Luis Efraín, pedagogo: “Educar no consiste solo en transmitir conocimientos, sino en formar personas capaces de gestionar sus emociones”
El también psicólogo, autor del ensayo ‘Escuelas emocionalmente responsables’, apuesta por centros educativos donde el respeto, la escucha y la responsabilidad en las relaciones sea un aprendizaje transversal y compartido con las familias


Enfocar la educación en los colegios de forma que sean espacios seguros, conscientes y abiertos para que los alumnos puedan explorar sus emociones y aprender a gestionarlas en su día a día es lo que plantea Luis Efraín (Nuevo León, México, 51 años), profesor, pedagogo, psicólogo, experto en inteligencia y educación emocional. “La educación ha puesto un gran énfasis en el desarrollo cognitivo, pero ha dejado en segundo plano la dimensión emocional de las personas”, sostiene el también escritor mexicano.
En su nuevo ensayo, Escuelas emocionalmente responsables (Desclée De Brouwer, 2026) —es el tercero del autor; los otros fueron Parejas emocionalmente responsables ( emores, 2024) y 52 Necesidades psicoafectivas en la relación de pareja: Para parejas que quieren estar mejor ( emores, 2026 )—, reivindica la educación emocional no solo como una asignatura más, sino como una filosofía de vida en el ámbito escolar. “Una escuela emocionalmente responsable es aquella donde el ejemplo de los adultos, el respeto en las relaciones y la participación de las familias forman parte del aprendizaje cotidiano”, explica.
PREGUNTA. ¿Cuál es el objetivo de su libro?
RESPUESTA. En mi experiencia, acompañando a docentes, familias y estudiantes como pedagogo y psicólogo, he visto que muchos conflictos escolares no se deben a falta de conocimiento, sino a dificultades para gestionar emociones y relaciones. El libro nace de esa observación. Mi intención fue proponer que la educación emocional sea una cultura que atraviese toda la vida escolar. Somos también el resultado de cómo gestionamos nuestras relaciones. En ese sentido, busca también aportar reflexión y herramientas prácticas para construir comunidades educativas más humanas y conscientes.
P. ¿Por qué son importantes las escuelas emocionalmente responsables?
R. Porque educar no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino también en formar personas capaces de comprender y gestionar sus emociones y relacionarse de manera saludable con los demás. Una escuela emocionalmente responsable reconoce que el aprendizaje no ocurre solo en la mente, sino también en el clima emocional en el que viven los alumnos. Cuando ese entorno se caracteriza por el respeto, la escucha y la responsabilidad en las relaciones, los estudiantes se sienten más seguros para aprender, participar y desarrollar su talento. Por ello, este tipo de escuela no sustituye la formación académica, sino que la fortalece. Educar emocionalmente significa construir comunidades educativas donde aprender y convivir formen parte de una misma experiencia humana.
P. ¿Qué diferencia el rol educativo del colegio del de los padres?
R. La escuela y la familia cumplen funciones distintas, pero profundamente complementarias en la vida de un niño. Durante mucho tiempo, la escuela fue la principal fuente de información, pero hoy el acceso al conocimiento está en muchos lugares, especialmente en internet y en las tecnologías que forman parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes. Por ello, la escuela está llamada a ser cada vez más un espacio donde se aprende a pensar, dialogar, debatir y desarrollar un pensamiento crítico, además de impulsar el talento y promover la investigación. En cuanto a los valores y la inteligencia emocional, pueden enseñarse y hablarse tanto en casa como en la escuela, pues los alumnos aprenden sobre todo de la coherencia del comportamiento de los adultos. En esencia, padres y docentes están llamados a ser aliados en esa congruencia educativa, modelando con su conducta las formas de actuar, comunicarse y relacionarse que esperan ver en los alumnos.
P. ¿Qué aportan estas escuelas a los padres a la hora de criar y educar a sus hijos?
R. Una escuela emocionalmente responsable también aporta mucho a los padres porque entiende que la educación es una tarea compartida entre la familia y la escuela. No busca culpables cuando aparecen dificultades en la conducta de los alumnos, sino que promueve la toma de responsabilidad y el trabajo conjunto para comprender lo que está ocurriendo. En lugar de centrarse en sancionar o expulsar, procura atender las raíces de las conductas y acompañar a los estudiantes en su proceso de aprendizaje personal. Esto ofrece a los padres un espacio de colaboración y diálogo donde pueden comprender mejor lo que viven sus hijos y participar activamente en su desarrollo. De esta manera, la escuela se convierte en una aliada de las familias para educar con mayor conciencia, coherencia y responsabilidad.
P. ¿Podría mencionar algunos ejemplos prácticos para los padres, de forma que puedan ayudar a sus hijos a desarrollar esa inteligencia emocional?
R. En la vida familiar hay muchas oportunidades para educar emocionalmente a los hijos a través de acciones concretas. Por ejemplo: hablarse con respeto entre los padres, incluso cuando estén separados o tengan desacuerdos; expresar afecto de manera abierta,a través de palabras, gestos y cercanía; escuchar atentamente a los hijos antes de corregirlos; validar sus emociones; ayudarles a identificar y nombrar lo que están sintiendo; comunicarse con asertividad, expresando lo que se piensa y se necesita sin agredir ni descalificar; establecer límites claros con respeto y firmeza; cumplir las promesas y acuerdos que se hacen en casa; reconocer los propios errores y pedir disculpas cuando sea necesario; resolver los conflictos familiares medianteel diálogo; y promover la empatía y el respeto hacia todas las personas dentro y fuera de casa. Cuando estas prácticas forman parte de la vida cotidiana del hogar, los niños comprenden que la educación emocional no es solo un tema del que se habla, sino una manera concreta de vivir y relacionarse con los demás.
P. ¿Deberían existir también escuelas emocionales para los padres?
R. Sí, sin duda. La educación emocional no puede limitarse únicamente a los alumnos, porque los niños aprenden principalmente de los adultos que los rodean. Si los padres no han tenido la oportunidad de desarrollar estas competencias, difícilmente podrán transmitirlas de manera consistente a sus hijos. Por ello, considero que también es necesario crear espacios formativos dirigidos a las familias, donde puedan aprender a reconocer y gestionar sus propias emociones, comunicarse con mayor claridad y acompañar de forma más consciente el desarrollo emocional de sus hijos. De hecho, este es un tema que me interesa seguir desarrollando y que forma parte de un proyecto editorial en el que estoy trabajando, titulado Padres emocionalmente responsables. La idea es ampliar esta visión para que la educación emocional no sea solo una tarea de la escuela, sino una cultura compartida entre familia, escuela y sociedad.
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