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Crítica de cine
Crítica

‘Sin conexión’: Bradley Cooper emociona con la ruptura y el reenganche de un matrimonio

En su tercera obra como director, el cineasta se ha fijado en el Nuevo Hollywood y su rabia desbocada

02:20
Tráiler de 'Sin conexión'
Laura Dern y Will Arnett, en 'Sin conexión'.

Del Nuevo Hollywood de finales de los años sesenta y setenta solemos recordar algunos de sus grandes hitos en sus diversas vertientes, de El graduado a Tiburón pasando por El padrino. Pero, en los 14 años que básicamente duró el mejor periodo histórico del cine estadounidense (y mundial), hubo un enorme número de títulos, mucho menos conocidos para el gran público y quizá más desequilibrados, que en cambio enarbolaron la bandera de la autenticidad, la cercanía, la energía y la madurez a través de relatos protagonizados por gente vulgar y corriente, y dirigidos por cineastas que solían llevar su cámara y ejercitar su mirada como si te estuvieran apuntando a la cabeza con una pistola a centímetros de distancia.

Este es el cine en el que se ha mirado Bradley Cooper para articular Sin conexión. La historia de un matrimonio que se resquebraja, las distintas formas de amar (¿las hay?) Y la reconexión con la existencia a través de las cosas más inesperadas. Aquí, mediante la comedia en vivo en locales sencillos, o la expulsión de traumas con bocanadas de verdad en directo. Un trabajo que, en ese sentido, entronca con ejemplares de amarga stand-up comedy como Lenny y El rey de la comedia. Y que, en esa variante de recuperación del Nuevo Hollywood, parece haberse mirado en directores como Robert Altman, Paul Mazursky, Hal Ashby y Bob Rafelson, y en títulos como California Split, Una mujer descasada, Shampoo y Mi vida es mi vida.

En su tercera obra como director, el habitual actor Cooper se ha fijado, como tantos otros de su generación, en aquel cine de los moteros tranquilos, toros salvajes, en aquella rabia desbocada. Sin conexión, poco pegadiza traducción del original Is this thing on? (¿Está esto encendido?), hace referencia a ese momento en la vida de un matrimonio con hijos en el que la fuerza de la costumbre en los más diversos ámbitos, sobre todo el sexual, además de las pequeñas grandes discusiones y cierto desapego, han ido sustituyendo a un amor que ya solo huele a simple afecto.

Después de dos películas de alta cultura relacionadas con artes mayores, Cooper ha decidido bajar al barro de las relaciones personales, emocionales y filiales a pie de calle, y a un arte, el de la risa en los bares, mucho más comedido. Ha nacido una estrella (2018), su debut como director después de una carrera como sólido intérprete más allá de su atractivo físico, tenía enjundia y espectáculo porque el material de partida —del que ya se habían hecho tres versiones, todas muy buenas— siempre fue magnífico, y porque supo darle un nuevo soplo de contemporaneidad. Maestro (2023), retrato de una etapa clave en la vida del compositor y director de orquesta Leonard Bernstein, no tuvo, en general, buenas críticas, pero a este cronista le entusiasmó su talento para, en determinados momentos, abrazar únicamente con la puesta en escena y el encuadre la complejidad de una vida en las alturas que, sin embargo, se arrastra desde lo más hondo de la existencia.

Sin conexión es la búsqueda de un nuevo principio, que quizá sea el mismo de siempre porque igual no estaba tan mal lo de antes. Una película sobre las ilusiones vanas que, en sus partes de ocio nocturno, huele a alcohol y divertimento, a desesperación y a soledad, acerca de lo que fuimos, lo que aspiramos a ser, lo que somos y lo que aún podemos llegar a ser si no nos apalancamos durante otros 10 años.

Con dos magníficas interpretaciones de Will Arnett y Laura Dern, y un guion a seis manos escrito entre el propio Arnett, Cooper y Mark Chapell, Sin conexión puede llegar a cansar un tanto en los pasajes de club de la comedia si el formato no es el preferido por el espectador. Pero es apenas un detalle menor en una obra sincera y rotunda, trufada de preciosos detalles de guion (la foto enmarcada del personaje de Dern, matando por encima de la red cuando era jugadora profesional de voleibol), y una conversación inolvidable entre el marido y la amiga de siempre que interpreta Andra Day. Una secuencia que confirma que envejecer no es más que dejarse ir y perder la frescura, la gracia y el sentido del humor que, hasta un cierto momento de la vida, fue marca indeleble, porque no hacía falta buscarla. Simplemente estaba ahí.

Sin conexión

Dirección: Bradley Cooper.

Intérpretes: Will Arnett, Laura Dern, Andra Day, Ciarán Hinds, Bradley Cooper.

Género: drama. EE UU, 2025.

Duración: 124 minutos.

Estreno: 20 de febrero.

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