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Crítica de cine
Crítica

Una visión inédita y desgarradora sobre la

El surcoreano Park Chan-wook adapta en tono de comedia negra la novela sobre desempleados de larga duración ‘The Ax’, que ya llevó al cine Costa-Gavras

01:49
Tráiler de 'No hay otra opción'
Lee Byung-hun, en 'No hay otra opción', de Park Chan-wook.

El maravilloso arte del cine engendra hijos de todos los colores y sabores porque sus posibilidades creativas son inmensas y dispares. Y lo que han logrado dos directores tan opuestos como el francogriego Costa-Gavras y el surcoreano Park Chan-wook con una misma novela —The Ax (1997), de Donald E. Westlake— podría ser el paradigma de que no hay límites para la imaginación, el estilo y las profundidades de la inventiva formal y narrativa. Arcadia (2005), de Gavras, y No hay otra opción, de Park, adaptan el mismo libro de Westlake y cuentan lo mismo, pero parecen historias distintas.

Un hombre que trabaja como jefe de grupo en una empresa papelera es despedido y, aunque es relativamente joven, entra con los años en una dinámica de desesperación contemporánea: la del paro de larga duración. Solo queda una opción: ir matando a los competidores laborales con currículos semejantes. Gavras prefiere la realista sequedad del cine social y el drama psicológico tintado de comedia negra. Y Park, el artificio del melodrama criminal y la irrealidad del policiaco sangrante, también con comedia negra.

En verdad, si se examina la lista de cineastas que han adaptado a Westlake con convicción y talento, la conclusión es que pocos novelistas han logrado un grupo tan asimétrico en estilos y objetivos y tan eficaz en sus traslaciones. Así, en poco o nada se parecen Jean-Luc Godard (Made in USA), John Boorman (A quemarropa), Peter Yates (Un diamante al rojo vivo), John Flynn (La organización criminal) y Fernando Trueba (Two Much), además de los citados Costa-Gavras y Park. Es como si las novelas de Westlake, firmadas con su nombre o con el seudónimo de Richard Stark, pudieran dar pie a la seca rotundidad de Boorman o Flynn, a la sorna de Trueba, a la trascendencia de Yates o Gavras, y al barroquismo de Park.

Al final, lo que parece haber en las novelas de Westlake son personajes en el filo de la (auto)destrucción, que nunca se rinden. Ya sea para conseguir un trabajo, como el protagonista de No hay otra opción, o para cobrarlo, como el Lee Marvin de A quemarropa, un asesino a sueldo al que traicionan sus empleadores y que se pasa toda la película intentando, hasta la muerte, que le paguen los 93.000 dólares que le deben por un trabajo bien hecho. Los personajes de Westlake son profesionales en la más estricta extensión de la palabra. En una fábrica papelera, o en una organización criminal.

Tan insólita como Parásitos, en sus formas de articular temas sociales desde el cine de género, y desde la mezcla de estos, No hay otra opción se acerca al drama del paro con el bisturí que analiza la depresión personal, con la gracia cruel de la comedia negra, con la ampulosidad del melodrama y con la garra del thriller.

Eso sí, como a tantos otros directores contemporáneos, a Park se le va un tanto la coordinación de su tiempo de metraje: tanto en el total de la película, que se hace algo más larga de lo debido, como en la graduación de ciertas secuencias. Y, como también le ocurría al director coreano en su penúltima obra, el trágico y notable neonoir romántico Decision to Leave, los diversos hilos de la trama policiaca se hacen innecesariamente confusos en algún momento.

Pese a todo, las constantes filigranas artísticas del magnífico director de, entre otras, Sympathy for Mr. Vengeance, Old Boy y la estadounidense Stoker mantienen el ojo del espectador aún más despierto que su cerebro. La brillantez de la puesta en escena, el arrebato que provocan sus encendidos colores y, en fin, no dejar nunca en el arcén el lado más amargo del paro y la extrema competitividad de nuestras sociedades hacen de No hay otra opción una de las aportaciones más singulares del cine reciente a un drama que, normalmente, va únicamente asociado al cine a pie de calle y no al cine de gratificante irrealidad.

No hay otra opción

Dirección: Park Chan-wook.

Intérpretes: Lee Byung-hun, Son Ye-jin, Lee Sung-min, Yeon Hye-ram.

Género: thriller. Corea del Sur, 2025.

Duración: 139 minutos.

Estreno: 13 de febrero.

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