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Alauda Ruiz de Azúa y Oliver Laxe: “Nuestras películas han conseguido sacudir al espectador”

Los directores de ‘Los domingos’ (13 candidaturas) y ‘Sirât’ (11 selecciones), las películas más nominadas a los Goya 2026, dialogan sobre su tipo de cine, abierto a la complejidad y a la ambigüedad y que esta temporada ha funcionado en taquilla

Oliver Laxe y Alauda Ruiz de Azúa, en la redacción de Papallones.Jaime Villanueva

En un año potente para el cine español, los dos buques insignia, las dos películas que más aplausos se han llevado de la crítica y del público y que mejor recorrido han hecho en festivales, son también las que más nominaciones han logrado en la 40ª edición de los premios Goya. El próximo sábado en Barcelona, Los domingos (13 candidaturas), de Alauda Ruiz de Azúa, y Sirât (11), de Oliver Laxe, encaran un duelo que, visto el ex aequo de 2025, incluso podría acabar en empate.

Cuando se sientan a dialogar en la redacción de Papallones, Ruiz de Azúa (Barakaldo, 47 años) y Laxe (París, 43 años) apenas han cruzado un saludo protocolario. Nunca han conversado de manera pausada, aunque curiosamente ambos son filmes impulsados por Movistar + y están distribuidos también por la misma compañía, BTeam. Es más, el segundo ha visto por fin esa misma mañana Los domingos. “Solo puedo defenderme en la vida loca que llevo, en que la campaña de los Oscar ha alterado cualquier plan”, apunta el gallego.

Pregunta. Me gustaría empezar por lo que comparten ambas películas: el respeto al espectador, la apuesta por que el público construya el viaje fílmico con el creador, y por tanto no se le dan las cosas mascadas.

Alauda Ruiz de Azúa. Seguramente sea algo que las dos películas tienen en común, que no buscamos la complacencia. En el caso de Los domingos, ha generado mucha diversidad de lecturas y mucho debate tras las proyecciones. Y hay gente a la que le ha molestado que dejara ese margen. A mí eso me ha sorprendido. Pensé que se iba a celebrar más ese espacio que invite a la conversación. Para mí, Los domingos invita a una conversación adulta, inclusiva y reflexiva. Para mi alegría, ese espectador ha sido numeroso y muy agradecido.

Oliver Laxe. Ser claros es fácil. A mí también me echan en cara la ambigüedad, y en realidad hay que apostar por ello para acercarnos a la complejidad de la realidad. Creo que las películas tienen que trascender a su autor y creo que Los domingos está trascendiendo a ti misma, porque el nivel de interpretación que ha tenido ha escapado a tu propia ideología.

A. R. De A. Um, ha provocado más cosas de las que yo esperaba, es cierto. Pero, ¿no piensas que las películas viajan solas?

O. L. Y eso es genial.

A. R. De A. Es que una vez le preguntaron a Cassavetes, recriminándole algo de su primer cine, tan poco canónico: “¿Usted ha puesto todo lo que sabe en la película?”. Y respondió: “He puesto todo lo que sé y todo lo que no sé”. Habrá cineastas que jueguen más al control de todo lo que hacen. Yo no me sentía así; yo me sentía más en un proceso de explorar algo.

O. L. Antes has dicho que para cierto espectador más ideologizado estás obligada a posicionarte muchas veces, ¿no? La ambigüedad es un problema.

A. R. De A. Y la no literalidad. El regalo es que para mucha gente no sea fundamental. Y que filmes que juegan a evocar o a abrir puertas hayan tenido éxito en las salas.

Las dos películas tienen en común que sus creadores no buscamos la complacencia"
Alauda Ruiz de Azúa

P. Los domingos ha recaudado más de cuatro millones de euros con 600.000 espectadores. Sirât ha superado los tres millones tras 450.000 entradas vendidas. Y solo hablamos de taquilla española. Además, una ganó la Concha de Oro de San Sebastián y la otra, el Premio del Jurado en Cannes. Algo que sonaba a cuadratura del círculo, a gustar en España a crítica, público y a los académicos, ha ocurrido de manera fluida.

O. L. Es complejo. Hay algo interesante en el debate en la relación entre lo poético y lo político. Incluso al posicionamiento político, ¿no? Muchas veces se quiere instrumentalizar el arte, reducirlo a un nivel puramente ideológico. Es una pena, ¿no?

A. R. De A. Lo que hacemos tiene una dimensión política, ¿no? Lo que pasa es que una cosa es que las cosas tengan una dimensión política y otra, que la conversación que tú plantees tenga la literalidad de la narrativa de bandos. Yo era consciente de que cuando habíamos hablado de la vocación religiosa y la institución religiosa, iba a estar esa conversación, esa dimensión política o ideológica del asunto. Lo importante es en qué términos presentas esa dimensión. Yo no entro a una narrativa de bandos, a esa batalla continua.

O. L. Yo me he sentido muy identificado con tu peli, porque me he puesto muchas veces el despertador para rezar y he estado en muchos monasterios. A veces no ha sido fácil en mi familia, y cómo refleja eso Los domingos me gustó. No creo que muestre adoctrinamiento religioso, tal vez porque yo nunca sentí adoctrinamiento. Los domingos habla de mí.

A. R. De A. Esto sí que no lo vi venir [risas].

O. L. Con matices, claro. En mi infancia no hubo ninguna persona de órbita católica que agitara un solo centímetro en mi corazón. Y no es porque no las haya, que las hay. No se cruzaron en mi camino. En mi casa se vivía un catolicismo cultural. Y al mismo tiempo, como soy hijo de campesinos, era un tipo de cristianismo más puro, en el de la vida pobre.

