que tenemos que defender el agua. Ustedes que tienen tiempo aún, no caigan en la trampa”).

En una ceremonia en la que emoción más reivindicada de la noche fue la de la empatía, el sentir de la noche lo resumió a la perfección una emocionada Susan Sarandon. “Estos días en los que el mundo está dominado por la violencia y la crueldad, miro a mi alrededor y veo a vuestro presidente y a muchos artistas y siento que tienen la lucidez moral para ayudarme. Estoy en medio del caos y la represión, veros me ayuda a sentirme menos sola y os lo agradezco desde lo más profundo de mi corazón”. Que alguien haga el favor y se lo diga a Wim Wenders.

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