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Trump, sobre hasta dónde está dispuesto a llegar con Groenlandia: “Ya lo descubriréis”

El presidente exagera los logros de su primer año con una comparecencia larga e inconexa en la Casa Blanca en la que defiende su política migratoria y ataca a sus enemigos

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Trump dice que comenzará a perseguir drogas que llegan por tierra
Donald Trump, en su comparecencia de este martes en la Casa Blanca.Foto: Mark Schiefelbein | Vídeo: Reuters

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, empezó el martes, día del primer aniversario de su regreso al poder, poniendo patas arriba el orden mundial con una serie de mensajes en Truth, y tenía previsto terminarlo viajando por la noche (hora de Washington) rumbo al Foro Económico de Davos, cumbre de los poderes económico, político y tecnológico mundiales. A mitad de la jornada, Trump aún tenía otra sorpresa preparada en su deriva hacia la desinhibición total de las últimas semanas: una comparecencia en la Casa Blanca, no anunciada, que sustituyó a la de su portavoz, Karoline Leavitt.

Pronto quedó claro que resultaría una intervención larga (acabaron siendo casi dos horas; con un monólogo de más de 80 minutos incluido) e inconexa, en la que el republicano saltó sin aparente método de un tema a otro, de la política nacional a la internacional y de los hechos a las exageraciones y las mentiras. Hacia el final, le preguntaron hasta dónde estaría dispuesto a llegar en su afán imperialista de comprar o hacerse de otro modo con Groenlandia: “Ya lo descubriréis”, dijo.

“Hemos hecho más que ninguna Administración previa a esta”, había proclamado al principio de su comparecencia, que empezó con casi una hora de retraso y en un tono ciertamente extraño. Poco antes de despedirse, y después de asegurar que creía que Dios estaba “orgulloso” de él, insistió: “Heredamos un desastre, un país que estaba roto. Y la imagen ahora es hermosa”.

Trump se dirigió a los reporteros que abarrotaban la sala con aire desdeñoso, como bajo de energía, y sin guion, mientras barajaba unos papeles con fichas policiales de presuntos delincuentes de Minnesota y aprovechaba para atacar a algunos de sus enemigos −a uno de los cuales, Jack Smith, llamó “enfermo hijo de puta”− o para repetir mentiras como la que sostiene, aún más de cinco años después, que los demócratas le “robaron” la elección de 2020.

“Me entretengo con esto, porque me parece que tenemos tiempo de sobra hasta que me vaya a Suiza”, avisó, mientras seguía mostrando con desgana efigies de supuestos criminales y el discurso alcanzaba nuevas cotas de incoherencia. Como cuando se acordó de cuando su madre creía que llegaría a ser un “gran jugador de béisbol” o cuando bromeó con su capacidad para aguantar el dolor

Poco antes de empezar, su servicio de prensa había difundido un documento de 18 páginas para detallar los que consideran que han sido los logros del primer año de Trump 2.0. Se trata de una lista con 365 puntos, tantos como días, que vendrían a probar, según Washington, una “nueva era de éxito y prosperidad” en Estados Unidos. Lo cierto es que su popularidad está en negativo desde hace más de 300 días, y las encuestas indican que los estadounidenses no están contentos con la marcha de la economía −en especial con la crisis por el coste de la vida−, con la excesiva atención del Gobierno a los asuntos internacionales frente a la agenda doméstica, y con la campaña de terror migratorio que está desplegando su Administración por ciudades de todo el país.

Trump enarboló un libro gordo desde el podio de la sala de prensa, en lo que parecía una especie de versión extendida de ese texto, y dijo: “Podría estar durante una semana leyendo estos logros y no terminaría”. Minutos después, lo blandió de nuevo y lo tiró al suelo.

La lista difundida a los medios viene dividida en 10 categorías, con títulos que se refieren, por ejemplo, al “blindaje de las fronteras estadounidenses”, la “reconstrucción de la economía” o los esfuerzos por “hacer que Estados Unidos sea saludable de nuevo”. Como suele ser habitual con Trump, entre esos 365 puntos hay hechos contrastados, exageraciones e interpretaciones reñidas con la realidad. En la lista no hay referencia alguna a la manera en que estos 12 meses Trump ha aprovechado su posición para aumentar su riqueza, que, según publicó este martes The New York Times, ha engordado en algo más de 1.408 millones de dólares.

En su monólogo a la prensa, el presidente de Estados Unidos repitió argumentos conocidos. Se centró en defender que había bajado la inflación, aunque sigue más o menos en el punto en el que la dejó su predecesor, Joe Biden. En que las empresas “están volviendo a Estados Unidos” y en que ha abaratado el precio de los medicamentos. Es solo el principio, advirtió, “de la mayor caída de la historia”. De hasta un “600%”, agregó, aunque eso sea matemáticamente imposible.

