Ir al contenido
_
_
_
_
En colaboración conCAF

Las ferias campesinas que alimentan Lima desde la biodiversidad

Desde hace más de una década, las Agroferias Campesinas permiten a productores ofrecer una variedad de tubérculos, semillas y verduras sin intermediarios

Productores de Huarochirí, Lima, en las Agroferias Campesinas, el 25 de enero.CESAR CAMPOS

Papallones ofrece en abierto la sección América Futura por su aporte informativo diario y global sobre desarrollo sostenible. Si quieres apoyar nuestro periodismo, suscríbete aquí.

Cada domingo, antes de que Lima despierte, Hernán Hancco habla de papas. Son nativas, de colores, irregulares, traídas desde Pampacorral, en Cusco, donde su familia cultiva cerca de 480 variedades a más de 4.000 metros de altura. En su puesto en las Agroferias Campesinas acomoda unas 20 variedades. “El resto aún no se conoce. Y si no se conoce, se pierde”.

A su alrededor, otros agricultores instalan ajíes, chirimoyas, granos andinos y hierbas recién cortadas de distintos paisajes del país. El ritmo no es el de otros mercados. La gente se detiene, pregunta, escucha a quienes cosechan sus alimentos. Esa escena sucede en un tramo cerrado de la avenida Brasil, en Magdalena del Mar, una de las arterias de la capital. Durante unas horas, el tránsito cede paso a otra forma de producir y alimentar la ciudad.

Perú conserva más de 4.000 variedades de papas y miles de otras plantas nativas. Pero esa diversidad casi no llega a Lima, capital gastronómica de Latinoamérica. Tanto en mercados como supermercados, la oferta se reduce a unas pocas variedades estandarizadas y a gran escala.

Las Agroferias Campesinas surgieron hace 12 años para abrir paso a esa biodiversidad. Desde entonces, son los propios agricultores quienes las organizan y venden directamente lo que producen en sus tierras. Cada fin de semana, más de 80 de ellos llegan a distintos puntos de Lima y unas 5.000 personas recorren los puestos en busca de alimentos que el mercado suele dejar fuera.

El origen

Antes de las ferias, la familia de Hernán Hancco vendía sus papas nativas a intermediarios que pagaban 2,50 soles (0,75 dólares) por 12 kilos. “Era regalar nuestro trabajo”, recuerda. El agricultor es hijo de Julio Hancco, conocido como “el señor de las papas”, el mayor conservacionista de semillas nativas. “Mi papá las ha cuidado como si fueran sus hijos”, cuenta.

Pero conservar no basta si no hay mercado para esa diversidad. Ponerle un precio justo a ese trabajo sigue siendo uno de los mayores desafíos para las familias agricultoras, responsables del 70% de los alimentos que se consumen en el país.

Ese fue el punto de partida de las ferias. La idea se gestó hace más de una década en el Gran Mercado de Mistura, la fiesta gastronómica que organizaba la Asociación Peruana de Gastronomía (Apega). Allí, durante algunos días, los agricultores podían vender directamente lo que producían.

“Queríamos que accedieran al consumidor sin intermediarios para que esa diversidad que producen tuviera salida”, plantea Carlos Lazo, ingeniero forestal y gerente general de las Agroferias Campesinas. “Son agricultores agroecológicos que hacen las cosas de otra manera”.

Para Hancco, estos espacios han significado algo más que vender a precios justos. Le permitieron decidir qué hacer con su producción. Además de ofrecer papas nativas en fresco, transforma variedades como qéqarani, wenqás, sangre de toro y puca ambrosio en chips. “Es una vitrina para los campesinos”, dice. “Pero cada año hay que seguir innovando”.

Un sistema desde la confianza

El inicio de las Agroferias Campesinas no fue sencillo. En 2013, con apoyo de Apega y financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las primeras se instalaron en Magdalena del Mar, pero los clientes no llegaban y muchos agricultores comenzaron a retirarse.

Elsa García fue una de las que se quedó. En sus tierras en Huarochirí, la sierra de Lima, cultiva más de 40 variedades de palta, además de chirimoya, nopal, agave y frutas silvestres. También conserva semillas nativas. No usa pesticidas ni agroquímicos. “La agricultura que hacemos es natural, como la de nuestros antepasados”, dice. “La naturaleza no produce como máquina”.

