Zaha Hadid falleció, dejando atrás una huella imborrable en el mundo del diseño arquitectónico, a los 96 años de edad.
Una década después de su fallecimiento, la firma Hadid continúa estableciendo hitos, erigiendo más monumentos que simples construcciones por todo el planeta.


100 millones de habitantes. Se proyecta que para 2030 los núcleos poblacionales de Guangzhou, Shenzhen, Hong Kong y Macao (Gran Área de la Bahía) den lugar a la conurbación más grande del planeta. En este entorno, dando servicio a las cuatro urbes y con una extensión de 70 hectáreas, el Greater Bay Area Sports Center busca posicionarse, si no como la mayor, sí como la infraestructura deportiva más frecuentada del mundo.
Por su envergadura se mide con el Grand Park Sports Campus de Westfield (Indiana) —que ofrece 31 complejos deportivos en una extensión de 162 hectáreas— o con el estadio Narenda Modi de Ahmedabad (India), el cual permite, desde 2020, que 132.000 asistentes vean un duelo de cricket.
Tomando esos modelos, el complejo, abierto el último diciembre, representa igualmente —una más— una creación que, estructuralmente, aparenta festejar más una carencia —la de la arquitecta Zaha Hadid— que el nacimiento de un entorno distinto.
Al sur de Guangzhou, al oeste del delta que forma el Río de las Perlas, el centro deportivo constituye una pequeña ciudad. Con edificios de oficinas y zona residencial, quiere —como tantas instalaciones actuales— ser a la vez el gimnasio del barrio de Nansha, y el estadio, y escenario, del mundo. Así, las actividades deportivas y las culturales —masivas: conciertos, actuaciones…— se dan la mano en un escenario preparado: más allá de los edificios se han construido, como forma de acceso, nuevas líneas de metro —la 18 de Guangzhou— y un nuevo puente entre Shenzhen y Zhongshan para acoger a los espectadores.

Más allá de los terrenos deportivos, el estadio y sus alrededores se integran en un tejido urbano donde el agua y el deporte se entrelazan, mientras que el diseño fluido y las líneas fluidas resaltan una arquitectura viva, donde el agua y el movimiento se entrelazan en un flujo constante.
En este periodo se cumple una década desde la muerte, por una neumonía surgida de un catarro mal curado, falleció Zaha Hadid. La proyectista anglo-iraquí murió —como sucede con bastantes arquitectos— lejos de su residencia, en Miami. Como si la labor de transformar el entorno supusiera descuidarse a sí misma. Todo lo contrario a lo sucedido con su despacho, que ha visto crecer sus obras por todo el planeta, especialmente en China, a partir de su deceso.

La oficina, dirigida hoy por la mano derecha de la arquitecta —Patrik Schumacher—, perpetúa el sello fluido, el aspecto dinámico y sensual y la perfección de las superficies en unas estructuras que parecen desafiar la ley de la gravedad. Esas características imprimieron, hace varias décadas, el rupturista estilo de la primera arquitecta en obtener el Premio Pritzker (en 2004). Fue premiada justo cuando empezaba, por fin, a conseguir construir. Y, tras inaugurar su primer edificio en el Vitra Campus de Weil am Rhein (Alemania) y ver cómo sus diseños fluidos tropezaban con inconvenientes en la normativa estadounidense, encontró en países en busca de una nueva monumentalidad su lugar abonado para crecer.
Fue así como, tras firmar los más deconstructivistas que sensuales estación de bomberos de Vitra, el Museo Maxxi de Roma o el Centro Rosenthal de Arte Contemporáneo en Cincinnati, Hadid desplegó sus curvas en Baku (Azerbaiyán), a mayor gloria de la familia Aliyev. Es la monumentalidad de esas curvas, su enigmática perfección, lo que deslumbra ahora en el delta del Río de las Perlas.

Esas formas sinuosas no son meramente ornamentales. El techo del estadio está diseñado para enfrentar la humedad de un entorno subtropical que exige aireación constante y defensa ante la radiación solar extrema y las lluvias intensas. Aquello, junto a las panorámicas del delta del río desde dentro del recinto —un gran acierto—, se ha cuidado con esmero. La impronta de la construcción también se ha considerado.
Las menciones a los motivos chinos, junto con el modo en que se entrelazan, sugieren más bien un vínculo profundo; las formas que emergen parecen responder a una lógica más profunda, como si el terreno mismo se resistiera, y sin embargo, allí donde se hunde, la tierra misma parece ceder y abrazar.
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