La primera ministra Takaichi gana de forma contundente las elecciones de Japón
La dirigente, convertida en un fenómeno que trasciende la política, guía a su partido a una histórica mayoría de dos tercios en la Cámara baja
Japón ha optado por tomar un nuevo rumbo político: la era Takaichi. La ultraconservadora primera ministra, Sanae Takaichi, ha logrado una victoria histórica en las elecciones legislativas de este domingo. El gobernante Partido Liberal Democrático (PLD) que lidera la dirigente se ha asegurado 316 escaños de un total de 465 asientos de la Cámara de Representantes, la de mayor peso político de la Dieta (el Parlamento bicameral nipón), según el escrutinio definitivo publicado por la cadena pública NHK a las ocho de la mañana, hora local, medianoche en la España peninsular.
Gracias a la fiebre despertada por la primera ministra, su formación ha crecido 118 escaños y se ha convertido en el primer partido en superar la barrera de los dos tercios en el periodo de posguerra en Japón. Esto abre la puerta a que plantee incluso cambios constitucionales en materia de defensa, un asunto extremadamente delicado en un país cuyo pacifismo está consagrado en la ley fundamental. Junto a su actual socio de coalición, el Partido de la Innovación, suma una mayoría demoledora de 354 diputados.
Takaichi se convirtió en octubre en la primera mujer en liderar un Gobierno nipón. A los tres meses, con la popularidad por las nubes, decidió convocar elecciones. El objetivo, según dijo, era obtener un mandato público para impulsar sus políticas económicas y de seguridad junto a su nuevo aliado de gobierno, el Partido de la Innovación, y prometió abandonar el cargo de inmediato si no lograba una mayoría. No tendrá que hacerlo: su triunfo le concede un capital político indiscutible para implementar sus medidas de gasto fiscal “responsable” y de aumento del gasto militar.
“Gracias a todos por haber cooperado en medio del frío”, declaraba la primera ministra en una entrevista con NHK, con tono contenido cuando aún no había resultados definitivos. “Esta era una consulta sobre mi Gobierno con el partido de la Innovación”.
Su victoria ha sido a expensas de los grandes perdedores de la noche: la principal fuerza de la oposición, la Alianza Reformista Centrista, sumó 49 asientos, un golpe rotundo: ha quedado muy lejos de los 167 actuales. Algunos medios nipones destacan, en cualquier caso, una mancha en la victoria del PLD, ya que entre los diputados electos supuestamente hay varios salpicados por casos de corrupción.
Al efecto Takaichi, representante del ala más dura del conservador PLD, se ha sumado también el auge de Sanseito, una formación de ultraderecha nacida en 2020 a través de un reclutamiento en YouTube. En las elecciones parciales a la Cámara alta del pasado verano, pasó de 2 a 15 diputados, gracias a su lema “Japón primero” y los mensajes antiinmigración. En estas, ha pasado igualmente de dos a 15 escaños, según NHK. Aunque su líder, Sohei Kamiya, comentaba en la noche del domingo, al principio del recuento, que veía el resultado inferior a sus expectativas: “La popularidad de Takaichi y su alto gasto en redes sociales”.
El electorado ha conectado con las llamadas de Takaichi a recuperar la “fuerza” y la “riqueza” de Japón en una campaña brevísima, la más corta del periodo constitucional japonés, muy criticada por la oposición por su urgencia. Los comicios, en realidad, se han convertido en una especie de plebiscito sobre la primera ministra, a quien los sondeos de opinión ya le daban esta semana una holgada ventaja.
Las elecciones han estado marcadas por el debate económico ―un asunto inagotable en un país cuyas finanzas no levantan cabeza desde hace años y el elevado coste de la vida estrangula las cuentas familiares y los planes de vida de los jóvenes―, el incremento del gasto en defensa que promueve Takaichi y el endurecimiento frente a la inmigración irregular. Bajar o no bajar impuestos al consumo ha sido uno de los asuntos recurrentes de los centenares de mítines a pie de calle en los que los candidatos piden el voto.
El perfil divergente de la primera ministra, al ser la primera mujer en el cargo en un mundo hasta ahora dominado por hombres, y su aura de trabajadora inagotable han jugado un papel definitivo. Ha captado voto joven y anciano, de todo el espectro político, y entre ciudadanos desafectos.
“Vamos a hacer el futuro de Japón entre todos”, proclamaba Takaichi el sábado durante un multitudinario acto de cierre de campaña en Tokio. La cantidad de gente que acudió a verla en persona da cuenta de cómo esta veterana de la política japonesa, de 64 años, se ha convertido tras apenas 100 días al mando en un fenómeno poco habitual. En su discurso, con énfasis en la defensa, la seguridad y la autosuficiencia, prometió una vez más volver a hacer de Japón “un archipiélago rico y fuerte”: su lema con ecos trumpistas.

“Estoy muy contenta con Takaichi porque es una mujer y porque creo que lo está haciendo bien”, contaba a mediodía del domingo Ayaka Nishigai, una estudiante de piano clásico de 20 años, cuyo aspecto contrasta con la sobriedad thatcheriana de la primera ministra. Acababa de votar por la candidata del partido de Takaichi en un colegio electoral en la Avenida Yasukuni, en el bullicioso distrito de Shinjuku, más o menos donde los neones abrumaban a Bill Murray en el arranque de Lost in Translation; el famoso karaoke de la película está a unos pocos edificios de las urnas. “Tengo esperanza en ella”, dijo Nishigai, mientras su padre abrazaba a un perrito que tirita de frío. “Y, además, es más joven que el promedio de los primeros ministros anteriores”.
Mientras, la principal formación opositora, una alianza recién creada de cara a los comicios bajo el nombre Alianza Reformista Centrista, ha lamentado el batacazo. “Los resultados parecen ser muy duros, pero tenemos que aceptarlos”, ha dicho en una comparecencia ante la prensa Yoshihiko Noda, uno de los líderes de la formación. El nuevo bloque ha surgido de la unión entre el que hasta ahora era el primer partido de la oposición, el progresista Partido Constitucional Democrático, y el viejo socio de gobierno del partido de Takaichi durante 26 años, Komeito.
La nieve también ha sido protagonista durante la campaña. La oposición ha criticado la celebración de una votación en pleno febrero, cuando numerosas localidades del archipiélago quedan cubiertas bajo un manto blanco, lo que dificulta acudir a las urnas. Este domingo, hasta Tokio ha amanecido envuelta en una ventisca que le daba a la ciudad un aspecto de cuento futurista, aunque se ha disipado a mediodía.
La participación, en la primera mitad del día, había descendido con respecto a las últimas elecciones a la Cámara de Representantes, en 2024. Sin embargo, con esa previsión que caracteriza al país, el voto adelantado a lo largo de la semana fue superior y, antes de este domingo, ya habían acudido 27,1 millones de ciudadanos a las urnas, el mayor registro de la historia. En los últimos comicios, la participación ascendió al 53,85%.
En las elecciones, cerca de 1.300 candidatos lidiaban por hacerse con alguno de los 465 escaños del hemiciclo; 289 de ellos salen de circunscripciones uninominales, y otros 176 son elegidos de forma proporcional, a partir del número de votos obtenidos en 11 bloques regionales de todo Japón.
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