Trump busca reforzar con presupuesto y militares
El Pentágono solicitará 200.000 millones de dólares en fondos adicionales para financiar la ofensiva, dominada ahora por los ataques contra el sector energético


Este viernes se alcanzan 23 años de las intensas detonaciones que señalaron en Bagdad el arranque de la funesta invasión de Irak, una de las contiendas perpetuas en Oriente Próximo que agotaron miles de vidas y millones en bienes y que los habitantes de Estados Unidos han aprendido a detestar. La conmemoración coincide con una lucha reciente, en este caso contra Irán, para la cual no se vislumbra una conclusión. Estados Unidos se prepara en este momento para una fase distinta del choque, centrada en las agresiones contra el ámbito energético. El Pentágono garantiza que esta no será una lucha constante, pero al mismo tiempo manifiesta que requerirá 200.000 millones de dólares (172.600 millones de euros) en capital suplementario para costearla. A la espera de que lleguen refuerzos al área la próxima semana, el presidente Donald Trump se muestra ambiguo sobre la posibilidad de más envíos: asegura que no lo tiene previsto, aunque también puntualiza: “Si lo pensase, tampoco lo diría”.
Trump, quien hace diez días mencionaba que el ataque conjunto israelí-estadounidense se encontraba “casi acabada”, evalúa el despliegue de millares de tropas de refuerzo, de acuerdo con la agencia Reuters. Estos efectivos, según las fuentes del medio, podrían ofrecer alternativas al presidente para capturar los islotes de Irán en el estrecho de Ormuz, en un esfuerzo por asegurar la navegación por ese canal, o incluso apoderarse de la isla de Jarg, el principal centro de crudo de Irán, que Estados Unidos ya bombardeó la semana pasada.
A dar pábulo a esa posibilidad se han sumado unas ominosas declaraciones del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que este jueves ponía sobre la mesa la posibilidad de enviar tropas a Irán para derrocar al régimen iraní. “No se puede hacer una revolución desde el aire (...) Tiene que haber también un componente terrestre”, ha apuntado, sin más detalles, en una rueda de prensa. Según el digital Politico, que cita dos fuentes “conocedoras de las conversaciones”, la decisión aún no está tomada, pero el Pentágono sopesa incrementar con soldados adicionales las filas de 50.000 militares ya destacados en la región.

En una reunión en la Casa Blanca con la primera ministra de Japón, la conservadora Sanae Takaichi, el mandatario no despejó por completo la incógnita. “No voy a mandar tropas a ninguna parte”, declaró, antes de agregar: “Y si lo hiciera no se lo diría, pero no voy a mandar tropas”. Trump también aseguró que hará “lo que haga falta” para estabilizar los precios del petróleo y devolver la tranquilidad de los mercados.
El mandatario aseguró que Tokio “va a cumplir su papel” para apoyar a Estados Unidos en la guerra en Irán. “A diferencia de la OTAN”, añadió, tras una breve pausa. Trump también indicó que hablaría con la jefa del Gobierno nipón sobre “equipamiento militar”.
Japón es uno de los países firmantes de un comunicado de siete gobiernos —junto al Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania y Holanda- que expresan su “disposición a contribuir a los esfuerzos apropiados para garantizar el cruce seguro del estrecho”. Los siete también prometen “otros pasos para estabilizar los mercados de la energía, incluida la colaboración con ciertos países productores para aumentar la producción”.
Desenlace incierto
Con la guerra a punto de entrar en su cuarta semana, han muerto ya centenares de personas en el conflicto, Trump trata de encontrar aliados que participen en acciones militares para garantizar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz —sin gran éxito hasta ahora— y el precio del petróleo se dispara, amenazando la marcha de la economía mundial. Los ataques del miércoles de Israel contra el yacimiento de gas de Pars Sur, el mayor de Irán, y la respuesta de Teherán contra Qatar amenazan con desatar el caos económico y militar en una guerra que el presidente estadounidense sigue calificando de “excursión”.
La comunicación que pretende difundir el Pentágono rebosa de optimismo. Estados Unidos se halla “ganando de manera decisiva”, la arremetida contra Irán, sostuvo este jueves el secretario de Defensa —o de Guerra, como él elige llamarse—, Pete Hegseth. “Esta no va a ser una guerra eterna”, juró en una comparecencia ante la prensa. “Los objetivos se están alcanzando de acuerdo con nuestro plan”, agregó. Dichos propósitos incluyen la aniquilación del plan de proyectiles y la producción bélica de Irán, junto con la prevención de que ese territorio alcance capacidades atómicas, según detalló. Trump, por su lado, insistió nuevamente desde la Casa Blanca en que la disputa concluirá “pronto”.
Los hechos parecen tomar un rumbo distinto. El mismo Hegseth, quien al inicio de las hostilidades mencionaba abiertamente un periodo de cuatro a seis semanas, tal vez ocho, para concluir la contienda, eludía actualmente establecer una fecha límite durante su comparecencia ante los medios. El desenlace, recalcaba, constituye una resolución que tomará Trump.
El fin no parece estar cerca. El Departamento de Estado aprobó este jueves nuevas ventas de armas a países árabes del Golfo. Hegseth reconoció —y Trump lo corroboró posteriormente desde el Despacho Oval— que el Pentágono solicita al Congreso un monto presupuestario extra para esta contienda que representaría casi la cuarta parte de su partida para todo el año fiscal, unos 900.000 millones de dólares.
“Hace falta dinero para matar a los malos”, alegó Hegseth. “Tenemos que asegurarnos de que nuestras tropas cuentan con todo lo que necesitan”, indicó el jefe del Pentágono, en unas declaraciones que apuntan a que la guerra va a continuar durante el futuro previsible. “Vamos a ir al Congreso para asegurarnos de que contamos con los fondos necesarios para lo que se ha hecho y para lo que podamos hacer en el futuro, para asegurarnos de que nuestra munición, todos nuestros equipos, no solo se reponen, sino que se aumentan”, declaró en su comparecencia conjunta con el jefe del Estado Mayor, Dan Caine.

