Hallan un cuerpo sin vida en Buffalo
Los agentes soltaron a Nurul Amin Shah Alam, que no sabía hablar inglés, en una cafetería a ocho kilómetros de su casa. No avisaron a la familia ni a su abogado


Nurul Amin Shah Alam, un refugiado rohinyá de 56 años casi ciego detenido y liberado por la Patrulla Fronteriza en Buffalo (Estado de Nueva York), fue hallado muerto este martes por la noche (hora local, seis horas más en la España peninsular). El cadáver apareció en una calle del centro de la ciudad. Los agentes lo habían soltado el jueves anterior en una cafetería de la cadena canadiense Tim Horton’s a ocho kilómetros de su casa y no avisaron a la familia ni a su abogado para que fueran a buscarlo.
“El señor Shah Alam fue identificado por el médico forense del condado de Erie esta mañana [por el miércoles] y su familia fue notificada posteriormente”, declaró el portavoz del Ayuntamiento, Ian Ott, que aclaró que su muerte se debió a un “problema de salud” y descartó, “mientras se investigan las circunstancias y la sucesión de acontecimientos que llevaron a su fallecimiento”, que se trate de un “homicidio”.
Shah Alam, que había entrado en el país como refugiado en la Nochebuena de 2024, según las autoridades migratorias, estuvo buena parte del año pasado en una cárcel del condado de Erie, según consta en los registros de prisiones de Nueva York, esperando a ser juzgado por allanamiento y posesión de un arma: una barra de ducha que el reo usaba de bastón en el momento de su arresto por enfrentarse a dos policías.
Aquello fue en febrero de 2025. En junio, un gran jurado decidió procesarlo. Finalmente, tras declararse culpable de una falta leve para evitar ser entregado a las autoridades migratorias del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas), lo dejaron ir el 19 de febrero después de pagar una fianza.
El alcalde de Buffalo, el demócrata Sean Ryan, declaró el miércoles en un comunicado que la muerte de Shah Alam era evitable y resultado de una decisión “inhumana” de las autoridades federales de inmigración. “[Se trataba de] un hombre vulnerable, casi ciego y que no sabía inglés, y fue abandonado solo en una fría noche de invierno”, declaró Ryan. “Esa decisión fue poco profesional e inhumana”.
The preventable death of Nurul Amin Shah Alam is deeply disturbing and a dereliction of duty by the U.S. Customs and Border Protection.
— Mayor Sean M. Ryan (@MayorSeanRyan) February 25, 2026
U.S. Customs and Border Protection must answer for how and why this happened. Pic.twitter.com/RQCCZbVMwp
Buffalo, acceso desde el lado estadounidense a las cataratas del Niágara, en la frontera con Canadá, lleva registrando en los últimos siete días temperaturas bajo cero, y una tormenta que las autoridades han definido como “histórica” azotó el domingo pasado el Estado de Nueva York.
Un portavoz del Servicio de Aduanas y Patrulla Fronteriza (CBP son sus siglas en inglés) declaró a Investigative Post, el medio local que adelantó la noticia, que los agentes “ofrecieron [a Shah Alam] un transporte de cortesía” y que este lo “aceptó hasta una cafetería, considerada un lugar cálido y seguro cerca de su última dirección conocida”. Su abogado esperaba que lo pusieran en libertad en la comisaría de la Patrulla Fronteriza. “No presentaba signos de angustia, problemas de movilidad ni discapacidades que requirieran asistencia especial”, añadió el portavoz del CBP.
El Departamento de Policía de Buffalo lo dio por desaparecido el domingo pasado, tras la denuncia de la familia (Shah Alam tenía mujer y era padre de dos hijos). El lunes, los agentes pidieron ayuda a la ciudadanía para localizarlo.
“Estoy devastado y muy frustrado”, ha declarado Imran Fazel, activista en favor de los refugiados rohinyá y amigo de la familia. “Nunca pensamos que a alguien le podría pasar algo así desde que llegamos a Estados Unidos. No me siento seguro en un país como este”.
El día de su detención, Shah Alam fue a dar un paseo. Portaba una barra de ducha que había comprado para ayudarse a caminar. Se perdió y se metió en la propiedad de un vecino de Buffalo, que llamó a la policía, según contó Mohamad Faisal, uno de sus hijos, a Reuters. Como no sabía inglés, no entendió las órdenes de los agentes de que tirara el bastón. Su padre, agregó, también era analfabeto y no se entendía con los teléfonos móviles.
Los rohinyás son una de las minorías más perseguidas del mundo. Antes de la campaña del ejército de Myanmar contra ellos en 2017 —que incluyó “actos genocidas”, según el Tribunal Penal Internacional—, en torno a 1,4 millones de sus miembros vivían en la parte occidental de ese país asiático, en el Estado de Rakáin (antes Arakan).
Unas 730.000 personas huyeron entonces hacia Bangladés, país que los concentró en los 33 campos de Cox’s Bazar, donde las condiciones han empeorado a raíz de los recortes de ayuda humanitaria ordenados por la Administración de Donald Trump. Se calcula que unos 12.000 rohinyás viven en Estados Unidos. Se concentran en ciudades como Milwaukee (Wisconsin) y Chicago (Illinois).
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