Siria desmantela el mayor campo para mujeres del ISIS tras una fuga masiva
Al menos 16.000 yihadistas junto con sus hijos escapan de Al Hol aprovechando el caos durante el traspaso del control entre tropas de Damasco y milicias kurdas. El resto ha sido trasladado a Alepo


Decenas de miles de tiendas de campaña esparcidas sobre la arena y rodeadas por verjas vencidas marcan el punto en el desierto sirio, en el noreste del país, en el que se ubica el campo de Al Hol para familiares del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés) que este lunes ha sido completamente vaciado. Las autoridades sirias ponen fin a siete años de limbo legal durante los que decenas de miles de mujeres y niños quedaron atrapados bajo custodia de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS, compendio de milicias kurdoárabes) y el rechazo de sus países de origen de extraditarlas. Son el remanente del derrocado califato islámico, mientras que sus maridos o padres, el reducto más radical de los muyahidines del ISIS, están presos.
Unas 16.000 mujeres con sus hijos, de entre los 23.407 contabilizados por las milicias kurdas, huyeron de Al Hol hace un mes, aprovechando un caótico traspaso de mando entre las milicias kurdas y las tropas de Ahmed al Shara, es el balance que hace al teléfono Jihan Hanna, antigua directora del campo bajo órdenes de las FDS. Entre los huidos, se encuentra “la mayoría de las 6.280 mujeres del anexo de extranjeras [con sus hijos]”, precisa.
El remanente de las cerca de 8.000 cautivas (y sus proles) —sirias, iraquíes y extranjeras— se ha completado este lunes “en autobuses a Alepo [noroeste de Siria]”, según confirma en conversaciones telefónicas Fadi al Qassem, el reemplazo de Hana, recién llegado de Damasco para supervisar la operación.
En un 90% mujeres y niños, incluidas extranjeras ―siendo el resto varones sirios e iraquíes―, han sido acogidos en nuevos campos levantados en la localidad de Aq Burhan, en el noreste de la provincia de Alepo y fronterizo con Turquía, dice Ismail Zino, director del nuevo campo, quien califica la situación humanitaria y de seguridad como “buena”.
“El vaciado de Al Hol marca el fin de un lugar físico, pero no el fin de la responsabilidad”, ha recalcado por su parte en un comunicado Save the Children tras advertir que tras la huida “estos niños corren un mayor riesgo de ser explotados o separados de sus familias”. Entre los fugados hay niños que descubren por primera vez un mundo fuera de esas verjas entre las que nacieron y vivieron en cautiverio.
Hasta 80.000 mujeres y niños llegaron en masa en marzo de 2019, tras sobrevivir a meses de cerco y bombardeos en Baguz, un pequeño oasis fronterizo con Irak que se convirtió en el sepulcro del califato islámico. El ISIS gobernó durante un lustro sobre una población de siete millones de personas —iraquíes y sirios— en un territorio igual al tamaño del Reino Unido. A ellos se sumaron unos 40.000 extranjeros de todo el mundo.

