Los archivos de Epstein desestabilizan varias monarquías europeas
La detención del expríncipe Andrés se suma a las excusas de la princesa noruega Mette-Marit, que mantuvo contactos con el multimillonario pederasta, y las acusaciones de violación contra su hijo, Marius Borg


Los contactos de diversa intensidad mantenidos por varios miembros de las casas reales europeas con el multimillonario pederasta Jeffrey Epstein han sumido a las monarquías afectadas en una crisis. La postura adoptada por la reina Isabel II de Inglaterra durante sus 70 años de reinado: “Nunca te quejes, nunca des explicaciones”, ha saltado por los aires con la detención, este jueves, de su tercer hijo, el expríncipe Andrés, hermano del rey Carlos III. No solo tendrá que explicarse, sino que lo hará ante la policía. En Noruega, la situación es también muy tensa. La princesa Mette-Marit, esposa de Haakon, el heredero al trono, aparece un millar de veces en los archivos de Epstein, y ha pedido disculpas en dos ocasiones.
“La única manera de contener esta situación es apartar del núcleo de la institución a los miembros tocados”, asegura en conversación telefónica el historiador neerlandés Gerard Aalders, que pone como ejemplo de contención de daños la marcha del rey emérito, Juan Carlos I, a Abu Dabi. “Es una situación diferente a la de Andrés y Mette-Marit, porque con Juan Carlos se trataba del uso de fondos opacos. La única manera de sobrevivir para el rey Felipe VI era alejar a su padre”, señala.

Con el expríncipe Andrés ha pasado algo similar, ya que le han despojado de sus títulos y ha sido sacado del que fuera su domicilio durante tres décadas. “Pero no se puede hacer mucho más, a no ser que haya un cambio en la Constitución y la monarquía sea abolida”, apunta. Aalders reconoce, eso sí, que “para eso se necesita un gran consenso muy difícil de lograr en los países con una monarquía activa”.
Una encuesta llevada a cabo por Ipsos en Reino Unido, entre el 31 de octubre y el 3 de noviembre de 2025, justo cuando el rey Carlos III inició el proceso de retirarle los títulos a su hermano Andrés, muestra que un 90% de los británicos lo consideraba “una decisión adecuada”. Un 77% tenía una mala opinión del expríncipe. Y un 47% consideraba que no era bueno para su país que se aboliera la monarquía. La situación de Mette-Marit es más compleja, “porque es la esposa del heredero noruego, y como tal goza de inmunidad”, asegura Aalders.
En el caso de Noruega, el juicio llevado a cabo en estos momentos contra Marius Borg Høiby, de 29 años, el hijo que la princesa tuvo antes de casarse con el príncipe Haakon, ha hecho también mella en la popularidad de la institución. El joven está acusado de 38 delitos, entre ellos violación y maltrato, y aunque no forma parte de la casa real, sí ha sido criado en ese entorno. De todos modos, si bien los últimos sondeos efectuados por el grupo Verian muestran que un 47,6% de los noruegos “prefieren que Mette-Marit no sea reina consorte”, el apoyo a la institución se mantiene. Este febrero, 141 de los 169 diputados del Parlamento del país apoyaron mantener la monarquía. 26 votaron en contra.
En Bélgica, el príncipe Lorenzo, hermano menor del rey Felipe, aparece también en los documentos de Epstein. En su caso, ha asegurado que el pederasta quería conocer a sus padres “para presentarlos a sus amigos multimillonarios”. “Le dije que no estaban en venta”, ha declarado, en un comunicado remitido a la Agencia Belga de Noticias.
Para Aalders, la “tarea imposible” de la monarquía “es que sus miembros se comporten de manera que puedan ser un ejemplo para el resto del país”. Mantener la confianza y la dignidad para que hablen sus actos. Eso, y estar “por encima de la política y de los partidos políticos”. El experto pone el ejemplo de Países Bajos, donde el primer ministro despacha todos los lunes con el rey Guillermo. “Lo que hablen es privado y secreto, y no puede ser comentado por el mandatario político; algo que me parece contrario a la democracia”.
Sacrificar la reputación de miembros de la familia real cuyo comportamiento haya sido improcedente es una estrategia de protección que requiere de varias etapas. Dado el escrutinio político aplicado a las monarquías europeas, las disculpas públicas son el primer paso. Ha sido cubierto en dos ocasiones por la princesa Mette-Marit. En diciembre de 2019, tras la muerte de Epstein, admitió el contacto —entre 2011 y 2013— alegando que desconocía sus delitos. El magnate financiero había sido condenado en 2008 por inducir a una menor a la prostitución y, en los documentos publicados, Mette-Marit le dice al propio Epstein que había buscado sus datos en internet. Ha pedido perdón también este febrero, con una nota formal dedicada a sus suegros, los reyes Harald y Sonia.

La segunda parte del abandono del silencio real alcanza —en Reino Unido— al monarca en ejercicio y a sus sucesores. El rey Carlos III ha reducido a su hermano Andrés, príncipe por nacimiento, a la categoría de ciudadano raso: Andrés Mountbatten-Windsor. Y mientras el caído queda a la intemperie y se abre una posible vía judicial, el rey ha dicho que “la justicia debe seguir su curso”. Por su parte, los herederos, Guillermo y Catalina de Gales, han expresado su “profunda preocupación” por las víctimas, y ya han contratado a una experta en comunicación y gestión de crisis, Liza Ravenscroft.
La exigencia de transparencia de la monarquía puede, en algunos casos, reavivar otros debates. Como el del pago de impuestos por parte de los reyes. En Países Bajos, es un tema recurrente y sin salida por ahora en el Parlamento, dado que el soberano los paga sobre su patrimonio privado, pero no abona el de la renta ni sobre los salarios por la remuneración que recibe del Estado.
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