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Una ciudadana tuvo a su bebé en plena vía pública al

Las trabas que dificultan la atención médica y las oportunidades laborales de las mujeres en el ámbito sanitario ocasionan padecimientos, dolencias y fallecimientos evitables que podrían catalogarse como feminicidio, según un reporte entregado recientemente ante la ONU.

Una niña herida en un bombardeo paquistaní en Kabul, el 14 de marzo de 2026.SAMIULLAH POPAL (EFE)

Mariam terminó sus estudios de comadrona en 2021, cuando los talibanes retomaron el poder en Afganistán, pero ni siquiera pudo recoger su diploma. “No permitieron que las estudiantes recibiéramos el título en un acto de graduación. Nos dejaron fuera de la foto. Hasta hoy”, explica a este periódico. Mariam, que prefiere usar un nombre falso para esta entrevista, tampoco ha podido ejercer ni un solo día debido a los edictos emitidos por las autoridades de facto y aunque en su país haya una acuciante necesidad de matronas.

Según Unicef, hoy en día solo el 66% de las mujeres de Afganistán da a luz acompañada de personal cualificado. Además, en 2024 y aunque los datos oficiales son limitados, la mortalidad materna se situó en 638 muertes por cada 100.000 nacidos vivos y la mortalidad neonatal llegó a 24 decesos por cada 1.000 nacidos vivos, cifras que están entre las más altas del mundo, según la ONU.

Desde España es imposible entender nuestro miedo y nuestra asfixia, que aumenta cada día”
Fariba, afgana de Herat

Estos números son solo un pequeño ejemplo del impacto que las restricciones impuestas por los talibanes en Afganistán desde 2021 están teniendo en la salud física y mental de las mujeres. “El efecto acumulativo de estas políticas ha sido diseñar e implementar deliberadamente un sistema que niega la atención sanitaria esencial a mujeres y niñas”, resumió el relator especial de la ONU para los derechos humanos en Afganistán, Richard Bennett, en un informe presentado a finales de febrero en Ginebra y consagrado a la salud de las afganas. “Son medidas retrógradas que no pueden justificarse ni por la escasez de recursos ni por razones culturales”, insistió el responsable.

Gran parte de los atropellos y agravios que fundamentan el reporte de Bennett jamás han aparecido en la prensa. Una mujer que tiene su parto en el umbral de un centro médico al carecer de escolta varón y prohibírsele el acceso; afganas enfermas que quedan sin asistencia ante la ausencia de médicos hombres o una progenitora que presencia el fallecimiento de su recién nacido debido a que se le deniega el paso a un sanatorio por juzgar que su ropa es inadecuada.

“Tengo amigas viviendo en zonas rurales que deben recorrer kilómetros hasta encontrar un centro médico donde haya una doctora o una enfermera. Da igual que estén enfermas y debilitadas”, explica a este periódico Fariba, que vive en Herat y no pudo terminar sus estudios para ser odontóloga. La condición no negociable para hablar con Papallones es que su nombre no sea publicado. “Desde España es imposible entender nuestro miedo y nuestra asfixia, que aumenta cada día”, agrega esta chica de 25 años.

No permitieron que las estudiantes recibiéramos el título en un acto de graduación. Nos dejaron fuera de la foto. Hasta hoy”
Mariam, matrona afgana

Draft 4:* Sin doctoras cre

Durante diciembre de 2024, los talibanes ordenaron que el sector femenino dejara de concurrir a instituciones de capacitación médica y sanitaria. Esta restricción terminó repentinamente con años de preparación académica y metas laborales de miles de mujeres, quienes consideraban esta área como uno de los pocos espacios de trabajo que aún permanecía accesible para ellas.

“Es completamente injustificable y, a menos que se revierta, conducirá a sufrimientos, enfermedades y muertes innecesarias, y podría equivaler a feminicidio”, agregó el relator.

Claudio Miglietta, representante de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Afganistán, explicó a este periódico que “la contratación de personal médico femenino afgano cualificado se ha vuelto cada vez más difícil para algunos de sus proyectos” en el país. Según el informe de Bennett, en este momento, las mujeres representan el 27% de los médicos generalistas, el 18% de los especializados y el 29% de las enfermeras. Estas cifras se irán reduciendo conforme el personal sanitario femenino se jubile, se marche del país o simplemente desista en su empeño de ir a trabajar cada día.

