El 25% de los mayores de 6
Cataluña insta a los médicos a “racionalizar” la prescripción del fármaco tras detectar un uso excesivo que llega a casi el 40% entre las mujeres. Un consumo exagerado aumenta el riesgo de fracturas y caídas, lo que se busca prevenir


Lejos de ser solo un elemento con pros y contras, la vitamina D ha sido promovida en los últimos años se percibe como una suerte de remedio milagroso. Malestares habituales como el cansancio, dolores —de huesos o músculos— y alteraciones anímicas se han relacionado con una hipotética falta de este componente, lo que ha derivado en un boom de medicamentos y suplementos que lo incluyen. Este aumento ha sido alentado por desacuerdos en el sector sanitario, lecturas sobredimensionadas de investigaciones de poco peso y ciertos influencers.
Un documento de la sanidad pública catalana con recomendaciones para el personal sanitario pone ahora, por primera vez en España, cifras a un problema que son extrapolables al resto del país, según los expertos consultados: “En agosto de 2025, 390.989 mayores de 65 años tenían una prescripción activa de vitamina D a pesar de no tener un diagnóstico de osteoporosis o deficiencia, lo que afecta al 28,3 % de esta población”.
Es decir, más de una cuarta parte de este grupo de edad sigue un tratamiento sin cumplir las condiciones por las que está indicado y avalado por la evidencia científica. Un porcentaje que se dispara hasta el 39,4% entre las mujeres, “frente a solo el 13,8 % de los hombres del mismo grupo de edad”.
Comunidades como Cantabria han comprobado que hasta el 40% de pruebas hechas para medir sus niveles son innecesarias.
Esto y “la gran variabilidad [observada] entre equipos de atención primaria” a la hora de recetar vitamina D llevan a los autores a la conclusión de que “racionalizar la prescripción representa una oportunidad para mejorar la calidad de la asistencia y optimizar los recursos sanitarios”.
Aunque sea el más reciente, no constituye la primera advertencia que emana del sistema sanitario público respecto a las demasías relacionadas con la vitamina D. La Agencia Española del Medicamento (AEMPS) ha alertado de intoxicaciones y sobredosis ocasionados por fármacos que la incluyen (19 casos en 2025, 11 de los cuales fueron severos). Asimismo, regiones como Cantabria han constatado que hasta el 40% de pruebas hechas para medir sus evaluaciones resultan innecesarias.
Miguel Ángel Acosta, representante de la sección dedicada al cuidado de la tercera edad de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC), subraya que esta información “confirman el importante sobretratamiento existente, algo que supone un uso ineficiente de recursos públicos y que tiene riesgos, porque el uso inadecuado de vitamina D provoca efectos adversos”.
Según este experto, las causas de este “exceso” son múltiples: “Ha tenido un papel importante la industria farmacéutica. También hay una falta de actualización de la formación de algunos médicos de familia. Y, en muchos casos, influye la presión de los propios pacientes”.
La vitamina D es un compuesto esencial para el organismo. Una persona sana obtiene el 90% de la que necesita mediante la exposición solar y el resto con alimentos como pescado azul, huevos y lácteos... La edad avanzada y algunas dolencias, sin embargo, pueden reducir la capacidad del organismo de proveerse por sí mismo de la cantidad necesaria, por lo que la suplementación pasa a ser clave para una buena salud ósea. Es el caso de personas que viven en residencias y pacientes renales, entre otros grupos.
El objetivo del documento es evaluar la prescripción de la vitamina D en mayores de 65 años que viven “en comunidad” (no en residencias). El trabajo ha sido elaborado por la Agencia de Calidad y Evaluación Sanitarias de Cataluña (AQuAS) —con la participación de siete sociedades científicas— dentro del programa Essencial, que persigue “identificar prácticas de poco valor en el sistema sanitario para evitarlas a través de recomendaciones”.
“La suplementación con vitamina D ha sido ampliamente promovida con la expectativa de mejorar la salud musculoesquelética. Las revisiones sistemáticas de la evidencia científica y las directrices internacionales más recientes muestran, sin embargo, que su uso rutinario en adultos que viven en la comunidad sin deficiencia ni osteoporosis no es eficaz para reducir caídas y fracturas”, afirma Laia Ramos Masdeu, investigadora del AQuAS.
