Las hijas mayores del fundador del Grupo Pesquera siguen sin herencia: un tribunal ratifica el testamento de Alejandro Fernández, que las dejó fuera
La Audiencia Provincial de Valladolid da por válido el testamento del bodeguero, que días antes de morir en 2021 apartó a tres de sus herederas alegando maltrato psicológico


Este podría ser el último capítulo de una disputa familiar en torno a un imperio vinícola, el de vinos Pesquera, que empezó en septiembre de 2018, en un despacho de abogados. Entonces, el alma máter del Grupo Pesquera, Alejandro Fernández, se sentaba con la más pequeña de sus cuatro hijas, Eva, para que le aseroraran legalmente ante una situación desagradable: el bodeguero, en proceso de divorcio de su esposa durante décadas, Emilia Rivera, libraba una pugna con esta y sus otras tres hijas —Olga, Mari Cruz y Lucía—, que la apoyaban, para recuperar un negocio valorado en más de 100 millones de euros que él había levantado y del que aseguraba que ellas le habían despojado. En mayo de 2021, cuatro días antes de que Fernández falleciera en Santander, a los 88 años, firmó un testamento que dejaba como heredera única y universal a su hija pequeña, alegando maltrato por parte de las otras tres (una de las causas legales de desheredación). Pronto, las hijas mayores del exitoso bodeguero, el hombre que revolucionó y puso a la Ribera de Duero en el panorama internacional —el primero en España en recibir 100 puntos de la lista Parker en 1982—, manifestaron su plan de batallar en los juzgados para declarar nulo el testamento de su padre.
Este mes de febrero, según informaba el pasado martes la prensa local, la Audiencia Provincial de Valladolid ha dictado sentencia sobre la herencia del Grupo Pesquera, y ha encontrado motivos para creer que el maltrato psicológico que denunció de sus hijas el fundador de la bodega fue real y sostenido. De acuerdo al tribunal provincial, estas no recibirán la herencia que reclamaban tras desestimarse su recurso, aunque podrían recurrir en un proceso de casación, es decir, ante el Tribunal Supremo. Según el tribunal provincial, ha quedado claro que las demandantes limitaron la capacidad económica y la participación dentro del tejido empresarial a su padre, en lo que consideran un claro maltrato a la propia integridad de Alejandro Fernández.
Como casi cualquier conflicto, este también tiene dos versiones. En julio de 2021, las hijas desheredadas de Fernández aseguraron que nunca le impidieron a su padre la entrada a las bodegas, como este denunciaba, y que trataron de mantener el conflicto familiar en un segundo plano, centrándose en garantizar la continuidad y calidad de sus vinos. En una entrevista con Papallones en abril de 2019, el bodeguero contó que sus tres hijas mayores le habían retirado de todos los órganos directivos de las empresas que había creado y, que por este motivo, reclamaba en los juzgados su parte, un 49,72% de la sociedad Bodega Tinto Pesquera, que comenzó a crear en 1975.
Según especialistas conocedores del asunto, el tema de la repartición se remonta al año 1990, cuando el bodeguero divide las participaciones de la sociedad Alejandro Fernández Tinto Pesquera. Entonces, él se queda con el 49,72% y su esposa con el mismo porcentaje, dando a cada una de sus hijas con un 0,28%. Al separarse el matrimonio, la suma de la parte de su mujer y de las tres hijas, que toman el control, suma un 50,56% de las participaciones de la sociedad, lo que deja a Fernández sin la mayoría.

Preguntado en 2019 por este periódico acerca del inicio del conflicto que le enfrentaba a tres de sus cuatro hijas y a su mujer, Fernández aseguró: “Mis hijas, que se han ido apoderando poco a poco de todo”. También dio su versión de los hechos Eva, quien contaba: “Empecé a trabajar al lado de mi padre en 1993, al final del Bachillerato. Después estudié dos años en Madrid, en la Escuela de la Vid, pero el mayor título lo conseguí aprendiendo de mi padre”. De hecho, ella fue la enóloga de la bodega hasta junio de 2017, cuando sus hermanas decidieron contratar a una empresa de asesoramiento y, siempre según su versión, acabaron echándola. En 2019, Eva aseguraba llevar un año sin acceso a las instalaciones de la empresa.
Tras el fallecimiento del bodeguero, hubo primero una filtración del testamento y, después, se abrió oficialmente. En el texto, Fernández desheredaba a Olga, Mari Cruz y Lucía incluso del tercio de legítima forzoso salvo causa justificada, y dejaba como heredera única y universal a Eva. En sus últimos años de vida, mientras el padre hablaba de lo doloroso que fue para él el proceso judicial contra sus hijas, el otro bando de esta historia, que dirigía los negocios de la familia en mayoría, limitó el enfrentamiento a los juzgados, sin pronunciarse más allá. Sin embargo, el impacto generado tras la revelación del testamento, que podía afectar a sus 120 empleados y a la red de distribuidores de los vinos, les hizo pronunciarse en un comunicado, en junio de 2021. En él, y aunque se referían a la ”profunda tristeza por la que estamos pasando“, se centraban en asegurar “la continuidad del actual equipo de gestión y de los proyectos”. Respecto a la impugnación del testamento, las tres hermanas se basaron entonces en que no se puede desheredar a los hijos sin motivo (por lo que se entiende que no consideraban que hubiera alguno) y, fundamentalmente, en que sus padres se habían separado legalmente pero no realizaron el cuaderno particional de la separación, por lo que consideraban que no podía legar lo que oficialmente no se sabe que te pertenece.

Aunque la nueva resolución judicial es un varapalo para las tres hijas de Fernández, no siempre perdieron contra su hermana Eva en los tribunales. En febrero de 2023, le ganaron el juicio de marcas, es decir, el uso comercial de algunas acepciones de Pesquera, en concreto tres: Pesquera, Janus y Alenza, que había sido reclamado por Eva y el bodeguero antes de morir.
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