A Marco Mezquida le sería suficiente.
El músico y creador introduce su reciente trabajo: ‘Tàctil’, una investigación sobre las propiedades físicas del arte sonoro.

El pianista y compositor Marco Mezquida (Menorca, 1987) presenta nuevo disco: Tàctil, una exploración de las cualidades tangibles de la música. Le acompañan el violonchelista Martín Meléndez y el percusionista Aleix Tobias.
Defina Tàctil en pocas palabras. Es nuestra joie de vivre, alegría y pasión en la música. Nuestra conexión personal y colectiva en la manera de escuchar, sentir y expresarnos a través del tacto, percutiendo, rasgando, acariciando membranas, cuerdas, teclas… y almas. Y mi tributo y respeto al pueblo palestino por toda la injusticia y sufrimiento vividos.
¿De qué maneras puede ser táctil la música? El sonido parece etéreo, intangible, pero no: la energía sonora puede ser impactante, penetrante, transformadora, tangible. La música es una experiencia física y metafísica. La música no ocupa espacio, pero nos habita.
¿Quiénes son sus tres compositores de referencia? No lo sé, los sigo buscando. Me gustan tantos creadores de tantos momentos de la historia, que sería insuficiente decir Gesualdo, Ravel, McCartney, Jarrett o Leo Masliah. Cada uno es un mundo. Pero mis ídolos siguen siendo los Beatles y Jarrett porque fueron cruciales para querer ser músico.
¿Y a qué intérprete le habría gustado escuchar en vivo? Tantísimos, ya fuese Chopin, Bill Evans, Miles Davis, Maria Callas o Zappa…
¿Con quién le habría gustado tocar? A dúo con Freddie Mercury.
¿Cuándo supo que se dedicaría a la música? Cuando sentí que pasaba más tiempo tocando, improvisando y evadiéndome con la música más que en cualquier otra situación o disciplina. Y más, cuando me animaron a mi alrededor, y más cuando empecé a ganar algo de dinero con ello.
¿Qué canción ajena le habría gustado componer? Vaya... Qué complicado. Alguna pequeña maravilla melódica con hermosura y simplicidad de Paul McCartney como I Will, digamos, o alguna pieza de Mahler al estilo del Kindertotenlieder. Ese talento para componer melodías bellas, tarareables y simples. Es lo que más aprecio en la música.
¿Cuál usaría como autorretrato? Love Me Tender cantada por Elvis Presley o la Número 4 del Kindertotenlieder de Mahler, cantada por Janet Baker. Con eso me puedo morir ayer.
¿El último disco que le encantó? Alice, de Tom Waits, o Panical, de Alba Careta.
¿La canción que suena en bucle en su cabeza? La cosquillita, de Juan Luis Guerra, o alguna de mis últimas canciones, mientras las estoy componiendo. Es un proceso bonito el de componer, pero un poco obsesivo hasta que uno acaba la pieza o canción o idea.
¿Cuál es la película que ha visto más veces? Cadena perpetua, Down by Law y La última noche de Boris Grushenko.
¿Qué tradición habría que abolir? Celebrar la Navidad cada año. Con una vez cada cuatro años sería más que suficiente.
¿Su serie favorita? No veo series, tengo una lista de series interminable de recomendaciones de todo el mundo que ve series y me anima encarecidamente a verlas. Quizá algún día. Pero ahora tengo otras cosas mejores que hacer. Vi Cuéntame como pasó, me encanta, y Black Mirror, alguna más de pocos capítulos, y ya.
¿Qué libro tiene ahora mismo en su mesilla de noche? Como agua para chocolate y El juego interior del tenis.
¿La última obra teatral que ha visto? El mestre i Margarita, en el Teatre Lliure, y la ópera maravillosa de Raquel García-Tomás, Alexina-B.
¿En qué museo se quedaría a vivir? Entre semana en el Louvre o en el Museo Vaticano, y los fines de semana en la Galería Borghese.
¿Cuál es su personaje histórico favorito? Shackelton, el explorador, Leonardo da Vinci y Hildegard von Bingen.
¿Qué trabajo no aceptaría jamás? Suelo reivindicar y respetar todos los oficios y trabajos. Todos son necesarios. Si me das a elegir, evitaría los trabajos en los que tuviese que estar delante de una pantalla más de cuatro horas al día, evitaría cualquier trabajo que tuviese que hacer con hilo musical de música basura, o cualquier trabajo que se sustentase con la violencia, el maltrato, la falta de respeto o de dignidad.
¿Qué está socialmente sobrevalorado? El lujo material, Bad Bunny, y el maquillaje.
De no dedicarse a la música, le habría gustado ser… Jugador de ping pong, jardinero o cuidar a gente mayor.
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