Ir al contenido
_
_
_
_

La ofensiva de Sheinbaum contra el narco pone a México ante sus peores fantasmas

El miedo de quienes viven en zonas del país azotadas por el crimen convive con la “tranquilidad” que se esfuerza en mostrar el Gobierno tras la operación que dio con la caída del Mencho

Automóviles incendiados en Puerto Vallarta, Jalisco (México), el 23 de febrero. Héctor Colin / CUARTOSCURO

Como un monstruo que emerge del agua y hace visible su tamaño y fuerza, los miembros del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) se mostraron el domingo, horas después de que el ejército matara a su líder, Nemesio Oseguera, El Mencho, sembrando el caos en las calles de pueblos y ciudades de buena parte de México. Las imágenes de coches en llamas, negocios achicharrados y carreteras bloqueadas llenaron las redes sociales y la televisión. También el “¿cómo estáis?”, “eviten salir de casa”. Fue el momento de los vecinos encerrados escuchando tiroteos dispersos, la gente resguardada horas en restaurantes o en un zoo, donde los hubiera pillado el caos hasta poder escapar, los turistas atrincherados en hoteles de Puerto Vallarta.

Luego vino el silencio en las zonas más afectadas, las calles vacías, la parálisis en muchas ciudades. El miedo.

Cinco días después, la conversación pública en México ya ha empezado a virar hacia la reforma de la ley electoral y los mensajes de calma de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, de que el Mundial de fútbol sí podrá celebrarse “con todas las garantías” en Guadalajara, capital de Jalisco y una de las más afectadas por esta oleada. Este viernes, reafirmó el mensaje: “Que sepa el mundo entero que puede venir a México con tranquilidad”, y se refirió al estallido violento del domingo como “una situación especial” y dijo que ya se “ha regresado a la normalidad”. Pronunció estas palabras en Mazatlán, una ciudad de Sinaloa, donde se vive una guerra abierta entre dos carteles, el de Los Mayos y Los Chapitos, por el control del negocio del narco, después de que uno de los grupos fuera descabezado. Sheinbaum eligió esta ciudad para dar su discurso diario y enviar una señal de presencia estatal en una zona sembrada de fosas, asesinatos y desapariciones.

La ofensiva de Sheinbaum contra el narco enfrenta al país a su peor pesadilla, la que viven a diario millones de mexicanos en un puñado de Estados y que se hace patente con erupciones de violencia a gran escala visibles fuera y dentro del país. El mero hecho de que algo así haya podido suceder proyecta sombras sobre la capacidad del Gobierno de garantizar la seguridad, no solo de cara al Mundial de fútbol en Guadalajara, sino en los lugares donde el narco tiene más poder.

La rapidez con la que se desató el episodio de violencia y se atajó dejando paso a una aparente tranquilidad refleja una especie de normalización del fenómeno. “En México llevan años de olas violentas que rápidamente se olvidan”, explica Claudio W. Lomnitz, antropólogo social, miembro de El Colegio Nacional y profesor de la Universidad de Columbia, en Nueva York. A esa naturalización de la violencia contribuye, en parte, “el manejo mediático por parte del Gobierno, de este y de los anteriores, en el que se habla de estos episodios como algo que sube y baja, como la contaminación o los cambios del tiempo”, apunta. “Más que atender a las causas complejas, se maneja una narrativa de calma”.

En la rueda de prensa del viernes, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, informó de detenciones relacionadas con el caso de los diez mineros secuestrados en Sinaloa en enero ―varios hallados muertos―, pero su intervención se basó en desgranar con gráficos los arrestos y los datos de bajada de la criminalidad y homicidios dolosos. Después vinieron los anuncios de inversiones en carreteras y sistemas de riego en Sinaloa, así como la construcción de centros de Bachillerato y actividades culturales y deportivas para menores. Esa fue la atención a las causas de la violencia, centrarse en los jóvenes “para que ninguno tenga que acercarse a un grupo delictivo”, dijo la presidenta.

En las zonas más afectadas por el narco, como Jalisco, la normalización de la violencia funciona como un mecanismo de supervivencia. María, de 40 años, y su marido Luis, de 41, siguen con miedo en Guadalajara porque saben que el monstruo que todo el mundo ha visto continúa haciendo daño y puede volver a emerger. “Nuestro mayor temor ahora es que el cartel no encuentre un sucesor para el Mencho y haya una guerra entre ellos”, dice el marido, que cuenta que él está acostumbrado, cuando va por la calle, “a escanear el entorno, observar a la gente para anticipar cualquier riesgo”.

