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Bitácora de una guardia: “He pasado tres horas deseando que me relevasen para estabilizar a dos bebés prematuros”

Las jornadas de noche están en el centro del enfrentamiento que los sindicatos médicos tienen con el Ministerio de Sanidad, que las ha reducido, pero las mantiene como obligatorias

Protesta de médicos en Sevilla para reclamar un Estatuto Marco propio, el miércoles. PACO PUENTES

“Ayer salí de una guardia tremendamente complicada en la UCI neonatal en la que trabajo”, cuenta Artur, un neonatólogo que lleva siete años trabajando en la sanidad pública. “Con dos prematuros extremos de 500-600 gramos a los que costó más de 10 horas estabilizar, a las 14 horas de trabajo yo estaba realmente agotado. Me pasé las tres últimas horas de la guardia pensando en la necesidad de que alguien con mejor capacidad mental llegase ya para cogerme el relevo y poder estabilizarlos”.

Las jornadas extra de noche están en el centro de la huelga que los sindicatos médicos tienen esta semana convocada. Para muchos de ellos, todo lo demás es secundario, en comparación con un sistema que, según dicen, pone en riesgo a los pacientes y a ellos mismos.

La guardia empieza después de siete horas de jornada ordinaria, y se alarga otras 17 más, para completar 24 horas de trabajo ininterrumpido. En el nuevo Estatuto Marco, que el Ministerio de Sanidad ha firmado con los sindicatos mayoritarios, las 24 horas quedan relegadas a fines de semana, festivos y siempre se harán de forma voluntaria.

Para el resto de los días, el máximo será 17 horas, con 24 de descanso antes y después. Es insuficiente para los sindicatos médicos, que creen que siempre deberían ser voluntarias, algo que, según Mónica García, ministra de Sanidad, “rompería el sistema”.

“El sistema se basa en la esclavitud, entonces”, replican algunos facultativos, que creen que ningún paciente debería ser atendido por alguien que lleva 20 horas sin dormir. Sugieren que debería haber turnos con un máximo de 12 horas, como sucede en algunos servicios, y como trabajan, por ejemplo, las enfermeras.

Es un modelo cuyo pilar son los residentes, que son los que más guardias hacen y también los que atienden lo que se denomina “primera llamada”: solo avisan a los médicos adjuntos en caso de que se presenten problemas que no puedan resolver ellos. Y esto puede variar mucho, en función del servicio y del día. En algunos, más que estar disponibles por si pasa algo, es una atención continuada: prácticamente no se para. En otros, es posible pasar algunas noches durmiendo.

17 horas más tras la jornada laboral

Una de estas residentes es Elena. A las 14.40 ya ha completado su jornada laboral. Aún le quedan 17 horas más. Con uniforme blanco y grandes ojos café, llega a la guardia de Urgencias del Hospital Gregorio Marañón, en Madrid, después de su mañana de trabajo.

“La guardia está siendo un poco ajetreada, pero no es la peor que he tenido”, relata en el primero de los audios de WhatsApp en los que compartirá su experiencia. Pese a la huelga, aquí no falta nadie porque las guardias siempre se trabajan con mínimos de trabajadores. “Me decía una paciente: ‘Yo entiendo que estáis de huelga, pero no sé cómo tardáis tanto’. Y es que esto no es la huelga, esto es el sistema”, cuenta la médica. Estas horas representan una parte fundamental de los sueldos, especialmente para los residentes.

Cuando le toca cenar, a las 21.30, Elena no ha podido ni cambiarse la camiseta manchada con el café que salió a comprar junto a otras provisiones —chuches y patatas— a las 18.00. Los residentes se dividen en dos grupos para descansar una hora. “A veces, cuando sales del despacho con tu neceser para lavarte los dientes, a la gente le crea enfado: ‘Joder, es que me están dejando aquí y no me están dando el alta cuando se están yendo a descansar’, pero es que también en algún momento hay que cenar”, describe.