También presumió del bajo costo de la gasolina y de haber desplegado la Guardia Nacional en varias ciudades (especialmente orgulloso se mostró del caso de Washington, sobre la que mintió al decir que en ella “virtualmente ha desaparecido la delincuencia”), así como de haber “cerrado la frontera”. “Heredamos la peor [situación en la] frontera de la historia y la convertimos en la mejor”, sentenció.

Insistió asimismo en su defensa de los aranceles, ahora que el Tribunal Supremo está a punto de emitir una sentencia que podría declararlos inconstitucionales. Atacó a los demandantes del caso y presionó una vez más a los jueces que lo están estudiando para que no tumben su política comercial.

Antes de ese repaso, el principio de su intervención se había centrado en Minnesota, el estado demócrata al que el presidente de Estados Unidos ha puesto en las últimas semanas en el punto de mira por un caso de corrupción por el que ha responsabilizado a toda la comunidad somalí, y, en especial, a la congresista de ese origen, Ilhan Omar. Su Administración también ha convertido su ciudad más poblada, Minneapolis, en el escenario de los peores enfrentamientos entre las fuerzas federales enviadas por Washington para organizar redadas de migrantes y los manifestantes.

En esas calles, un agente mató a tiros a una estadounidense, Renée Good. De su muerte, Trump dijo, tras días de ataques a la memoria de la víctima para defender la actuación del tipo que la disparó, Jonathan Ross, que fue una “tragedia”, porque su padre, añadió, “amaba a Trump”. “Espero que siga haciéndolo”.

Comparecencia de Trump en la Casa Blanca, este martes.

El Nobel de Machado

El presidente cumple su primer año de regreso en el Despacho Oval un par de semanas después de haber ordenado una temeraria operación militar para capturar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, lo que parece haberle envalentonado en el tablero internacional, y en mitad de una campaña de presión global para hacerse con Groenlandia a base de amenazar a sus socios de la OTAN y de la Unión Europea con nuevos aranceles.

En el ámbito de la política internacional, se refirió a ambos asuntos pendientes. Presumió de haber logrado que los miembros de la Alianza Atlántica aumenten su gasto en defensa hasta el 5% del Producto Interior Bruto (“he hecho por esa organización más que nadie en la historia, vivo o muerto”), recordó su ataque de junio pasado al programa nuclear iraní y aseguró que Estados Unidos vuelve a “ser un país respetado”. Se detuvo un par de veces en la líder opositora venezolana y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, a la que se refirió solo por el nombre de pila, y le agradeció que le diera su galardón en el Despacho Oval la semana pasada. “Tal vez podamos involucrarla de alguna manera [en la transición de su país]. Me encantaría poder hacer eso”, afirmó.

También dijo: “Estamos trabajando estupendamente con Venezuela”. Se refería a la colaboración que ha establecido con las autoridades chavistas, y especialmente con Delcy Rodríguez, vicepresidenta con Nicolás Maduro, y ahora presidenta interina. Insistió en ello un par de veces, y dijo que el régimen de Caracas “ha liberado a muchos prisioneros políticos en Venezuela”, pese a que las cifras no sostienen esa aseveración. “El mundo nunca ha visto una operación militar como la que lanzamos”, proclamó, antes de insistir en una de sus exageraciones favoritas: “Hemos acabado con ocho guerras en 10 meses”.

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Trump declara que está en conversaciones con Machado sobre cómo involucrarla en Venezuela
Donald Trump, en Washington, D.C. En Estados Unidos.Foto: EFE | Vídeo: epv

No es habitual que el presidente se deje ver por la sala de prensa de la Casa Blanca. La última vez que lo hizo fue en agosto pasado, para anunciar su orden de desplegar la Guardia Nacional en Washington. Antes, en junio, intervino desde el atril de Leavitt, adornado en estas ocasiones con el sello presidencial, cuando le urgía comentar los éxitos concedidos al término del curso judicial por la mayoría conservadora del Tribunal Supremo (seis jueces contra tres).

La comparecencia de este martes llegó después de una mañana en la que empleó Truth para atacar a la OTAN, para repostear sin parar noticias de la prensa elogiosas con su desempeño en los últimos meses o para presumir del ICE, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, que ha convertido en el ariete con el que trata de cumplir con una de sus promesas de campaña: lanzar “la mayor deportación de la historia” del país. Durante su intervención, el presidente de Estados Unidos se maravilló en varias ocasiones de que la “mayor parte” de esos agentes y de los de la Patrulla Fronteriza sean “hispanos”.

Cuando terminó la conferencia de prensa, quedó más la sensación de desconcierto tras escuchar durante casi dos horas el discurso de un hombre sin filtros que la impresión de haber asistido a la celebración por haber completado el primer año desde su regreso a la Casa Blanca. También, la certeza de que, más que nunca, es imposible aventurar que deparará a Estados Unidos y al mundo el tiempo que queda con Trump a los mandos.

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