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Antoni Miralda: “Estados Unidos es un país magnífico que está hecho una mierda”

El artista celebra 40 años del proyecto ‘Honeymoon’ con una colección de cinco libros que mostrará las tripas de la boda utópica entre la estatua de la Libertad y la de Colón

El artista Antoni Miralda en su estudio y archivo del Poblenou de Barcelona.Massimiliano Minocri

Antoni Miralda (Terrassa, 84 años) tiene más trabajo que nunca, justo cuando celebra los 40 años de su plan más utópico, Honeymoon Project, que contará en una colección de cinco volúmenes titulada Honeymoon Updates. El viernes pasado presentó el primero, Monuments in Love / Cartas de Amor, editado por Terranova, FoodCultura y Senda con diseño de Bendita Gloria, con una fiesta en la sala Apolo de Barcelona. Y esta efeméride llegará en breve a la feria Arco de Madrid, de la mano de Carles Senda, que expondrá Eternity Ring y otras piezas de esta historia de amor mágica que culminó con la boda entre la estatua de la Libertad y la de Colón en 1992 en Las Vegas.

La obra se extendió entre 1986 y 1992 y llegó con diversos eventos a una veintena de ciudades, pero nació en el Internacional Tapas Bar de Nueva York, que en la fachada ya lucía la corona de Liberty. Fue un local underground que compartió con Montse Guillén, su compañera en muchos ámbitos, fallecida hace diez meses. Un restaurante concebido como un proyecto artístico en Tribeca por el que pasaron artistas como Andy Warhol, Basquiat, Pina Bausch, David Byrne, Grace Jones o David Lynch.

Pregunta. La ausencia de Montse debe hacerse muy presente, ¿cómo está?

Respuesta. Los espacios de vivencia son los que más se echan de menos, sobre todo cuando uno no para de trabajar, como nosotros. Pero como siempre hay energías, las cosas siguen. Tengo más trabajo que nunca.

P. Vivió años en Nueva York y Miami... ¿cómo ve lo que está pasando allí?

R. Estoy muy politizado, por supuesto. Estoy pendiente de las noticias. Me interesa y estoy trabajando en un proyecto sobre papers... Pero ahora no mezclemos cosas. He hecho muchos trabajos y muchos tienen que ver con el control, la violencia...

P. ¿Todavía mantiene un espacio en Miami?

R. El archivo que teníamos allí lo hemos dejado.

P. Está instalado aquí. ¿Es menos nómada?

R. Quizá la palabra sea real, pero no la diría. Ahora volveré a Miami a presentar un libro que hemos hecho a raíz de la acción de 2018 The Maggic Banquet, que se basaba en la historia de los cubos de caldo Maggi.

P. ¿Se podrían hacer sus performances ahora en Estados Unidos?

R. Ahora estoy fuera, no tengo el espacio. Siento que es un momento que si estuviera allí estaría tan estimulado que no pararía.

P. Tampoco aquí. El viernes hizo una celebración en la sala Apolo y el sábado otra en la Fundación Miró.

R. Sí, presentábamos el libro Cartas de amor, una recopilación de unas 300 cartas de Honeymoon. Fue un llamamiento de Montse desde el programa de televisión Un, dos, tres, recibimos 3.000. Pedíamos a la gente que enviara cartas de amor a la estatua de la Libertad para el proyecto artístico de un enamoramiento imposible entre ella y Colón.

P. ¿Cómo surgió la idea de casarlos?

R. La primera motivación fue crear un proyecto que conectara el lugar del que yo venía con la ciudad donde vivía. Siempre me han interesado los monumentos. Hice una serie sobre estos vestigios, Cenotafios, que están en el Museo Reina Sofía. La idea era humanizarlos. Ambas estatuas se encuentran en el mismo paralelo y, además, se están señalando. Para mí tenía una lógica. La libertad y la conquista.

P. ¿Es su proyecto más largo?

R. Sí, son seis años. Y dos o tres antes ya lo empecé. Y como puedes ver, no ha terminado... Ahora presentamos Honeymoon Updates, una revisión. Es una manera de mostrar cómo se hizo, en qué momento histórico y cómo son las tripas de esa boda.

P. ¿Hizo de wedding planner?

R. Sí, como wedding planner de la época preveía muchas cosas. Había muchos proyectos, algunos no se realizaron.

P. ¿Cuáles fueron los más representativos?

R. Muchos, pero por ejemplo el ajuar. Básicamente las medias y el viso, que se expusieron en la Fundación Miró con las cartas de amor. Para conectarlo con mi ciudad de origen se hicieron en Terrassa, con costureras de allí. Todos los proyectos se abrían a la participación.

P. ¿Qué ceremonias le hacen más feliz?

R. Ver una mesa grande compartida. La comida conecta y estimula el diálogo. Esto no es fácil, ni por los ritmos que llevamos ni por los espacios ni los intereses, excepto cuando detrás hay business, y no me interesa. Por eso siempre he intentado crear situaciones de banquete, como un elemento ritual y de intercambio.