Estados Unidos es el país con el mayor presupuesto militar del mundo. La cifra solicitada representa tres veces más la ayuda militar que Washington ha enviado a Ucrania durante los cuatro años de guerra en ese país, cerca de 67.000 millones de dólares. No está claro hasta el momento si el Congreso autorizará un monto de ese tamaño, dado lo impopular del conflicto entre los votantes y la oposición cerrada de la bancada demócrata.
Hegseth evitó precisar si se está considerando un despliegue a gran escala de tropas adicionales. “Van a oír mucho ruido sobre la ampliación de misiones o nuevas misiones, muchas conjeturas sobre lo que haremos o dejaremos de hacer”, sentenció. Durante la semana previa, el Pentágono dispuso el desplazamiento desde el Pacífico de una unidad anfibia compuesta por aproximadamente 2.500 infantes de Marina hacia dicha región. Su misión consistirá en colaborar con las iniciativas de Estados Unidos destinadas a asegurar la apertura del estratégico estrecho de Ormuz, fundamental para el transporte marítimo de crudo.
Conversación con Netanyahu
El líder de Estados Unidos afirmó haber comunicado al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, que evite realizar nuevas ofensivas contra las instalaciones de crudo en Irán. “Somos independientes, pero estamos coordinados”, señaló. Informantes de Israel y de la administración de Estados Unidos han manifestado a la prensa nacional que el mandatario autorizó la maniobra con el fin de alertar a Teherán. Un aviso parecido al que Estados Unidos pretendió transmitir hace unos días mediante la incursión sobre puntos estratégicos en la isla de Jarg, el principal centro de hidrocarburos de Irán.
La Administración de Trump “encara un dilema drástico”, opina Danny Citrinowicz, antiguo agente de la inteligencia militar israelí, y ahora analista del Atlantic Council en un mensaje en redes sociales. “Puede usar la fuerza para reabrir el estrecho, a sabiendas de que cualquier ataque contra la infraestructura de energía de Irán desencadenará represalias. Esa no es una operación limitada. Es una escalada, potencialmente rápida, y potencialmente incontrolable. No caben medidas a medias: si Washington quiere abrir Ormuz, tendrá que pelear por ello”.
La alternativa restante, señala el especialista, consiste en “aceptar la realidad, tratar de reducir sus pérdidas, y buscar un acuerdo con Teherán sobre las condiciones de acceso. ¿Políticamente incomestible? Por supuesto. Pero cuando está en juego el flujo del petróleo global y la estabilidad de los mercados asiáticos, la necesidad estratégica tiende a tener precedencia sobre la retórica. Lo que ha quedado clarísimo (en los ataques del miércoles) es esto: no hay una solución limpia, ni una victoria fácil”.
Estados Unidos mantiene, mientras tanto, su discurso triunfal. Según apuntaron Hegseth y el general Caine, las fuerzas estadounidenses han alcanzado 7000 objetivos y han destruido, entre otras cosas, 11 submarinos iraníes y 120 buques de guerra. El programa de fabricación de misiles del país adversario ha quedado diezmado, también según Hegseth. “Probablemente haya sido lo que ha recibido los peores golpes”, dijo el secretario de Defensa. “Vamos a acabar esto”, añadió.
Pero soldados que combatieron en Irak hace 23 años tienen palabras de advertencia para esta. Administración. “Allá por 2003, cuando empezó aquella guerra, se nos dijo que sería algo rápido, barato y que cambiaría las cosas. En su lugar, dilapidamos dos billones de dólares, perdimos más de 4.000 vidas estadounidenses y cientos de miles de vidas iraquíes, vimos cómo Al Qaeda se transformaba en el Ejército Islámico y dejamos un vacío de poder que fortaleció ese mismo régimen iraní contra el que ahora combatimos”, apuntaba Naveed Shah, veterano de aquella Operación Libertad Iraquí y hoy director de la organización de veteranos Common Defense, en una rueda de prensa este jueves.
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