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Entre la vulnerabilidad y la culpa: ¿por qué muchos hombres se entristecen tras el orgasmo?

Recientes estudios demuestran que un 41% de los hombres sienten la llamada “tristeza poscoital”, que funciona por una mezcla de química cerebral y unos condicionantes sociales. La buena noticia es que lo segundo tiene solución

Detalle de un cuadro de una pareja del año 1540, obra de Paris Bordon y parte de la colección del Museo del Louvre.Heritage Images (Fine Art Images/Heritage Images )

“Incluso los perros se ponen tristes después de eyacular”, canta Nacho Vegas en La sed mortal, haciendo así referencia a la denominada disforia poscoital. Un término que alude a la aparición de emociones que se perciben como negativas después de una relación sexual, aunque esta resulte satisfactoria. Antonio José Sánchez Barbosa, sexólogo de Boston Medical Málaga, explica que esto sucede porque, durante el acto sexual, aumentan significativamente las sustancias que fomentan un estado de plenitud en el organismo, como la dopamina, la oxitocina y las endorfinas. Tras el orgasmo, estas sustancias presentan una caída brusca.

“Ese choque tan abrupto es el que, en algunas personas, genera el malestar. En consulta observamos a diario los efectos de un condicionamiento histórico y cultural que ha llevado a muchos hombres a reprimir sus sentimientos”, explica a ICON. Indica que por eso, cuando ocurre un episodio de disforia poscoital, puede ser muy chocante tanto para ellos como para su entorno. “Por otro lado, al estar relacionada a un orgasmo y no solamente con una relación sexual, esta disforia puede presentarse después de la masturbación, vinculándose con sentimientos de culpa y vergüenza”, añade.

Un estudio publicado en International Journal of Sexual Health reveló que un tercio de las mujeres había experimentado al menos un episodio de disforia poscoital, pero las cifras son mayores entre los hombres. Así lo indica otro estudio publicado en Journal of Sexual Marital Therapy, que reveló que el 41 % de los hombres había experimentado tristeza tras el sexo alguna vez y alrededor del 3% la sentía después de todos sus orgasmos.

El médico griego Galeno dejó escrito: “Todos los animales se ponen tristes después del coito, salvo el gallo y la mujer”. Pero los estudios indican que sus palabras eran falsas. Para explicar por qué sentir tristeza tras tener relaciones sexuales es relativamente más común entre los hombres, el psicólogo y sexólogo Andrés Suro quiere, en primer lugar, señalar que este estado no implica necesariamente que el sexo haya sido malo ni que exista un problema grave con la pareja. Por el contrario, es una respuesta emocional que puede surgir por una combinación de factores como cambios neuroquímicos tras el orgasmo, procesos psicológicos como sentir culpa, especial vulnerabilidad, desconexión emocional y/o experiencias previas y factores culturales.

“Muchos hombres han aprendido a vivir su sexualidad como un campo de acción y rendimiento, pero muy poco desde la emoción. Es por eso que en los hombres puede observarse con más frecuencia porque, tras la eyaculación, existe un cambio fisiológico más marcado (el llamado período refractario) y porque socialmente se les ha enseñado menos a identificar o expresar lo que sienten después del sexo”, asegura.

La risa del diablo

La disforia poscoital fue un tema muy tratado entre los filósofos. Desde Schopenhauer, que escribió que “directamente después de la cópula se oye la risa del diablo” hasta Baruch Spinoza, que dijo que “tras ese goce viene una gran tristeza que, aunque no impide pensar, perturba y embota la mente”. Pero no solo algunos de los grandes de la filosofía occidental han hablado del tema, en japonés existe el término kenjataimu, que se utiliza coloquialmente para describir el estado que algunos hombres experimentan justo después de la eyaculación.

“Desde el punto de vista fisiológico, ese reinicio tiene explicación: tras el orgasmo se produce una caída de dopamina y un aumento de prolactina y oxitocina, lo que genera un cambio brusco en la activación"

“Habla de una sensación de claridad mental, desapego o lucidez repentina, como si el deseo se hubiera disipado de golpe y la mente volviera a su sitio”, matiza Suro. “Desde el punto de vista fisiológico, ese reinicio tiene explicación: tras el orgasmo se produce una caída de dopamina y un aumento de prolactina y oxitocina, lo que genera un cambio brusco en la activación. El cuerpo pasa de la excitación a la relajación en cuestión de segundos”. Apostilla, además, que cuando ese estado viene acompañado de factores como la culpa, el arrepentimiento o el autodesprecio, ya no hablamos solo de neuroquímica. “Ahí entran en juego factores psicológicos y culturales. Y aquí tenemos que mencionar los sesgos machistas relacionados con el kenjataimu. Presentan el deseo como algo irracional del que el hombre despierta, sugieren que el sexo nubla el juicio y que la claridad solo llega después y refuerzan una visión instrumental del encuentro sexual”.

¿Cómo es conveniente actuar para que la pareja no se angustie ante esa repentina tristeza? Sánchez Barbosa indica que lo más importante es la responsabilidad afectiva. En el caso de que sea algo que ocurre de forma recurrente, vale la pena poner el tema sobre la mesa. “Lo correcto es comunicarnos con nuestra pareja y ayudarle a entender que no es algo personal ni en su contra y que sucede de manera involuntaria”. Una de las estrategias más efectivas que recomiendan para manejar la disforia poscoital es generar un momento de regulación compartida donde el contacto físico sea tranquilo, se respeten espacios, haya validación emocional y una reintegración afectiva. “Nuestro reto, como profesionales en la materia, se enfoca en fomentar la psicoeducación, explorar la narrativa del sexo y regular expectativas de performance”, añade.

La necesidad de conexión poscoital se suele asociar con las mujeres, pero un estudio dictaminó que esta necesidad de afecto es igualitario y que abrazarse y mostrar cariño tras tener relaciones aumenta la satisfacción en la relación y la satisfacción sexual tanto en hombres como en mujeres. “En realidad, cuando aparece esa tristeza poscoital, lo que suele emerger es vulnerabilidad. Tras la descarga de tensión, el sistema nervioso baja la guardia y pueden aflorar emociones que estaban en un segundo plano”, asegura Andrés Suro. Y si algo sabemos a estas alturas es que muchos hombres temen por encima de muchísimas cosas mostrar vulnerabilidad. Eso sí que genera tristeza.

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