P. ¿Ha quedado alguno pendiente?

R. Hay uno que no se hizo, y me sabe mal. Teníamos que celebrar un banquete encima de las alas de un avión de Iberia. Ya estaba involucrada la compañía. Tenía que hacerse en el aeropuerto, las alas se transformaban y se representaba el intercambio de la comida del nuevo mundo y del viejo mundo. Era un proyecto muy avanzado y por cambios de la empresa... Estos proyectos tienen una envergadura que no siempre salen. Para mí, los que no se han hecho, y que llamo unprojects, también forman parte de la realidad. Todo esto saldrá en el segundo libro. Es un proyecto tan largo y con tantas capas que hemos decidido contarlo en cinco volúmenes. Honeymoon no puede resumirse como “un artista que casa monumentos”, hay una intención de humanizar a dos iconos. El segundo estará dedicado a los monumentos, con la ceremonia de compromiso que se celebró en Nueva York con el alcalde Ed Koch. El tercero a los regalos, como el ajuar o el anillo de compromiso, que se hizo con joyeros de Birmingham.

P. El mundo parece muy distinto ahora.

R. Es un momento muy interesante para hablar de este proyecto. Quizá tenga un aspecto incluso naif, pero puede estimular el diálogo, hablar de lo que ha pasado. Cómo es que se ha llegado a esta degeneración de un país tan demócrata, interesante y generoso. No he visto país más generoso que Estados Unidos.

P. ¿En qué sentido?

R. En todos. La estructura, la gente, la mezcla tan integrada de los distintos orígenes. Ese mensaje de culturas y esa amplitud que ha permitido que cada uno haya encontrado su sitio. Es un país magnífico que está hecho una mierda. Se ha creado esta guerra civil, que no es una guerra, pero sí una situación política y una división tremenda. Por suerte, hay muchos colectivos que dicen basta. Pero, por supuesto, la situación es tan violenta que es muy complicado y se está extendiendo. Porque esto es precisamente la derecha, el racismo, y el racismo se está integrando y está entrando en gran parte de la juventud de este mundo.

P. En todo este conflicto también hay una parte de negocio, y decía que no le interesa en absoluto.

R. Sí, no me interesa el negocio dentro del arte, quería decir. Pero el negocio está creando filtros, barreras, eliminando la posibilidad de trabajar en el espacio público y de intercambio. Es una sola idea, una forma de verlo, el fascismo puro y duro. Creo que va a costar que la libertad vuelva. Costará, son generaciones. Por eso es importante que no quede como un conflicto, es una situación global, que se está extendiendo y lo estamos viviendo aquí y en todas partes.

P. ¿Le asusta el momento?

R. Sí, es un momento de miedo. Tengo miedo de volver. Tiene miedo mi amigo antropólogo que está en Chicago, tiene miedo la persona que me estaba ayudando... Se ha creado una inestabilidad a causa de este sistema de violencia.

P. ¿Tiene aún muchas relaciones con gente de allí?

R. Incluso proyectos de los que no se ha seguido hablando. Por lo de no saber qué va a pasar y la presencia diaria de acciones violentas, que es tremenda. Era imposible pensar que esto pudiera ocurrir y de la forma que está pasando. Cualquier día se construirá un arco de triunfo mayor que cualquier otro en medio de Washington. Que se transforme o destruya una institución como la Casa Blanca... Son momentos exaltantes, es increíble, qué interesante y qué dramático a la vez. Se mezclan los conceptos.

P. En el primer mandato de Trump, ¿se podía imaginar esta deriva?

R. No. Casi nadie podía imaginarlo. Ha creado esta plataforma, tan bien atada, puso a los jueces, lo preparó todo muy bien. Pero yo soy artista, no puedo decir mucho más. Desde el principio, mi trabajo tiene una actitud política y crítica.

P. ¿Cree que la gente lo entiende?

R. Seguramente es una suerte que no se acabe de entender, porque así puede despertar más interés. Es complicado. Pero estamos acostumbrados a lecturas muy directas. Cuando empecé con los soldados los hice de blanco, les saqué simbolismo patriótico. Me ha interesado siempre crear un diálogo.

P. Vista en perspectiva, su obra tiene mucha coherencia y sentido. ¿Lo siente así?

R. Sí. Respeto mucho lo que se dice sobre mi trabajo, pero es una lástima que ciertas cosas no se hayan explicado o enseñado suficientemente para que se pueda entender esa conexión. Al final todo se conecta. Siempre hay una apariencia visual, que me ha interesado mucho. Desde el principio hay unos métodos que se van conectando, mezclados con obsesiones que van apareciendo y las voy reencontrando, y en ocasiones no se han explicado o apreciado.

P. ¿Quizás en su caso tiene más sentido que nunca una retrospectiva?

R. Sí, pero a la vez es peligrosa porque las retrospectivas son siempre a través de un abanico, y también deberían incluir las tripas. Esto cuesta explicarlo. No se enseñan los procesos, tan íntimos y humanos, que muchos no entienden. Creen que son trabajos hechos por teléfono, pero no es eso. Son pruebas y pruebas hasta encontrar el color.

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