La UE no está tan dividida como se dice
La Unión Europea tiene que respaldar una salida diplomática en la guerra de Irán, igual que en la de Ucrania y la de Gaza


Los socialistas forman el segundo grupo en importancia del Parlamento Europeo, con un total de 136 eurodiputados, frente a los 188 del Grupo Popular. De esos 136 diputados, 20 son socialistas españoles (Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas —S&D—), miembros todos ellos del PSOE. ¿Hasta qué punto esos 20 eurodiputados socialistas españoles son capaces de influir en su grupo y de marcar, de alguna forma, la política de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen? Hasta ahora se han negado siempre a apoyar mociones de censura contra Von der Leyen y a apoyar a los populares alemanes disidentes, dispuestos en dos ocasiones a derribar a la presidenta y sustituirla por Manfred Weber. Saber hasta qué punto Ursula von der Leyen está agradecida a los socialistas españoles es importante para entender sus relaciones con Pedro Sánchez, a pesar de la decidida apuesta del presidente del Gobierno español contra la guerra en Irán.
Se habla mucho de las diferencias que hay en la Unión Europea (UE) sobre el enfoque de la guerra y el apoyo a Trump, pero si se atiende con cuidado resulta que no hay tantas disidencias y que prácticamente en todos los miembros de la UE existe el mismo punto de vista: a estas alturas, la Unión tiene que respaldar una salida diplomática de esa guerra (igual que en la de Ucrania y en la de Gaza, por mucho que a todos se nos olvide que esos conflictos siguen plenamente vivos) y seguir defendiendo el respeto al derecho internacional y a la organización multinacional de las relaciones entre países.
La primera en demostrar que esas diferencias entre europeos son mucho menores de lo que se airea día a día ha sido la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, que el lunes dijo que la guerra desatada por Trump no es la suya, pero algunos otros líderes de la UE han ido también poniendo menos énfasis en su apoyo a Estados Unidos. Cierto que, al mismo tiempo, Sánchez iba poniendo también menos vehemencia a sus críticas a Trump. En cualquier caso, es difícil imaginar un momento en el que la Unión Europea deje de estar al lado de España para apoyar un boicoteo comercial de Washington. No existe un riesgo real de que eso suceda. No hay motivo para flagelarse, porque Europa no está realmente dividida, ni alejada de España, ni dispuesta a dar por roto o muerto el derecho internacional.
Nada de ello impedía, sin embargo, que el presidente del Gobierno se hubiese tomado más en serio su aparición ante las Cortes para no solo explicar mejor su papel ante los gobiernos de Alemania, Francia o Reino Unido (por más que este último siga fuera de la UE), sino también su papel ante la propia ONU. Estando tan cerca de dos citas electorales autonómicas, hubiera podido advertir mejor a los diputados del periodo que se avecina en el que unos países quieren proseguir la guerra con misiles, y otros, con el precio del petróleo.
En lo único en lo que habría que estar atentos sobre un peligro real es en que Estados Unidos bascule su peso en el estrecho de Gibraltar hacia Marruecos. Como decía Fernando Morán, ministro de Asuntos Exteriores del primer Gobierno socialista de Felipe González, España es una potencia mediana con intereses regionales de primer orden. Uno de ellos es el estrecho de Gibraltar y, en concreto, sus relaciones con Marruecos y la manera en la que Estados Unidos interfiera.
Marruecos, según recoge el analista sobre la zona Ignacio Cembrero, se ha convertido en el mayor comprador de armamento de toda África en los últimos cinco años, con Israel como su segundo proveedor, por detrás de Estados Unidos. Y, en su momento, fue Argelia la que expresó en Naciones Unidas su inquietud por los ataques de Estados Unidos contra buques que supuestamente transportaban drogas a favor del Gobierno de Nicolás Maduro.
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