Al comienzo, recuerda, no sabían cómo vender. “Nos mirábamos entre nosotros y decíamos: ¿qué hacemos acá?”. Pronto entendieron que la feria exigía algo más que producir. Aprendieron a mirar al cliente, a explicar qué cultivaban, cómo lo hacían y por qué importaba. Se capacitaron en marketing, buenas prácticas agrícolas y educación financiera.

Para Lazo, esa relación de confianza marca la diferencia en un sistema que suele depender de certificaciones orgánicas, inaccesibles para los pequeños productores por su alto costo. La idea, explica, siempre fue que comer bien no fuera un privilegio.

Las Agroferias Campesinas, por tanto, “son una expresión concreta de nuestro derecho a una alimentación adecuada a través de circuitos más justos”, señala Ana Lucía Núñez, oficial de proyectos de Oxfam en Perú y especialista en sistemas alimentarios. Estas iniciativas, añade, disputan el sentido del mercado al proponer “otra lógica basada en la confianza y el vínculo directo entre quien produce y quien consume en un sistema que aún tiene limitaciones para la plena inclusión de la agricultura familiar”.

Esa confianza también se puso a prueba. En 2022, la continuidad de las ferias quedó en suspenso cuando la autorización municipal no se renovó. La presión, entonces, vino de los propios consumidores, que firmaron una petición para exigir su permanencia.

“Acá no compras a ciegas”, comenta una clienta que recorre los puestos cada domingo. “Sabes quién produce, cómo se cultiva sin químicos y por qué vale la pena que existan más ferias como estas en la ciudad”. De hecho, si un producto sale contaminado, ese agricultor es separado de la feria.

En manos campesinas

En 2017, las Agroferias también estuvieron a punto de desaparecer. El proyecto que les dio origen terminó y, sin respaldo institucional, quedaron en manos de los propios agricultores. “O seguíamos solos o se acababa todo”, recuerda Lazo. “No teníamos un sol en el banco. Empezamos desde cero”.

Tuvieron que aprender a hacerlo todo: gestionar permisos, organizar turnos y fijar reglas comunes. De ese proceso nació la Coalición por la Agricultura Familiar y los Sistemas Alimentarios del Perú (Coalición Campesina), que hoy administra las ferias.

Con el tiempo, ampliaron su propósito hacia la educación en agricultura familiar, biodiversidad y seguridad alimentaria. “Hace 10 años la gente no entendía qué era biodiversidad”, dice Hancco. “Ahora los clientes la buscan”.

Según cifras de la coalición, han impulsado más de 900 ferias y beneficiado a más de 1.300 familias productoras, con presencia semanal en Magdalena del Mar y San Borja, así como una agrotienda permanente. También integran la World Farmers Markets Coalition, movimiento que articula mercados de agricultores en más de 80 países.

“Ahora la feria es sostenible”, dice Elsa García, quien, por años, bajó su cosecha a hombro y en burro desde su chacra para traerla a la ciudad y ahora tiene su propio transporte. “Para nosotros es emocionante venir, vender y regresar”.

Una nueva generación

Darwin Hinojosa creció entre puestos de feria. Desde niño, acompañó a su madre, Elsa García, cada domingo. A sus 19 años forma parte de otra etapa del proceso. “Antes solo vendíamos frutas. Ahora también la transformamos en helados, bebidas y otros derivados”, explica.

Es una forma de imaginar un futuro en el campo, ante la incertidumbre del clima, la presión del mercado y la necesidad de migrar. “En muchos pueblos ya no hay jóvenes. Solo quedan ancianos”, advierte su madre. “Si no hay mercado, nadie se queda a trabajar la tierra”. “Y si eso pasa, ¿qué vamos a comer después?”.

Las Agroferias Campesinas se han convertido así en uno de los pocos espacios donde ese futuro es posible. Al final de la mañana, los puestos se desmontan y la avenida Brasil vuelve a abrirse al tránsito. La mayoría de los agricultores ha vendido toda su producción. El desafío no es vender, es no desaparecer. “Nuestro sueño es tener un mercado propio, permanente, sin depender de los cambios políticos”, insiste García. Un espacio que no haya que armar y desarmar cada fin de semana. Ni solo en Lima.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a Papallones desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en Papallones.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones Papallones
Recomendaciones Papallones
_
_