De Elche a Sicilia: carrera internacional para salvar de la extinción al pato de mirada triste
La cerceta pardilla, la anátida más amenazada de Europa, se desplomó un 90% en España. Ahora repunta por la cría en cautividad y se exportan ejemplares a Italia y Portugal


Por el suelo del paraje natural del Hondo (Elche), en el humedal La Raja, de 141 hectáreas, asoman todavía cartuchos de cuando se abatía a las aves. La caza se prohibió hace apenas dos años, tras la compra del terreno por el Ministerio para la Transición Ecológica y por dos organizaciones conservacionistas: SEO/BirdLife y Anse. Sin escopetas apuntando, varias parejas de cerceta pardilla (Marmaronetta angustirostris), la anátida más amenazada de Europa ―conocida como el pato triste por la mirada que le confiere el antifaz oscuro que rodea sus ojos―, nadaban este martes en las lagunas regeneradas de la Raja. A pocos metros, flamencos, moritos, malvasías o fochas también disfrutan de la paz lograda.
La especie, abundante en los humedales costeros mediterráneos hasta mediados del XX, perdió el 90% de su población en España ―el 50% a nivel mundial― víctima del deterioro de su hábitat, además de la caza, que en su caso se prohibió hace décadas debido a su mala situación. El problema es que, mientras siga permitido disparar a otras especies, las protegidas pueden seguir cayendo de forma accidental o por furtivismo.
Con estas cifras se puso en marcha en 2021 el programa europeo Life, que concluye este año y en el que se han invertido 6,37 millones de euros. No se ha logrado sacar al ánade aún de su situación crítica, pero los resultados son esperanzadores. Se ha pasado de 74 parejas reproductoras a 172 censadas en 2025, gracias a la suelta de 3.700 ejemplares reproducidos en cautividad. El proyecto también ha permitido enviar ejemplares a Italia y Portugal para reforzar poblaciones en Sicilia y en el estuario del Tajo. En España, las principales áreas de cría son las marismas del Guadalquivir y los humedales del sur de Alicante, aunque también hay ejemplares de la especie en Castilla-La Mancha, Murcia, Baleares y Canarias.
“El quid para criar aves acuáticas en cautividad es sacar adelante a los ejemplares reproductores a mano para que estén tranquilos, porque luego serán quienes críen a los pollos que soltamos y es mejor que no tengan estrés”, explica Covadonga Viedma, vicepresidenta de la Consejería de Medio Ambiente de la Generalitat valenciana, delante de una de las jaulas de aclimatación del humedal de La Raja. Cuando salen al medio natural, todo se vuelve más difícil y escapar de la muerte es complicado, ya que es una especie de la que se alimentan otros animales. Cada puesta puede alcanzar los 12 pollos, pero pocos logran sobrevivir, incluso entre los nacidos en libertad.
“De los que soltamos puede llegar a morir hasta el 70%”, responde Viedma. Pero los supervivientes, los que alcanzan la etapa juvenil, son muy valiosos, porque han conseguido superar momentos críticos y atesoran un aprendizaje muy valioso. La Estación Biológica de Doñana (CSIC) llevó a cabo un estudio genético de las poblaciones cautivas y silvestres que ha servido para orientar el programa para la cría en cautividad y acciones de gestión del hábitat.

El manejo del humedal es imprescindible para lograr que la especie salga adelante. Cuando se compraron las fincas, estaban muy abandonadas. “Metían agua por los azarbes [acequias] en la temporada de caza y poco más, casi ni se podía entrar, con todo cubierto de carrizo viejo y casi sin lámina de agua”, explica Ángel Sallent, miembro del proyecto en uno de los observatorios del humedal.
Fueron eliminando la vegetación sobrante y, al mismo tiempo, emprendieron la restauración de las antiguas compuertas que estaban desaparecidas. Esto les permite en la actualidad bombear agua en la época de reproducción de la cerceta, en primavera, y mover el agua para evitar la eutrofización del agua y que esta se quede sin oxígeno. La mejora es tal que “a principios de 2024 nos costaba unas siete horas inundar estas lagunas y ahora lo hacemos en un día”, explican. Pedro García, director de Anse, recuerda que uno de los problemas de gestión de este humedal es que el agua que llega ya ha pasado por la cuenca del Segura, ha regado cultivos y lleva una carga importante de nitratos (fertilizantes).
Una inmensa albufera en el XVIII
El humedal, ahora artificial, era en el siglo XVIII una inmensa albufera hasta que el cardenal Luis Belluga decidió desecarla. Comenzó a construir azarbes, y lo consiguió, con una excepción: el Hondo, que invierno tras invierno se volvía a inundar. Más adelante, se convirtió en coto de caza. “Hay fotos con más de 200 patos cazados en un día”, relata Marcos Fernández de la Generalitat valenciana, a pie de laguna.
El escenario ha cambiado: la conservación prima, se mide con láser la altura del agua, cada cinco minutos se envían datos de niveles de pH, nitratos, oxígeno disuelto... “Todo está supermonitorizado, para que no haya ningún problema”, concreta Fernández. Pero, para no olvidar lo que fue, entre las cañas del carrizo, se observan todavía algunos puestos de caza.
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