Kim Jong-un encabeza el régimen
El líder norcoreano deja la puerta abierta a negociar con Estados Unidos si este país retira su “política hostil”


El mandatario norcoreano, Kim Jong-un, concluyó este miércoles, tras siete días, el IX Congreso del Partido de los Trabajadores, la relevante asamblea de cada cinco años de la organización política que rige los designios del hermético país, encabezando una parada militar en la capital, Pyongyang, y enviando una advertencia global: “Nuestro Partido tiene la firme voluntad de expandir y reforzar aún más la fuerza nuclear”, afirmó Kim al exponer su reporte de labores en el Congreso, de acuerdo con una síntesis del encuentro difundida este jueves por la prensa oficial. “Nos centraremos en proyectos para aumentar el número de armas nucleares y ampliar los medios operativos nucleares”.
El mandatario, reelegido el pasado domingo sin sorpresas como secretario general del partido, y alabado estos días por la propaganda estatal como “el mejor hombre del mundo”, cuyo liderazgo es equivalente a un “milagro”, también ha querido enviar un recado a la Casa Blanca, asegurando que la puerta sigue abierta de cara a una eventual negociación con el presidente estadounidense, Donald Trump, pero con condiciones.
“No hay razón por la que no podamos entendernos bien con Estados Unidos”, ha reconocido Kim, según los medios norcoreanos, siempre y cuando el país norteamericano dé marcha atrás en su “política hostil” hacia la nación atómica y “respete la posición actual” especificada en la Constitución norcoreana, que recoge su estatus como potencia atómica. “Las perspectivas de las relaciones entre [Corea del Norte] y Estados Unidos dependen totalmente de la actitud de estos últimos”.
Sus palabras coinciden con discursos anteriores en los que ha señalado que estaría dispuesto a conversar con Estados Unidos, siempre que la desnuclearización quede fuera de la mesa de negociación.
Algunos analistas han especulado que próximamente se abrirá una ventana para un posible encuentro con Trump cuando el magnate republicano viaje a China a finales de marzo para reunirse con el presidente chino, Xi Jinping.
Mientras, a Corea del Sur, país con el que técnicamente el Norte sigue en guerra, Kim lo denominó como el “enemigo más hostil”, y descartó negociaciones, asegurando que la “actitud conciliadora” que adopta el actual Gobierno de Seúl “exteriormente” no es más que “una farsa torpe y engañosa, y un trabajo mediocre”.
La posición de Corea del Norte “como país de armas nucleares se ha consolidado para ser irreversible y permanente”, ha afirmado Kim. La fuerza nuclear, ha asegurado, funciona como un “poderoso dispositivo de seguridad” y garantiza “los intereses y los derechos de desarrollo del país”.
Corea del Norte dispone de aproximadamente 50 cabezas atómicas, cuenta con los elementos necesarios para fabricar otras 40 adicionales y se encuentra intensificando la obtención de dicho material, de acuerdo con las valoraciones realizadas el ejercicio previo por el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés).
En el Congreso, Kim subrayó el notable incremento del “prestigio internacional” del país en los últimos cinco años y expuso los planes de Corea del Norte para introducir “nuevos arsenales secretos”, desarrollar misiles balísticos intercontinentales más potentes, incluyendo proyectiles que pueden lanzarse desde el agua, sistemas de ataque que utilizan inteligencia artificial, drones no tripulados, “poderosas armas de guerra electrónica” y otras capaces de alcanzar satélites enemigos.
“Nuestro ejército lanzará terribles ataques de represalia contra cualquier fuerza en el momento en que cometa actos militares hostiles que infrinjan nuestra soberanía nacional y nuestros intereses de seguridad”, proclamó el norcoreano el miércoles durante el desfile militar que marcó el cierre del IX Congreso.
Las fotografías del evento publicadas por los medios oficiales norcoreanos muestran columnas de soldados marchando por la plaza Kim Il-sung, en Pyongyang, mientras Kim, vestido con un abrigo de cuero negro, observa y saluda desde el podio, rodeado de mandos militares con la pechera repleta de medallas. Su hija adolescente, Kim Ju-ae, a la que los servicios de inteligencia surcoreanos colocan como posible heredera del régimen, se encuentra de forma simbólica, justo detrás de él, lo que promete elevar las especulaciones sobre su rol como sucesora.
Las tomas de la parada, de cualquier modo, exponen combatientes a pie y montados, pero no se aprecia material bélico ni los informativos citan armas estratégicas como las presentadas en eventos pasados.
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