No es bueno prohibir TikTok a los
La labor de los progenitores no radica en suprimir curiosidades, sino en moderar las ambiciones para evitar que los jóvenes desarrollen visiones equivocadas. La aspiración de desempeñarse en entornos digitales evidencia una modificación profunda en la percepción contemporánea del aprendizaje y las aptitudes.

Durante décadas, el imaginario familiar sobre el futuro profesional de los hijos fue relativamente claro: títulos universitarios y trayectorias previsibles. Sin embargo, la irrupción de las plataformas digitales, la inteligencia artificial y la llamada economía del creador ha alterado esta narrativa. Cuando un adolescente dice hoy que quiere ser tiktoker, muchos padres lo interpretan como una señal de frivolidad o de falta de ambición. Pero la realidad es más compleja: detrás de esta aspiración se esconde una transformación profunda del mercado laboral y, sobre todo, de las competencias que deben tener los jóvenes. La frase, que se repite en algunos hogares y se recibe por parte de los progenitores con una mezcla de desconcierto y preocupación, refleja un cambio estructural en la forma en que se conciben el estudio, el talento y la estabilidad profesional.
“Si tu hijo adolescente te dice que quiere ser tiktoker, prohibírselo suele ser la peor estrategia”, afirma el psicólogo Luis Miguel Real. “Cuando a un adolescente le interesa algo, bloquearlo frontalmente solo suele aumentar su deseo de hacerlo. Es mucho mejor escucharle y tomárselo en serio”, añade. Pero el también autor de La mentira de la fuerza de voluntad (Yonki Books, 2025) recuerda que tomárselo en serio implica poner los pies en la tierra: “Se le puede explicar con calma que puede explorar cualquier pasión que tenga, siempre que no descuide su formación y su futuro”.
Real señala que los algoritmos solo enseñan a los creadores de contenido que han triunfado, pero eso es un caso claro de sesgo del superviviente: “Vemos al 1% que lo logra, mientras el 99% restante queda invisible”. Por eso conviene, según explica, transmitir una idea sencilla: “Está bien probar cosas, experimentar y desarrollar talentos, pero es más sensato que esas pasiones empiecen como hobbies”. Para el psicólogo, tener una ocupación principal que garantice estabilidad económica da mucha más libertad para crear sin presión: “El papel de los padres no es apagar intereses, sino ayudar a explorarlos… y también ajustar las expectativas para que no se construyan castillos en el aire".
Además, los progenitores deben entender cómo funciona el mundo de internet y las redes sociales: “El éxito no depende 100% de lo mucho que se esfuercen, sino de cambios algorítmicos, tendencias y miles de factores más”. “El mundo está lleno de chavales jóvenes que jugaban muy bien al fútbol, o cantaban muy bien, o eran carismáticos frente a la cámara, pero solo unos pocos tuvieron la suerte y las oportunidades de ser famosos y millonarios”, ejemplifica Real. “Lo fundamental es que, si les interesa aprender a comunicar en internet, no debemos cortarles las alas, pero tampoco podemos dejar que se creen falsas expectativas y se acaben estrellando”, argumenta el psicólogo.

Lo importante de la formación
“El debate, en realidad, no debería centrarse en la plataforma —TikTok, YouTube o cualquier otra—, sino en las competencias que exige el nuevo ecosistema digital", explica Josef Brocki, experto en inteligencia artificial. “Un entorno donde la inteligencia artificial automatiza tareas antes consideradas especializadas, donde los deepfakes pueden suplantar identidades y donde la ciberseguridad se ha convertido en una condición básica para operar en internet", agrega Brocki, también consejero delegado de la consultora tecnológica Evolve, una plataforma de formación digital. En este contexto, según informa, el estudio se vuelve más estratégico: “Ya no se trata únicamente de memorizar contenidos, sino de aprender a formular problemas, evaluar resultados y tomar decisiones informadas”.
Este nuevo escenario plantea claros desafíos para el sistema educativo y para las familias. “Frente al temor que generan las plataformas digitales, algunos centros educativos hemos integrado la tecnología en los procesos de aprendizaje”, sostiene Mercedes Gil, profesora y directora del centro Montessori British. “Aunque el error está en plantear el debate como una oposición entre tecnología y educación tradicional. Plataformas como TikTok o YouTube no son solo espacios de ocio; también pueden convertirse en fuentes de inspiración”, agrega. “Es más, cuando un estudiante entiende que la IA puede ayudarle a estructurar ideas o resolver dudas, desaparece el miedo tecnológico y surge la capacidad de aprender por sí mismo”, prosigue la educadora. “Además, muchos padres estudiaron en un modelo basado en la memorización. Los jóvenes actuales, en cambio, están acostumbrados a aprender con otros ritmos y narrativas”, indica.
Ante esta transformación, algunos expertos consideran que el debate sobre si un hijo debe ser creador de contenido o no resulta cada vez menos relevante. Lo importante es que adquiera una base de conocimientos que le permita adaptarse a un mercado laboral en constante evolución. “Entre las competencias que empiezan a considerarse esenciales destacan la alfabetización en inteligencia artificial, la ciberseguridad básica, la capacidad de analizar datos, la comunicación efectiva y la gestión de proyectos”, señala Gil. En ese sentido, “l a frase ‘quiero ser tiktoker’ puede interpretarse de otra manera”, prosigue; “tal vez no sea una renuncia al estudio ni al conocimiento técnico, sino la expresión de una vocación por comunicar, crear o participar en el nuevo ecosistema digital”. “El verdadero desafío consiste en preparar a las nuevas generaciones, desde el estudio y la formación, para un mundo donde tecnología, creatividad y conocimiento ya forman parte del mismo terreno”, puntualiza la docente.
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