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Elecciones en Colombia
Opinión

El Tigre, La Paloma, el sapo y el Jaguar: el momento ‘therian’ de la política colombiana

Paloma tiene acorralado al Tigre, el sapo de Oviedo ha puesto en aprietos a Paloma y a ella la tiene entre ojos el halcón de Álvaro Uribe, su jefe. Y todos ellos tienen en común que quieren derrotar al jaguar, que es Gustavo Petro

Simpatizante de Aberlardo de la Espriella en un evento de campaña, en Bogotá, en noviembre de 2025.Diego Cuevas

Uno de los grandes afectados con el triunfo de Paloma Valencia, la candidata del Centro Democrático que ganó las consultas de la centroderecha el pasado 8 de marzo, ha sido Abelardo de la Espriella. Él es el acaudalado candidato de ultraderecha que va de segundo en las encuestas y que quiere llegar a la Presidencia teniendo el palmarés de haber sido el abogado defensor de lo más granado de la mafia colombiana.

Él se tiene confianza y ha hecho una campaña muy therian. De la Espriella, se identifica con el tigre, ese depredador que vive en las selvas de Asia y apela a su ferocidad y al temor que infunde para presentarse como el candidato que va a salvar a Colombia de las fauces de la izquierda.

El Tigre no participó en la pasada consulta del 8 de marzo porque hasta a la derecha uribista —que es bastante recalcitrante— le parecía tóxico. Su programa de gobierno es digno de un tigre de Bengala: prometió que, si llegaba al poder, destriparía a la izquierda y, como buen felino, dejó muy en claro que a su reino solo entraría su manada. Al Tigre no le importó que sus pares de derecha lo consideraran tóxico porque estaba disparado en las encuestas y decidió anunciar que se iba solo a la primera vuelta presidencial prevista para el 31 de mayo de este año.

El Tigre estaba más que confiado: asumió que las consultas del centroderecha no iban a mover las fichas y que le bastaba con haberse posicionado como el único posible contendor para frenar a Iván Cepeda, el candidato de Gustavo Petro que va primero en las encuestas. Abelardo de la Espriella se sentía imbatible y su rugido se sentía en todos los clubes privados, en varias iglesias cristianas y en su tribu de seguidores jóvenes, siempre bellos, conocidos como “Los defensores de la patria”.

Sin embargo, con los más de tres millones de votos que obtuvo la candidata del Centro Democrático, todo ese andamiaje se le puede estar derrumbando. Aunque De la Espriella ha salido a decir que él no perdió nada porque no compitió en la consulta, la verdad es que la candidata del Centro Democrático acaba de entrar a disputarle un territorio que él creía que ya era suyo. Hoy la voz cantante en la derecha ya no es solo la suya porque una intrusa que no esperaba se le entró a su rancho. Es decir, el tigre feroz quedó acorralado por una Paloma… Valencia.

Si Abelardo de la Espriella quiere darle la pelea en primera vuelta a Paloma Valencia y quedar como el jefe de la manada de la derecha, va a tener que poner más de los tres millones de votos que puso la candidata en la consulta. Para lograr esa hazaña tendrá que salir de caza y apoderarse de ese porcentaje de votantes de derecha que no fueron a las urnas en esta consulta y que podrían votar por él en la primera vuelta. Si no logra ese case, va a tener que cargarle la maleta a Paloma, un acto indigno para cualquier Tigre que se tome en serio su ferocidad.

De la Espriella es capaz de todo por conseguir su presa porque no tiene mayores convicciones. El Tigre comparte la filosofía de Groucho Marx, que el cómico definió en esta famosa frase: “Estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros”. A Abelardo lo conocimos de ateo. Ahora es un católico devoto. Antes era partidario de que las parejas gays pudieran ser padres. Hoy es el defensor de la familia tradicional. Ayer era un soldado del uribismo y ahora insiste en que no tiene jefe.

Su última jugada muestra su apego por esa clase de marxismo: acaba de anunciar como su fórmula vicepresidencial a José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda de Iván Duque, un aplomado economista que no viene de la caverna, pero que representa a la ortodoxia que ha desafiado Petro con su agenda social y reformista. En sus primeras declaraciones, Restrepo ha hablado de la necesidad de construir puentes con otros sectores, un lenguaje que dista mucho del que impuso el tigre cuando propuso destripar a la izquierda. ¿Le creerá el país a este tigre que se viste hoy de oveja?