Me he puesto muchas veces el despertador para rezar y he estado en muchos monasterios. A veces no ha sido fácil en mi familia. ‘Los domingos’ habla de mí"
Oliver Laxe

P. Ambas películas hablan, en un concepto muy amplio, de la espiritualidad, de la trascendencia del ser humano.

O. L. Me interesa mucho, Alauda, que tú te consideres atea, cuando viendo la peli yo nunca pensaría que lo eres.

A. R. De A. A veces me dicen que digo mucho que soy atea. No, lo que pasa es que me lo preguntan constantemente. Y yo quiero hablar de muchas cosas con naturalidad, sin tabúes. No sé si es tan extraño... Un espectador me habló en un coloquio de Pasolini y su Evangelio según san Mateo. Él hace una película desde un punto de vista marxista. No sé, ha habido muchas lecturas de mi filme que no comparto, y sí que lo hice no queriendo atacar nada. Es curioso: cuando haces cine, llámalo ambiguo, evocador o menos literal, y entiendo que ha pasado también con Sirât, que lo que el espectador trae de su casa o en su ADN cambia radicalmente su percepción de la película.

01:35
Tráiler de 'Los domingos'
Miguel Garcés (el padre, de pie), Blanca Soroa (la protagonista) y Patricia López Arnaiz (la tía), en 'Los domingos', de Alauda Ruiz de Azúa

O. L. En mi película, hay gente que ha sentido que la película toca la herida del mundo y han sentido el dolor de Gaza y el Sahara Occidental. Y hay gente que me dice todo lo contrario, que echa de menos un posicionamiento más claro.

A. R. De A. Es que es muy interesante que en ambas películas la ambigüedad no termina siendo indiferencia. Las dos películas han conseguido sacudir al espectador. La gente salía muy movida en algún sentido de estos filmes. En una época en la que todo tiende a la anestesia, para mí ha sido también muy reconfortante, la verdad, y muy emocionante ver que nuestras películas estaban vivas. No solo hemos creado una conversación intelectual, sino que hemos generado emociones y ganas de hablar de ellas.

O. L. Porque no hacemos cine desde el cálculo. Es como cuando Albert Serra hace una película sobre toreros. Me parece que ahí hay valentía.

A. R. De A. Y que lo que nosotros digamos de nuestras películas tiene una importancia relativa. El regalo es que el cine toque temas delicados, te haga sentir, pensar...

O. L. La mía te hace morir. Es terapia de choque. Y entiendo que haya gente que se sienta violentada. E incluso escuchándoles siento que he hecho bien mi trabajo. Ha rascado, ha movido algo a otro nivel. La magia del cine se muestra cuando un filme afecta a muchos niveles.

A. R. De A. Porque debajo de lo racional debe estar lo emocional y lo humano. Para mí trabajar la dirección de actores es importante, porque en el rodaje pasan cosas, la cámara las capta y eso está ahí, y hace más complejo lo contado. Está bien abrazar la complejidad. Entender que a veces no tienes todas las respuestas, que a veces hay situaciones que resultan inquietantes o incómodas de mirar con un tremendo valor. En Los domingos ha sido todo un aprendizaje: no cerrar el relato.

01:51
Tráiler de 'Sirât'
Sergi López, a la derecha, en 'Sirât'.

P. En ambos filmes se mueve el magma del miedo, sus personajes van a contracorriente de la sociedad.

A. R. De A. El miedo es un enorme mecanismo de control.

O. L. Mis personajes no huyen, van a bailar, aunque es cierto que esperan que haya un cambio de era, se alejan de lo trillado de la sociedad. De fondo, cierto, se mueve el miedo, porque cuando haces una película intentas conectar con el tiempo en el que vives. Y hoy vivimos con muchísimo miedo, con incertidumbres. Ese es el gran problema actual, y para solventarlo solo nos queda mirar a nuestro interior. Nunca he hecho películas para mí, sino para servir. Vale, llámame narcisista, pero confié en el público y él me respondió.

A. R. De A. Empecé en el cine conectándome como espectadora, sintiendo que alguien me hablaba a mí y que las salas podían ser mi refugio. Así que cuando dirijo, aspiro a eso mismo.

O. L. Tú y yo necesitamos que las salas estén vivas, porque de ahí lograremos financiar siguientes proyectos y mantener nuestra libertad. A mí me gusta que hayamos logrado que nuestros trabajos sean vistos por un público no cinéfilo. Eso me ha dado una enorme alegría. Porque hemos convocado a espectadores habituados a plataformas que han entendido que esos proyectos había que verlos en pantalla grande. Porque era necesario para la experiencia fílmica. Ha funcionado la pedagogía.

P. El otro día, usted, Oliver Laxe, dijo que no había arte con más premios que el cine. Lo hay, la literatura...

O. L. ¡Es verdad! Y encima les dan pasta, mientras que yo me llevo un premio de Cannes y no hay dinero. ¡No hay un Planeta de cine!

A. R. De A.[Risas] Hay una enorme narrativa de competición de la que participáis los periodistas. Ahora en serio, la cultura tiene muy pocas herramientas de promoción, y una muy útil son los festivales. Otra, los premios. Son excusas para hablar de lo importante, del cine. Y que de paso el mundo sepa que existimos.

O. L. Y yo no estaría aquí sentado si no me hubieran legitimado los galardones de Cannes.

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