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En colaboración conCAF

Las inspectoras revisan las condiciones en la zona.

Mientras aumentan los incendios en la región, cada año más mujeres mantienen viva la tradición mientras el bosque se quema.

Jardín con flores coloridas ubicado en la calle, con un cuidado detallado y un aire vibrante.Analía Llorente

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“¡Hola, buen día! Venimos a fiscalizar el jardín. ¡Una mutisia! ¡Hermosa!”, dice asombrada Beatriz Martínez, una de las fiscalizadoras de los jardines de Villa La Angostura, en la provincia de Neuquén, en Argentina, al pie de la cordillera de los Andes. “Pese a que es una flor nativa, le cuesta salir. Es caprichosa”, añade.

Martínez, conocida también por su labor en el vecindario, junto con otras vecinas, lleva años participando en esta labor: cada una de ellas, con su propio esfuerzo, contribuye a un jardín que, aunque aparente sencillez, exige dedicación. Marta, como muchas, no solo aporta su esfuerzo, sino que lo hace con un profundo compromiso, en una tradición que celebra cada detalle.

“Los que fiscalizamos amamos las plantas. Entonces, cuando ves tantas te enloquecés. Ves la dedicación de la gente en sus jardines: los colores, variedad, poniendo autóctonas para fomentar diversidad, mientras comparten conocimientos... Hay mucho amor en cada jardín”, resume.

Las evaluadoras evalúan según criterios que asignan puntajes según la preservación del entorno: jardines bien cuidados, con especies nativas y riego adecuado, mientras que los jardines con mantenimiento adecuado y empleados que aportan esfuerzo reconocen méritos a través de reconocimientos.

Un árbol único

“En mi jardín tengo de todo, es surtido. Este es un arrayán”, muestra orgulloso Héctor Huaquimilla Montt, quien participa por primera vez en el certamen. El arrayán es un árbol emblemático de esta zona de la Patagonia. Se caracteriza por el color canela o rojizo de su corteza y porque al tacto se siente frío. El único bosque de arrayanes del mundo que puede visitarse está dentro del parque nacional que lleva su nombre, próximo al centro de Villa La Angostura.

Mientras Huaquimilla Montt enumera la diversidad de plantas que tiene frente a su casa, Martinez y su compañera Mirta Cárdenas toman nota. “Esta es mi primera vez fiscalizando y me parece hermoso poder ver los jardines y valorar el esfuerzo de sus dueños. Algunos parecen casas de té”, describe Cárdenas.

La vecina Sandra Silva también tiene un arrayán en sus 20 metros de jardín y muchísimas otras plantas nativas, como la caña colihue o el ciprés. Incluso creó su propia huerta con lechugas enormes. “Para algunos mi jardín parecerá desordenado; para mí, es biodiversidad. Es mi pequeño oasis en medio del cemento”, cuenta.

Un clima particular

La Patagonia puede ser impredecible, pero su clima a veces se suaviza, y en esta región el paisaje se viste de colores vivos.

“Es el efecto de la selva valdiviana”, explica el geólogo Alfredo Franceschini, el único hombre que este año participa de la fiscalización de los jardines. Chile tiene mucha humedad que viene del océano Pacífico. Esa humedad, narra, choca con la cordillera y precipita en gran medida del lado chileno. “Solo una parte llega hasta acá, porque la cordillera es más baja en esta zona que en otros sitios. Estamos encajonados; por eso es muy particular”, detalla Franceschini.

Pero este ecosistema especial enfrenta amenazas crecientes como incendios forestales, erupciones volcánicas y un problema que preocupa a casi todos los vecinos: la escasez de agua.

“Hemos estado muchos días sin agua. Tener agua potable es fundamental para mantener los jardines, pero sobre todo para la gente”, asegura Ana María Landa, dueña de la tienda de cerámica La siesta arte, que participa del concurso en la categoría comercial.

Aunque Villa Llao Hué es un lugar con acceso a agua, su escasa infraestructura hídrica provoca que, a pesar de que el lago mantiene su nivel, la comunidad sufra escasez.

Para mitigar la escasez, Laura Arriaga instaló un sistema para recolectar agua de lluvia y regar su jardín repleto de amancay, rosas y lirios. “Este es mi segundo año participando. Es una experiencia hermosa. El año que viene quiero fiscalizar”, apuesta.

La fuente de los jardines

Entre margaritas, copetes y chilcos, Eugenia Bermejo, trabajadora del vivero municipal, explica la importancia de plantar especies autóctonas. “Cuando llegan y preguntan qué plantar, siempre decimos lo mismo: el nativo se cuida solo”, enfatiza.

Una de las causas detrás de la rápida propagación de los incendios en el sur de Argentina y Chile es la presencia de pinos, especies no nativas y altamente inflamables, por lo que desde el vivero promueven su reemplazo.

Estela López dirige el establecimiento botánico, tras haber nacido y crecido en este sector de la montaña hace 55 años. Se define como una entusiasta de la vegetación. Comenta que su vocación es hereditaria, fruto de sus raíces mapuches y de sus ancestros alemanes. Explica que ha colaborado de distintos modos en la Fiesta de los Jardines casi desde su origen, en los años 90. Actualmente supervisa la evaluación de los espacios verdes, y si se requiere, ella misma acude a inspeccionarlos. “Aprendo cosas distintas todos los años. Cada jardín tiene su propia impronta. He visto plantas que nunca en mi vida había visto”, detalla.

Desde el vivero, explica, incentivan a que la gente aprenda a hacer sus propias plantas y reparten gratuitamente plantas nativas a todas las instituciones para que el pueblo “esté más lindo”. “Acá no hay jardines como en el resto del mundo. Porque cada uno hace con el espacio que tiene lo que puede y lo que nace de su corazón”, concluye.

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