Paloma Valencia también tiene su historia therian. Ella es una aguda y disciplinada senadora del Centro Democrático que salió ungida por el expresidente Álvaro Uribe, tras el repudiable asesinato de Miguel Uribe Turbay, el pupilo que el expresidente tenía de candidato para estas elecciones. Paloma no es una outsider en política, como sí lo es el Tigre. Es bisnieta del expresidente conservador Guillermo León Valencia y la política le corre por las venas. Ha estado en el Congreso durante tres periodos consecutivos y, aunque siempre ha hecho política bajo la tutela del expresidente Uribe, en ocasiones ha votado proyectos de ley presentados por el Gobierno de Petro porque los considera sensatos. La elección de Paloma como candidata del Centro Democrático dio a entender que Uribe había comprendido que, después de cuatro años del Gobierno de izquierda de Petro, este país era otro y que, si quería volver al poder, debía tener un candidato que no tuviera como programa destripar a la izquierda.

Eso no quiere decir que la ganadora de la consulta de la centroderecha sea una mansa paloma, ni más faltaba. No ha prometido destripar a la izquierda, pero sí se opone a la reforma pensional, que es uno de los grandes avances en materia de equidad social y de inclusión hechos por Gustavo Petro. También ha dicho que si llega al poder va a desconocer el acuerdo de paz y acabar con la JEP, el tribunal de justicia transicional que se creó a partir de los acuerdos de La Habana para investigar y sancionar a los exjefes guerrilleros y a los miembros de la fuerza pública que cometieron delitos de lesa humanidad en los 60 años que duró la guerra contra las FARC.

Si Paloma quiere los votos de la izquierda, va a tener que sentarse a negociar con Juan Daniel Oviedo, quien en esta selva therian de la política se ha definido como “el sapo de la consulta del centro derecha”. Oviedo obtuvo la segunda votación y se convirtió en un fenómeno político porque se coló en esa consulta siendo de centro, con un discurso muy diferente al del Paloma. Oviedo insiste en que no se pueden echar para atrás las conquistas sociales del Gobierno de Petro ni se puede desconocer el acuerdo de paz, que la derecha rechaza. Su lema de “se pueden hacer mejor las cosas” lo ha convertido en una figura que ha ganado adeptos no solo en el centro, sino hasta en la izquierda. El sapo Oviedo le ha dicho a Paloma que solo aceptaría la Vicepresidencia si se desteta de su jefe y si cambia su posición frente al acuerdo de paz y frente a los logros sociales del Gobierno. Demasiadas peticiones de un sapo para una paloma, que de mansa no tiene ni una pluma.

Este momento therian podría precisarse así: Paloma tiene acorralado al Tigre, el sapo de Oviedo ha puesto en aprietos a Paloma y a ella la tiene entre ojos el halcón de Álvaro Uribe, su jefe. Y todos ellos tienen en común que quieren derrotar al jaguar, que es Gustavo Petro. Nadie se salva de su depredador en esta jungla.

Petro, que está en el otro lado del espectro político, ha dicho que se identifica con el jaguar, otro felino que vive en las selvas de Colombia y que habita los pantanos que rodean al Amazonas. El jaguar es el custodio del territorio y el que se despierta con furia ante la menor amenaza. Su candidato, Iván Cepeda, que no participó en la consulta porque el Consejo Nacional Electoral se lo impidió, va primero en las encuestas y acaba de nombrar de fórmula vicepresidencial a una líder indígena, Aida Quilcué. Es decir, mientras el Tigre se viste de oveja y Paloma busca un vicepresidente que le guste a Uribe, el Jaguar y su candidato —todavía no le he encontrado un animal que lo represente— van a posicionarse aún más en su territorio.

Dicen que el principal enemigo de un felino, sea tigre o jaguar, es él mismo. Cerca del 25% de las muertes de tigres en la India se producen por enfrentamientos entre ellos mismos. Ojalá no terminen todos destripándose por andar de therians.

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