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México entierra el “abrazos, no balazos” con la caída del Mencho

El operativo para dar con el líder del Cartel Jalisco, que con la ola de violencia posterior deja 74 muertos, entre ellos 25 militares, certifica el cambio de rumbo de Sheinbaum frente a López Obrador

Vehículos y negocios incendiados se queman en varios puntos de la ciudad de Puerto Vallarta tras el operativo contra El Mencho. Alam N. López

México emerge entre el humo de los bloqueos del crimen del domingo, tenso y algo aturdido, a la espera de lo que ocurra en los próximos días, tras la caída del narco más buscado del planeta. La aparición ante el país del secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla, este lunes por la mañana, ha abierto una ventana, la primera, a la sala de máquinas del Ejecutivo, ocupado durante el domingo en la compleja tarea de derribar al jefe de jefes criminal, Nemesio Oseguera, alias El Mencho, en su bastión de Jalisco. Visiblemente emocionado, con el peso en la espalda de los 25 militares caídos durante la reacción criminal, Trevilla ha sido tajante: “¿Qué es lo que se demostró? La fortaleza del Estado mexicano, de eso no hay duda”.

El jefe militar ha enfrentado así el más clásico de los cuestionamientos sobre el Estado mexicano, su presunta connivencia con el crimen, noción alimentada en los últimos tiempos por Estados Unidos y la Administración de Donald Trump, que ha coqueteado con la idea de mandar tropas al país vecino, para cazar narcos. La caída del Mencho, al que los militares mataron en un operativo de extraordinaria precisión —al menos 11 criminales muertos, entre ellos el jefe, y solo un militar herido— saca brillo al aparato de seguridad y destierra de una vez por todas las lógicas permisivas con el crimen organizado, tan extendidas durante el mandato de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024), resumidas en su lema “abrazos, no balazos”.

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Cronología de la muerte de 'El Mencho'
Bloqueo en Jalisco, el 22 de febrero.Foto: Gabriel Trujillo (Reuters) | Vídeo: EPV

En total, la operación del domingo, el estallido de los secuaces del Mencho y la contención posterior de las autoridades dejan en todo el país 74 muertos. Además de los bloqueos y los 25 militares muertos durante la reacción del narco, han caído un custodio carcelario, un agente de la Fiscalía de Jalisco y una mujer, la única víctima civil del domingo, según el Gobierno. A ellos hay que sumar un total de 46 presuntos criminales muertos, 11 en el operativo del Mencho y 35 en refriegas en las calles, y la detención de otros 70.

En los 17 meses que lleva al frente del Gobierno, la sucesora y heredera política de López Obrador, Claudia Sheinbaum, ha tratado de desmarcarse en el fondo de las políticas del exmandatario, que no en la forma. En sus comparecencias ante la prensa, la presidenta siempre defiende el legado de López Obrador, pese a la pobreza en el desempeño de su administración, durante la que se batieron marcas de asesinatos y se expandió la gobernanza criminal en muchos Estados, caso de Jalisco y Michoacán, feudos del Mencho y su grupo criminal, el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Pero el actuar de Sheinbaum ha sido distinto, con el mazo en la mano desde el principio, presionada por Trump, eso sí, a quien trata de mantener a raya. Este lunes ha insistido en que ningún soldado estadounidense estuvo implicado en la caída del Mencho.

Los números de la batalla muestran el poderío del monstruo que aún enfrenta el Ejecutivo. La captura y posterior muerte del Mencho provocó la reacción de sus caudillos regionales, particularmente en Jalisco, en el centro de México. Criminales salieron a las calles de pueblos y ciudades a provocar el caos, a lucir músculo, a hacer lo único que podían hacer, dada la caída del líder, último de una generación de narcotraficantes que lograron expandirse y posicionar sus marcas, en una lógica tan comercial como mediática, como antes Joaquín El Chapo Guzmán o su viejo socio, Ismael El Mayo Zambada. Las autoridades contaron al menos 252 bloqueos carreteros en 20 de los 32 Estados del país, una ola de terror que ha mandado al cierre este lunes a comercios, escuelas, sucursales bancarias…