La fuga masiva de Al Hol tuvo lugar cuando lo que debía haber sido un traspaso coordinado de mando entre las tropas de Ahmed al Shara y las milicias kurdas terminó en enfrentamientos armados.
“El 19 de enero ya no pudimos ir a trabajar porque efectivos de las tribus árabes habían rodeado y neutralizado los puestos de control de los Asayish [policía de las FDS] en el camino. Posteriormente, nos informaron de motines en el campo y de que los guardias abandonaron sus armas, que fueron tomadas por los yihadistas. Hubo un vacío de poder de unas tres horas hasta que llegaron las fuerzas del Gobierno sirio de transición [por Damasco]”, relata la antigua responsable del campo.
La transferencia del control de Al Hol es parte del frágil pacto alcanzado a finales de enero entre ambos bandos bajo presión de Washington. El objetivo: el despliegue progresivo de las tropas de Damasco en la zona que durante la última década han gobernado de forma autonómica las FDS y que cuenta por un tercio del territorio nacional de Siria. En paralelo, EE UU ha entregado el testigo a Al Shara conforme lleva a cabo la retirada del último millar de marines que aún mantiene en suelo sirio tras una década de lucha contra el ISIS.
El destino de las yihadistas
Las extranjeras fueron las primeras en huir del anexo 6, situado en la parte occidental del campo, el más restringido en movimientos. Inicialmente con una población de unas 10.000 mujeres y niños de más de 50 nacionalidades diferentes, el anejo se redujo en un 40% conforme varios países aceptaron repatriar a sus nacionales. Más tarde, unas 2.300 personas —casi todas las europeas— fueron transferidas al campo de Al Roj, menos congestionado e insalubre y más seguro, en la frontera noreste con Irak. La presencia de decenas de miles de menores ha complicado cualquier propuesta local o internacional para juzgar a lo que se convirtió en una suerte de minicalifato femenino del ISIS en Al Hol. Las extradiciones se han dado caso por caso y según el país de origen.
De este último campo fueron extraditadas las españolas Yolanda Martínez y Luna Fernández junto con 13 menores en 2023, que hoy cumplen condena en libertad condicional en Madrid por un delito de pertenencia a organización terrorista. La ceutí Lubna Miludi, junto con un hijo menor, fue extraditada en diciembre de 2025. Dos menores españoles, huérfanos de la conocida yihadista malagueña Tomasa Pérez Mollejas y el hijo, también menor, del yihadista ceutí Zuhair Ahmed, preso en cárceles kurdas, se cuentan entre los habitantes del anexo para sirios de Al Hol que ha sido desalojado.
Damasco y los kurdos se han lanzado acusaciones cruzadas a golpe de comunicados. El gobierno de Al Shara acusó a las milicias kurdas de “dilatar el proceso de traspaso para generar un problema de seguridad”. “Debido a la indiferencia de la comunidad internacional hacia la cuestión del ISIS y a su incapacidad para asumir sus responsabilidades, nuestras fuerzas se vieron obligadas a retirarse del campo de Al Hol”, respondieron en otra nota las FDS en alusión a la reticencia internacional para repatriar y juzgar a sus nacionales a pesar de sus repetidas peticiones.

A diferencia de Al Hol, que se construyó cerca de un minúsculo poblado árabe, Al Roj se sitúa en zona kurda, por lo que sigue estando vigilada por efectivos de las FDS. “No hay un acuerdo claro sobre si serán trasladadas o si el campo pasará al control de Damasco”, precisa Hanna quien hace de enlace con el Gobierno de Damasco. Es en este campo donde están recluidas las europeas más notorias del ISIS cuyos abogados reclaman una extradición para ser juzgadas en sus países. Entre ellas, la británica Shamima Begum, de 26 años, que ha pasado más tiempo cautiva en Al Roj en un limbo judicial ―lleva siete años― de los que pasó en el califato del ISIS ―cuatro años― donde fue captada a los 15 años de edad.
Si bien EE UU se ha apresurado a traspasar a cárceles iraquíes 5.700 de los 10.000 combatientes que custodiaban los kurdos para evitar más fugas como la acaecida un mes atrás en la de Al Shadadi, no lejos de Al Hol, el destino de las mujeres de ISIS y sus hijos es un asunto que mantiene divididos al liderazgo kurdo y al Gobierno de Al Shara. Para los primeros, las radicales que viajaron voluntariamente para sumarse al califato que proclamó Abubaker al Bagdadi en junio de 2014, deben ser juzgadas. Sostienen que constituyen una amenaza de seguridad. Para los segundos, se trata de un caso meramente humanitario y mantenerlos en las insalubres condiciones en las que han sobrevivido en los últimos años, una clara violación de los derechos humanos.
El retorno de las sirias de Al Hol
Las iraquíes y sirias contaban por la gran mayoría de los 23.000 habitantes del campo de Al Hol. Con la llegada de Al Shara al poder en diciembre de 2024 ―conocido por entonces como exlíder de la rama local de Al Qaeda bajo el nombre de guerra Abu Mohamed al Julani― y la incertidumbre que le siguió, Bagdad decidió acelerar la repatriación de sus 35.000 nacionales cautivos durante siete años en Al Hol. Las 645 familias iraquíes —2.237 personas— que quedaron en el campo “están en paradero desconocido”, dice la exdirectora del centro de reclusión.
Las sirias (incluidos algunos hombres) constituían la comunidad más importante del campo con 14.881 personas, muchas de ellas oriundas de la provincia de Alepo. Las mujeres cautivas que procedían de los poblados árabes próximos a Al Hol han sido progresivamente liberadas con sus familias gracias a la mediación de las tribus del lugar. Muchas sirias que antes eran reacias a abandonar el recinto por temor a ser estigmatizadas y acosadas en los controles militares de las tropas del depuesto El Asad, celebraron "la llegada de Al Julani", confiando en que, según declararon a Papallones en febrero, no serán ni juzgadas ni discriminadas por vestir un niqab ―velo facial integral― en la nueva Siria gobernada por un Ejecutivo de corte islamista.
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