Este matrimonio, que pide que no se ponga su nombre real por temor a represalias, experimentó la peor crisis de seguridad del país en años en Guadalajara, adonde se mudaron hace ocho años hartos del terror y la inseguridad que se había instalado en su ciudad de origen en el conflictivo Estado de Tamaulipas, al norte, sacudido por una guerra entre facciones del cartel del Golfo. “Habíamos normalizado el tener que mirar cada día en Facebook el código rojo [avisos ciudadanos de peligros en la calle] antes de salir, antes de ir al parque con los niños, para ver si había balaceras, ataques a centros comerciales, cadáveres tirados en la calle…”, cuenta ella por teléfono. “Las autoridades locales no informaban de nada y hemos vivido mucha conflictividad. Hemos normalizado la situación porque tenemos que salir, necesitamos trabajar, así que buscamos la manera”, apunta él.

Lomnitz explica que convivir con la violencia “a veces puede implicar un deseo de imaginar que si uno toma precauciones no le va a tocar, hay una rutinización de la seguridad y, muchas veces, un deseo de alejarse de la violencia y de las víctimas. A veces los familiares de desaparecidos quedan aislados o sufren una revictimización, cuando el entorno especula con que si hizo algo [para ser secuestrado] o es que iba con tales amigos”, dice.

Vivir con miedo

La historia del narco en México está atravesada por el dolor. Horas después del discurso en Mazatlán y durante la gira de la presidenta por Sinaloa, l a Fiscalía informó del asesinato de una madre buscador a en esa misma ciudad, cuyo hijo había desaparecido el año pasado.

Los carteles están muy imbricados en la economía y en el día a día de los mexicanos en los territorios que controlan y donde secuestran, extorsionan, matan y corrompen. Miembro del narco, en estas zonas, puede ser un vecino o un conocido. “Decidimos irnos [de Tamaulipas] cuando nos percatamos de que el padre de un niño amigo de nuestro hijo en la guardería era alguien importante de una organización criminal, y llegaba con sus camionetas blindadas”, cuenta María.

En Jalisco encontraron una colonia donde vivir tranquilos en comparación con el lugar de donde venían, pero este domingo volvieron a ver el horror al que se habían acostumbrado, a mayor escala: “Aunque sabemos cómo reaccionar ante estas cosas, me puse muy nerviosa y angustiada. El metro y todo se paralizó, bajaban a la gente de los autos y les prendían fuego”, dice María. “La gente corría por la calle, una vecina vino a refugiarse gritando: ‘¡Cierra, cierra, hay balazos!’. Nos encerramos, puse mi velita y guardamos calma por los niños”. Sus sobrinos estaban en un mercadillo cercano con su abuela y la niña se soltó de la mano para ir con el pequeño. Mientras la abuela los buscaba, le contaron después, ellos estaban escondidos y la niña le tapó la boca a su hermano para que no los descubrieran, cuenta entre lágrimas María. “Uno aprende a vivir con miedo, es horrible. Uno huye también de los soldados, no acudes a ellos para que te protejan porque los pueden emboscar a ellos y quedar atrapado. Es difícil y frustrante”, dice su marido.

Que El Mencho esté muerto no implica directamente mayor seguridad para ellos, porque el resto de la estructura criminal que lideraba sigue ahí fuera. “Sabemos que algo más va a venir, porque ya pasó en Tamaulipas. Quizá es el comienzo de la solución, pero ahora el Gobierno tiene que trabajar en la seguridad incluso más que antes”, dice María.

Catalina Pérez Correa, investigadora sobre seguridad de la Asociación para el Estudio de la Política de Drogas, apunta a lo poco que se ha hablado de las víctimas del CJNG, a cómo en el debate público la violencia, incluso la de esta magnitud, pasa de la estupefacción y el miedo a “dejar de ser noticia” en pocos días. La operación militar, en la que murieron 25 soldados, ha acaparado la atención. “No se habla, se obvia quiénes son las víctimas de este cartel, de las extorsiones, los secuestros, la tala clandestina, la minería ilegal, el asesinato de defensores del medio ambiente”, explica. Ahora, con El Mencho muerto, “no se sabe cómo será la reconfiguración del cartel, y lo que no está claro es qué estrategia tiene el Estado para detener los negocios ilícitos si las estructuras criminales permanecen, y en las que están implicadas autoridades locales, policías, miembros del ejército… Las víctimas son las últimas en ser tenidas en cuenta”, explica.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a Papallones desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en Papallones.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones Papallones
Recomendaciones Papallones
_
_