El Mencho cayó como cayeron otros antes, por las flaquezas del corazón. El general Trevilla ha explicado que el aparato de inteligencia castrense ubicó hace unos días a una de las parejas del Mencho en el poblado de Tapalpa, en un área boscosa al sur de Guadalajara, la capital de Jalisco, sede de varios partidos del Mundial de fútbol de este verano. El ejército supo que el Mencho y la mujer se vieron allí y que luego ella se fue. Pero el Mencho se quedó. Los militares actuaron rápido. Armaron un cerco alrededor de su posición, por tierra y aire. Para evitar filtraciones, los helicópteros de la Fuerza Aérea esperaron fuera de Jalisco. Cuando este domingo lo rodearon, Mencho trató de huir, dejando tras de sí un pequeño ejército, armado de lanzacohetes y otras armas de alto poder. El criminal escapó con dos escoltas y trató de resistir a balazos, pero al final cayó.

La grieta que ha permitido alcanzar al Mencho ahora recuerda inevitablemente al surrealista episodio que rodeó la captura final del Chapo Guzmán, en enero de hace 10 años. En 2015, la actriz mexicana de telenovelas Kate del Castillo visitó a Guzmán en algún lugar del triángulo dorado mexicano, la vasta región de valles y montañas del noroeste del país, donde el narco aprendió a cultivar marihuana y opio. Acompañada de Sean Penn, Castillo llegó al rancho de Guzmán, ferviente admirador de la actriz. Ese viaje y los mensajes que ambos intercambiaron ayudaron a las autoridades a seguir el rastro de Guzmán, entonces líder todopoderoso del Cartel de Sinaloa, dueño de una vasta red de rutas de droga a Estados Unidos. Más discreto que Guzmán, El Mencho, portentoso cerebro criminal, cierra así una carrera fulgurante.

Con el humo a la baja, el Gabinete de Seguridad ha dado más detalles de la batalla. El general Trevilla ha explicado que entre los criminales abatidos figura Hugo N, alias Tuli, que coordinó bloqueos en las calles y ataques a agentes del orden, un tipo con jerarquía en el CJNG, que ofrecía 20.000 pesos, unos 1.000 euros, por cada militar asesinado.

La incertidumbre se adueña ahora de la escena. Los rumores de las últimas horas apuntaban a la muerte o captura de alguno de los caudillos del Mencho en las batallas del domingo, su ahijado, por ejemplo, Juan Carlos Valencia, alias 03, o Gonzalo Mendoza Gaytan, alias Sapo, fuerte en la zona de Puerto Vallarta, la joya del litoral jalisciense, en la sierra y en la región Valles, espacios donde más violentamente respondió el crimen. Pero las autoridades no han informado de su muerte o captura, ni de la caída o detención de los demás, entre los que destacan Audias Flores, alias Jardinero, o Ricardo Ruiz, alias Doble R. Los ojos del país están puestos en Jalisco y Michoacán, a la espera del reacomodo de los caudillos, retados por la sucesión.

El tesoro no es pequeño. Mencho y su equipo idearon una de las redes de contrabando de drogas a Estados Unidos más rentables al sur del río Bravo. Aprovechando su prevalencia en los puertos y costas del océano Pacífico, de Michoacán a Nayarit, pasando por Guerrero, Oaxaca o Colima, mandaban cargas de cocaína, metanfetamina y fentanilo a la frontera, y de ahí al norte, para felicidad de traficantes y consumidores estadounidenses. En México también han hecho negocio. Además de la venta de droga al menudeo, el CJNG ha operado importantes redes de robo de combustible de los ductos de la petrolera estatal, Pemex, que luego venden a mejores precios que las gasolineras. La extorsión y las incursiones en el mercado inmobiliario completan su cartera de negocios.

México aguarda ahora la respuesta de la hidra criminal. En situaciones parecidas en el pasado, cuando el Gobierno ha descabezado grupos criminales, los de abajo han peleado por el puesto vacante. La fragmentación ha sido la norma, ejemplo perfecto el del grupo criminal Los Zetas. Golpeado con fuerza a finales del Gobierno de Felipe Calderón (2006-2012), Los Zetas quedaron reducidos a un grupo que funciona en la frontera noreste, con pequeñas aventuras algo al sur. El golpe al Mencho impone reflexión al aparato de seguridad, con un objetivo en mente: que el reacomodo no bañe de sangre al país.

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