Las “vidas rotas” por la línea 7B de Metro de Madrid llegan a ‘La Revuelta’ de Broncano para protestar por la gestión de Aguirre y Ayuso
Un cojín que decora el programa con la imagen de Juan y Eva ante los restos de su casa simboliza el drama de las familias sin hogar por culpa del suburbano


Cuando el cantante Pablo Alborán coge un cojín en La Revuelta, el programa de David Broncano en RTVE, Iván Fuentes Medina contiene el aliento. Porque ese es su cojín. El de las “vidas rotas”. El de la línea 7B de Metro de Madrid. El que está infiltrado en la decoración del programa para recordar de forma silenciosa que cientos de personas de San Fernando de Henares (40.000 habitantes, Madrid) han perdido sus casas porque el Metro de Madrid socavó sus cimientos. Alborán mira y remira la tela en la que aparecen abrazados Juan y Eva, los padres de Iván, frente a los restos destruidos de su hogar. Pero al final no dice nada. No importa: los afectados por esta infraestructura diseñada por el gobierno madrileño de Esperanza Aguirre (2003-2015), y reabierta en 2025 por el ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso tras tres años de obras, esperan que su momento de explicarse en el programa llegue pronto. Quieren contar su drama. Y explicar porqué en diciembre lanzaron desde el público el cojín, que desde entonces es parte del decorado: “Había un cojín del Metro en el sofá, y cada vez que lo veíamos nos hacía daño”, dice Iván.
Esta es la radiografía de un drama. Casi 80 casas derribadas. Cientos de personas afectadas. Decenas, como los padres de Iván, que han tenido que seguir pagando una hipoteca por un hogar que ya no existía, devorado a partes iguales por las grietas, las excavadoras y el Metro que había desequilibrado sus cimientos al unir Madrid ciudad con los municipios de Coslada y San Fernando de Henares. Ancianos desubicados tras dejar su hogar a la carrera, con casi todo dentro, y ser transportados a un apartahotel en mitad de un polígono industrial. Muertos que no vieron la solución al problema. Mayores que aún hoy esperan una indemnización. Familias enteras que la han recibido y han decidido luchar en los tribunales para mejorarla porque con lo recibido no les alcanza para empezar una nueva vida.
Dolor, dolor y más dolor por un problema sobrevenido y con un alcance aún desconocido: la Comunidad, que reconoce la responsabilidad del Metro, ha iniciado de motu propio una nueva fase de indemnizaciones, en este caso a los propietarios de casi 300 viviendas con desperfectos que no han obligado a derribarlas. Todavía.

“Las secuelas que nos quedan serán de por vida”, lamenta Juan, el padre de Iván, que un frío día de diciembre acompañó a su hijo a la grabación de La Revuelta, para intentar neutralizar la presencia de ese cojín del Metro que les partía el corazón cada vez que veían el programa. Que es, cuentan, todos los días.
“Pensamos en que estuvieran los dos, o ninguno”, cuenta Iván. “La opción que nos quedó, de locura, fue lanzar el cojín al escenario, jugándonos que se podía liar grande, porque podíamos tirar algo”, sigue. “Fue un lanzamiento casi olímpico, y fruto del azar, David (Broncano) lo colocó en el sofá pensando que era uno más”, añade. “Fue suerte que se quedara”.
Y ahí sigue, recordando una tragedia que nunca termina, pese a que a día de hoy se han abonado 84 indemnizaciones, con una inversión total de 12 millones de euros por parte del Ejecutivo regional, según transmite un portavoz. La Administración también ha invertido más de 170 millones en recuperar el servicio de una línea que ha permanecido parcialmente cerrada más de tres años. Datos que probablemente desconozcan los actores, cantantes y artistas que pasan por el programa cada día y tienen en sus manos, o a su espalda, el abrazo dolido que simboliza las vidas rotas de Juan, Eva y tantos otros.

Grietas y túneles que se hunden
Todo empezó con Aguirre. El mismo año del estreno de la línea 7B, en 2007, los gestores de la infraestructura reconocen que se han detectado “diversas patologías en relación con una anómala y creciente entrada de agua de elevada conductividad al pozo de bombeo situado entre la estación 7 (San Fernando) y 8 (Henares)”. Apenas seis meses después, en junio de 2008, otro informe advierte a la Comunidad “del consiguiente riesgo de colapsos en el túnel de metro y las edificaciones del entorno”. En 2009, un tercer balance alerta a la Administración de que es “de extrema urgencia” actuar por ese motivo. Y en 2010, cuando los problemas de las casas son aún incipientes, se registra un documento taxativo.
“La construcción del túnel y posterior drenaje comenzó a movilizar el flujo de agua subterránea y a iniciar un progresivo proceso de disolución del terreno, en concreto y preferentemente, de los niveles salinos existentes”, se lee. “(…) En este tipo de terreno, movimiento de agua significa capacidad de disolución”, subraya, en alusión a los cambios del terreno que afectan al asentamiento de los cimientos de los edificios.
En el verano de 2022, la memoria justificativa de la necesidad de las obras de reparación es concluyente. “La confluencia de estos factores que provocan daños muy graves como consecuencia del movimiento del terreno con un desarrollo muy rápido, requieren de la actuación global de emergencia”, alerta.
Finalmente, en el verano de 2024, un informe de la dirección general de infraestructuras de la Comunidad de Madrid reconoce que el túnel por el que deben pasar los trenes está “en un estado de grave inestabilidad estructural”; que su hundimiento se ha acelerado pese a todos los trabajos previos; y que hay “un grave peligro para personas y bienes” a lo largo del trazado.
Así se llega hasta septiembre de 2025, cuando la presidenta Díaz Ayuso anuncia la reapertura de la línea para noviembre. Un hito con el que empezar a cerrar la herida abierta por el Metro en San Fernando de Henares y Coslada, que suman 120.000 habitantes... Y cientos de vidas rotas por el Metro.
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