México resiste la subida del petróleo con subsidios a todos los combustibles
La Secretaría de Hacienda anuncia estímulos fiscales para las tres gasolinas que se consumen en el país, mientras los consumidores notan las subidas en los precios


México está utilizando todas las medidas a su alcance para resistir la subida del precio de los energéticos frente a la guerra en Irán. El Gobierno mexicano ha echado mano en las últimas semanas de los subsidios a los combustibles para evitar a toda costa que la inflación presione a los mexicanos. Este viernes, la Secretaría de Hacienda ha anunciado que los tres tipos de gasolinas que se venden en el país recibirán estímulos fiscales. El diésel, que desde hace una semana ha contado con esta ayuda, tendrá durante la semana del 21 al 27 de marzo un estímulo fiscal del 61,8%, equivalente a 4,5 pesos. Mientras que la gasolina Magna, la más consumida en el país y que tiene un tope máximo de 24 pesos, recibirá un apoyo del 24,08%, que representa 1,61 pesos; y el combustible Premium, la de mayor octanaje, contará con un subsidio del 7,47%, que se traduce en 0,42 pesos.
El país latinoamericano importa la mitad de los combustibles que consume, pero al mismo tiempo es el cuarto exportador de crudo del continente. La posición de México es doble ante un panorama muy incierto. Mientras sus finanzas se pueden beneficiar de que e l barril de crudo en el mercado global ya ronde los 100 dólares –la mezcla mexicana cerró este viernes en 99,21 dólares– la gasolina y el diésel deben adquirirse a mayores precios desde Texas. Sin visos de que el panorama pueda cambiar en las próximas semanas, los consumidores mexicanos empiezan a observar ligeras variaciones en los precios de los combustibles.
La semana pasada, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, cerró un trato con los gasolineros para topar el precio del litro de la gasolina magna –la de menor octanaje– en 24 pesos (1,34 dólares). Esta estrategia busca aligerar el impacto en los bolsillos de la mayoría de los consumidores con automóvil. Juan Montoya carga su taxi con este tipo de gasolina en una estación de Exxon Mobil en la Avenida Revolución de la capital mexicana. Aquí el litro de combustible está en 24,39 pesos, fuera de lo convenido por el Gobierno con el gremio, pero el conductor asegura que es donde considera que el llenado de su tanque rinde más. Montoya dice que ha notado la subida de la gasolina sobre todo cuando hace las cuentas finales del día y ve que para el gasto en su hogar queda menos. “Si sigue la guerra, va a estar canijo”, evalúa el taxista.

La Hacienda mexicana ha optado por un mecanismo que utilizó cuando estalló la guerra en Ucrania en 2022: mantiene los precios de los combustibles sin mayores cambios, pero ajusta el cobro del Impuesto Especial a Productos y Servicios (IEPS). La casa pierde, pero la inflación se contiene. “Con los mecanismos del gobierno federal para subsidiar el precio de la gasolina magna ante ajustes en el IEPS correspondiente, sobre la inflación en México no observamos impactos de corto plazo a partir de la reciente escalada entre Estados Unidos e Israel frente a Irán”, apuntan desde Invex.
La inflación al cierre de febrero se situó en 4%, por encima del objetivo de 3% del Banco de México. Esta semana el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) revelará si su aceleración ha continuado en la primera quincena de marzo, ya con la guerra y los aumentos en los precios de los energéticos en auge. Los efectos y las medidas que la Administración de Sheinbaum ha emprendido estarán sujetos a la duración del conflicto en Medio Oriente. “Si el precio del petróleo continúa aumentando, la presión sobre los precios de la gasolina seguirá y el Gobierno tendrá que tomar una decisión difícil: o libera el tope de la gasolina (con sus potenciales consecuencias inflacionarias) o lo mantiene a costa de sufrir una merma adicional en sus ingresos públicos. Ninguna de las dos opciones es fácil”, apuntaba el economista Gerardo Esquivel en su columna publicada en este diario.
Los primeros estímulos fiscales del Gobierno mexicano estuvieron enfocados en el diésel –utilizado mayormente en el transporte de carga y de pasajeros– para evitar que las subidas se trasladaran a los precios de las mercancías. El único combustible que no contó con algún tipo de ayuda fue la gasolina Premium –la de menor octanaje y empleada en los vehículos más nuevos– por lo que en algunas estaciones en el país ya registran precios de este hidrocarburo cerca de los 30 pesos (1,67 dólares) por litro. El incremento no ha pasado desapercibido para los conductores en Ciudad de México, que en algunas estaciones han cambiado el rellenado de sus tanques de la gasolina más cara a la más barata, a pesar de que sus automóviles sean de reciente modelo.

La Administración de Sheinbaum también ha apuntado esta semana al sector bancario para reducir los costes de las gasolinas. En la Convención Bancaria, celebrada en Cancún esta semana, la mandataria ha anunciado que el sistema bancario impulsará el pago electrónico en gasolinerías, principalmente mediante sistemas que eviten el cobro de comisiones como CoDi. Los banqueros, además, se han comprometido a ofrecer facilidades a los gasolineros para aligerar el impacto en la subida de los energéticos. Pese a que estas medidas buscan reducir los costos adicionales para quienes operan las estaciones de gasolina, la preferencia por el pago en efectivo en buena parte de México sigue siendo una constante.
Humberto Romero, conductor del autobús del transporte público, paga con efectivo el llenado del tanque de diésel de su camión en una estación en Mixcoac, en Ciudad de México. Del dinero que va recibiendo de los pasajeros hace las cuentas para restar el combustible y el pago de la cuenta –la cuota por manejar el autobús que no le pertenece– y concluye: “La verdad es que ahora nos llevamos menos, y eso que hace como seis meses nos subieron la tarifa del pasaje”. Acostumbrado a que el precio del diésel se sitúe por debajo del resto de los combustibles, Romero mira el contador de la bomba de gasolina y se sorprende pagar 28,49 pesos por cada litro de diésel, una tarifa más alta que la de la gasolina regular. “Está ya muy caro, nunca había visto el diésel en ese precio. En la pandemia dieron algo de ayuda, espero que el Gobierno entienda que ahora también se necesita”, comenta. Los estímulos fiscales anunciados este viernes reflejan la presión que la subida de los energéticos ya está generando en diversos sectores.
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