“No se nos permite hablar con guardias del hospital, conductores ni hombres en general, salvo que sea absolutamente necesario. Si lo hacemos, los funcionarios de inteligencia vienen a interrogarnos. La primera vez emiten una advertencia. La segunda significa el despido”, relata en el reporte de la ONU una empleada de salud de la región de Helmand.

Con un hombre y con burqa

“Las violaciones del derecho a la salud por parte de los talibanes ilustran el complejo e interconectado sistema de opresión de género actualmente aplicado en Afganistán. Estas violaciones pueden describirse como apartheid de género”, insiste Bennett, pidiendo que se codifique esta persecución sistemática contra las mujeres como un crimen de lesa humanidad ”para garantizar el pleno reconocimiento de los daños únicos y transgeneracionales que sufren las supervivientes”.

Desde 2021, los talibanes han publicado más de 130 edictos que borran progresivamente a las mujeres de la sociedad, les privan de educación a partir de los 12 años y las convierten en seres inferiores sin derechos, incluso sobre su propio cuerpo. La última medida fue un nuevo código penal aprobado a principios de este año que convierte en norma los castigos físicos y enmarca una impunidad casi total para los hombres maltratadores. Según ONU Mujeres, el 80% de las afganas están hoy excluidas del mundo laboral y de la educación.

En este escenario tan sombrío, Mariam se percibe a sí misma como alguien con suerte. “Comparado con las áreas rurales, la vida en Kabul es ligeramente mejor porque se informa más de lo que ocurre aquí y, aunque hay muchas restricciones, las mujeres aún podemos ser atendidas por algunos médicos varones y recibir tratamiento”, comenta.

Fariba, originaria de Herat, comenta que sus parientes todavía cuentan con los medios para acudir a una clínica particular, en la cual las reglas resultan menos rigurosas y laboran una mayor cantidad de médicas, aunque reconoce que goza de una posición ventajosa. “Pero en las áreas más remotas, los talibanes consiguen imponer estas normas en los hospitales, ayudados también por las familias que no dejan que a sus esposas o hijas las examine un doctor varón”, añade.

En noviembre de 2025, las autoridades de facto de su ciudad, Herat, prohibieron la entrada de mujeres en los hospitales públicos si no cumplían las normas de vestimenta y si no estaban acompañadas por un mahram o escolta masculino.

Para las mujeres y las niñas, estos recortes de fondos están convirtiendo un entorno opresivo en una catástrofe sanitaria a gran escala
Richard Bennett, relator de la ONU

“Yo misma vi cómo golpeaban a las mujeres a las puertas del hospital y no las dejaban entrar. Días después, los talibanes dijeron que no era verdad, que nunca habían establecido esa norma, pero fue porque se informó de esto en la prensa”, dice Fariba.

Fariba y Mariam asimismo rememoran que a gran parte de las médicas se les prohibió trasladarse a las áreas del terremoto de septiembre del año pasado, lo cual derivó en que ciertas pacientes lesionadas fallecieran esperando ser atendidas por una mujer.

Y a todo esto se suma la reducción del volumen de los fondos internacionales destinados a ayuda al desarrollo, que penaliza con especial saña a países como Afganistán, donde el sistema ya era extremadamente frágil y dependiente de la ayuda internacional.

“Para las mujeres y las niñas, estos recortes están convirtiendo un entorno opresivo en una catástrofe sanitaria a gran escala”, sostuvo Bennett, exhortando al ámbito internacional a “dar marcha atrás en estas políticas”.

Miglietta, integrante de MSF, señala que, a causa de estos recortes presupuestarios, se han clausurado diversos puestos sanitarios o clínicas, lo cual representa un “una presión” extra para entidades como la que representa, “que a menudo se enfrentan a una demanda de atención sanitaria que supera su capacidad de respuesta”.

Durante 2025, la ONU expuso ante la esfera internacional una estrategia de auxilio humanitario de 2.400 millones de dólares (2.093 millones de dólares) con el fin de otorgar ayuda a cerca de 16 millones de afganos, de una población de 45 millones de personas. El financiamiento se dirigiría a facilitar víveres, atención médica y enseñanza, pero solo se pudo recaudar el 40% de lo pretendido. Para 2026, la ONU ha formulado un programa de 1.710 millones de dólares.

Bennett afirmó que compartió su informe con las autoridades de facto, que no son reconocidas por la comunidad internacional, y les solicitó una opinión, pero no recibió respuesta. Los talibanes consideran que sí respetan los derechos de las mujeres, según su interpretación de la ley islámica.

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