Ha perdido la cuenta de cuántos pacientes ha atendido. Muchos con infecciones respiratorias, otros con dolores abdominales que han terminado en el quirófano. A las 2.40, Elena vuelve a enviar un mensaje con voz más rasposa: “Estas últimas horas son bastante difíciles porque los pacientes ya se quieren ir a casa. Entran al despacho todo el rato a preguntarte si están sus pruebas y tú no das abasto”. Se le hace difícil mantener el ritmo: “Se nota muchísimo en tu capacidad de razonar, incluso hablar con la gente conforme pasan las horas, cada vez estás más espeso, te cuesta tomar decisiones”.

Son muchos los estudios que muestran que las guardias aumentan la probabilidad de errores médicos. Uno de 2022, con 14.796 médicos residentes, muestra que la limitación de la jornada laboral se asoció con una reducción del 32% en el riesgo de que los propios residentes reconocieran errores médicos graves, una caída del 34% en los acontecimientos adversos evitables y un descenso del 63% en los fallos que acabaron provocando la muerte del paciente. Numerosas investigaciones han mostrado también cómo, tras largas jornadas nocturnas, son más frecuentes accidentes de tráfico o problemas de salud mental.

En su bitácora, Elena tiene una buena noticia: “Acabamos de partir la noche, significa que la urgencia está más o menos tranquila y eso nos permite que la mitad de la gente se vaya a dormir ahora y la otra mitad luego”. La residente añade: “La verdad que estoy agotada, pero dentro de lo que cabe no ha sido de las peores guardias que hemos tenido, así que solo puedo agradecer, supongo”.

El siguiente mensaje es a las 5.02: “Acabamos de despertarnos. Madre mía. Qué horror. Es durísimo despertarse desorientada, que suena el despertador y te acabas de acostar. Sigue siendo noche cerrada fuera. El agotamiento es una cosa súper difícil”. A Elena le duele todo y, mientras camina de la sala de descanso con literas al despacho, crece su angustia. ¿Seguirá habiendo muchos pacientes? ¿Estarán enfadados porque no han conseguido darles de alta?

Fin de la guardia

Su relevo es a las 8.10 del miércoles. “Cuando terminas siempre es un poco agridulce”, admite la trabajadora. Y explica: “Los pacientes sienten que los dejas a medias, entonces a veces te quedas un poco preocupada, pero contenta por haber terminado y cansada, sobre todo, muy cansada”. Le hubiera gustado dejar menos pendientes para los que entran por la mañana. “Intento pensar que es alguien que entra fresco, entonces lo va a ver con otros ojos y va a tomar decisiones seguramente más lógicas que yo después de 24 horas trabajando”, se consuela.

Algo parecido dice Artur, el neonatólogo que hablaba al principio: “La sensación de irte así, dejando a un niño en esas condiciones y sabiendo que, de haber estado más descansado, podría haberme hecho cargo mejor, es algo que me tiene todo el día sin poder dormir en condiciones para poder entrar mañana a cubrir los servicios mínimos requeridos. Y mañana esos tres pacientes van a estar ahí, esperando a que el médico que está hoy en mi posición de ayer se vaya a casa y entre otro más fresco y descansado. Claramente no creo que ese vaya a ser el estado después de apenas 24 horas de mal descanso”.

Al terminar, Elena solo puede pensar en el desayuno con sus colegas. Porque está muerta de hambre y porque la anima. “Algunos se van en cuanto termina; a mí me hace sentir que esto tiene algo más de sentido. Hacer un pequeño repaso, desahogarte con tus amigos, porque comentas las cosas que te han preocupado, los casos con los que no te sientes cómoda o algún paciente que te ha hecho gracia”, cuenta, ya de civil, con el pelo recogido y anteojos de marco dorado. “Estamos todos desinhibidos por no dormir y cuando estás de bajón, te ayudan a superarlo, verlo con otros ojos y quitarle peso al asunto”, precisa.

Para ella, cubrir entre ocho y 12 horas “es la única forma de hacer una medicina segura”. Pero esta semana le toca “un doblete”. Regresará el jueves a las 8.00 y seguirá hacia su segunda guardia de la semana. Quizá el viernes pueda recuperarse.

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