Una organización negra y barrial para buscar a mujeres desaparecidas en Cartagena
El colectivo MOV lleva más de siete años denunciando las violencias del Estado y la segregación social y racial que viven las comunidades de las periferias

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Habitar Cartagena siendo una persona negra es sufrir la segregación racial, que estalla cuando no te dejan entrar a bailar a un lugar del centro histórico, cuando las turistas blancas te miran con sospecha o te hacen el guiño del turismo sexual. Las murallas que bordean el centro recuerdan que estas fueron levantadas por los hijos de los esclavizados africanos y que, a pesar del paso de los siglos, su descendencia sigue batallando contra el colonialismo. Desde los adentros de la periferia cartagenera, negra y barrial nace MOV, una apuesta por la lucha social y popular que entre las voces comunitarias de mujeres negras le exigen al sistema dignidad para sus vidas y le gritan al Estado que a las mujeres desaparecidas las quieren de vuelta, sanas y vivas.
Este movimiento está liderado por mujeres que le apuestan constantemente a la reconstrucción del tejido social de los barrios donde se criaron. Un día, en el reencuentro de sus resistencias negras, Airlin Pérez, Keidy Galán, Julieth Peña, Enilsa Montalvo y Mareidis Palomino decidieron juntarse para tejer procesos comunitarios anticolonialistas que hagan frente a una ciudad racista y clasista.
“Esta incomodidad de habitar una ciudad enormemente desigual nos llevó a un danzar y un canto colectivo de indignación y despertar de nuestro lugar en la lucha de clase”, dice Airlin Pérez, lideresa, educadora popular antirracista, pensadora comunitaria y cofundadora de MOV. Este colectivo critica la metrópolis por estar al “servicio del capital turístico, de la élites económicas y políticas” por encima del bienestar y garantías de los derechos de las mayorías negras y empobrecidas.
De esas reuniones en barrios populares como El Líbano, con una jarra de agua de panela y con la palabra rebelde alrededor de un sancocho, surgió la primera búsqueda de MOV de una joven negra de 15 años que fue desaparecida en marzo del 2021, y que hasta hoy, cuatro años y 10 meses después, sus familiares esperan que aparezca sana y viva. Ellas también. Por eso han denunciado públicamente otros casos de desapariciones como el de Karina Cabarcas y Tatiana Hernández desde la autogestión.

“Nosotras no éramos buscadoras”, explica Mareidis Palomino, activista, lideresa comunitaria, investigadora popular, estudiante de sociología y cofundadora de MOV. Pero cuando Alexandrith Sarmiento Arroyo desapareció, explica, sus familiares la buscaron pidiendo ayuda. Fue así como el colectivo activó la línea de búsqueda de mujeres negras desaparecidas, realizaron plantones en el centro histórico y en la institución donde estudiaba la joven. “Para nosotras es importante que no se olvidaran de que seguía desaparecida”, narra. “Le exigimos a la justicia que su búsqueda no la investigara como un crimen pasional sino como parte de una red de trata que las secuestra y las priva de su libertad”.
De acuerdo al Sistema de Información de Desaparecidos y Cadáveres de Medicina Legal, en Cartagena, en los últimos cinco años han sido reportadas 43 mujeres como desaparecidas, y tan solo en el año 2025 fueron reportados 23 casos, de los cuáles 19 son mujeres y cinco hombres.
Palomino, está sentada en la sala de la casa comunitaria de MOV, un lugar de rebeldía negra, donde cada tanto se reúnen mujeres negras y disidencias para hablar sobre temas raciales que les atraviesan. Allí explica que la justicia no opera para mujeres negras empobrecidas y que por eso al activar esta línea de búsqueda, sabían que era un tema peligroso y trabajoso. “El trabajo colectivo ha sido importante, gracias a organizaciones como Ilex Acción Jurídica que nos han apoyado en asesorías para saber cómo movernos en casos de violaciones de derechos humanos que se cometan desde la administración”.

En febrero de 2023 la justicia sentenció por delito de desaparición forzada agravada a Wayner Ayola, tío político de la joven desaparecida. Sin embargo, Alexandrith no ha sido encontrada. La organización insiste en que muchos casos similares son archivados incluso cuando existe un fallo condenatorio. Para Pérez, la causa de estas desapariciones corresponden a una estructura colonial. “Se posicionan los cuerpos de las mujeres empobrecidas y negras como botín de guerra y mercantilización en una ciudad que se convirtió en ruta de narcotráfico y asentamiento de grupos criminales transnacionales”, lamenta.
La búsqueda de mujeres negras desaparecidas es apenas una de las mil funciones de la organización. MOV también lucha contra el despojo y la violencia policial racista que criminaliza a los jóvenes negros, violenta las mujeres negras trans e hipersexualiza a las que habitan los barrios periféricos de la ciudad. Así, cuentan con una línea de defensa del territorio que activan cuando se dan casos de despojo.
Durante la pandemia en Cartagena se presentaron diferentes casos de violencia policial racista como el caso de Harold Morales de 17 años y Martin Elias de 16 años que fueron asesinados a manos de la policía. En redes sociales se siguen viralizando innumerables casos de abuso policial. “Todas estás violencias la realizan, según nuestros análisis, para facilitar un modelo de desarrollo hegemónico en el que las vidas negras deberían ocupar un lugar de sumisión, obedecimiento y aniquilación política”, explica Pérez.

MOV también incentiva la educación popular para cuestionar el sistema y combatir estas violencias coloniales. Por eso dentro de sus procesos cuentan con la Escuela Barrial, donde se comparte conocimiento con enfoque antirracista, afrofeminista y decolonial a las juventudes y mujeres de la localidad. “En la escuela nos reunimos, hacemos talleres, traemos sabedoras, docentes para conversar sobre la historia que no nos fue contada y para hablar sobre autoreconocimiento como personas negras”, agrega Palomino.
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