Un exceso de vitamina D puede provocar un incremento de aquello que pretende prevenir: caídas, fracturas y dolores.
El documento incide en una paradoja. Un exceso de vitamina D puede provocar un incremento de aquello que pretende prevenir: caídas, fracturas y dolores. Esto ocurre porque dosis demasiado elevadas disparan la concentración de calcio en sangre y orina, lo que desencadena procesos que causan confusión mental, pérdida de tono muscular y debilitamiento de los huesos, entre otros efectos adversos (cálculos biliares....).
El gran problema relacionado con la vitamina D es la falta de consenso entre la clase médica sobre los niveles a partir de los cuales el paciente debe ser tratado, admiten los expertos. “La mayoría de las guías clínicas establecen que los niveles adecuados son entre 20 y 40 o 50 ng/ml, aunque [por debajo de 20] no se recomienda el tratamiento en individuos sanos con vida saludable. Salvo que presenten niveles inferiores a 12 ng/ml, que sí son una deficiencia importante que necesita ser tratada”, explica Susana Romero, presidenta electa de la Sociedad Española de Reumatología (SER).
Entre 12 y 20 ng/ml existe, por tanto, una especie de zona gris, una cuestión que se complica aún más si se tienen en cuenta dos cuestiones clave. La primera es que buena parte de la población se encuentra en ella. La segunda es que, como reitera el documento Essencial, la prescripción de vitamina D en este grupo no aporta beneficios de salud en los pacientes.
Lo mejor es no medir los niveles de vitamina D en población aparentemente sana.
Esto ha llevado a establecer una recomendación que, a primera vista, puede resultar difícil de entender y seguir en unos tiempos en los que los análisis se han convertido en algo rutinario: lo mejor es no medir los niveles de vitamina D en población aparentemente sana. La razón es que hacerlo diagnosticará multitud casos de supuesta insuficiencia que, a su vez, llevarán a la prescripción masiva de suplementos que no beneficiarán a quienes los toman. Es el problema sobre el que alerta ahora AQuAS.
El documento de la Agencia concluye que la suplementación de vitamina D solo está recomendada en “los casos confirmados de deficiencia (con niveles séricos inferiores a 10-12 ng/mL) y grupos de población de alto riesgo”. Para Romero, la conveniencia del tratamiento “dependerá de si el paciente tiene factores de riesgo como síndrome de mala absorción, insuficiente exposición a luz solar, algunas patologías o síntomas que el médico atribuya a bajos niveles de vitamina D”.
Esteban Jódar, miembro del grupo de metabolismo mineral y óseo de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), tampoco se muestra de acuerdo con el “tratamiento indiscriminado” de la población sana, pero ve limitaciones en la recomendación de AQuAS. “Dice que no hay que tratar a pacientes sin una deficiencia probada [por debajo de 12 ng/mL]. Pero no aporta una guía que diga a quién habría que medir los niveles de vitamina D. Esto puede dejar sin suplementar a pacientes que sí lo necesitan”, afirma.
Según este experto, buena parte de la controversia se debe al hecho de que “aunque se le llame vitamina, la D es en realidad una hormona que interviene en multitud de procesos en el organismo”, como las de la tiroides. “Necesitamos mantenernos en unos rangos adecuados y aquí tropezamos con la falta de ensayos clínicos que los determinen claramente, por lo que un enfoque demasiado restrictivo con la suplementación también tiene sus riesgos”, concluye.
Según Miguel Ángel Acosta, todo lo previo resalta los discursos que sostienen que hay una presunta “epidemia” de carencia de vitamina D. “No existen ensayos clínicos de calidad que lo muestren. Muchos de los supuestos problemas de salud atribuidos a su insuficiencia pueden ser en realidad asociaciones estadísticas erróneas basadas en análisis secundarios de estudios con otros objetivos. Bajos niveles de vitamina D pueden en realidad ser un indicador de mala salud y no la causa de problemas”, finaliza.
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