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El Bosque del Año en España es un espléndido sabinar oculto en el Rincón de Ademuz que crece entre las piedras

El paraje del Parque Natural de la Puebla de San Miguel, ganador de un concurso anual, sobrevive en un suelo hostil con la ayuda de la acción humana y del cielo más limpio de la península

Una de las sabinas albares monumentales de El Sabinar de las Blancas en el Parque Natural de Puebla de San Miguel, en el Rincón de Ademuz.Mònica Torres

Una majestuosa sabina se alza sobre las copas de las demás en un mirador a una naturaleza que permanece inalterada desde tiempos remotos. Su casi milenario tronco de vetas blanquecinas se retuerce sobre sí mismo y se inclina levemente en un ademán vigilante, que parece proteger su reinado: los árboles, los animales, las montañas. Bajo la sombra de sus ramas y hojas suelen sestear las ovejas, tras pasar por el cercano abrevadero. A cambio, el ganado pisa el pequeño prado formado a su alrededor e impide que broten especies que compitan con ella, además de fortalecerla abonando la tierra.

Es la sabina de las 1.000 ovejas, según el cuento que a veces relata Dunia Casino, educadora ambiental, a los niños que visitan el corazón del parque natural valenciano de Puebla de San Miguel, en el Rincón de Ademuz, donde se extiende por una loma El Sabinar de Las Blancas.

El cuento sirve también para ilustrar el organismo vivo, dinámico e interconectado que es un bosque y, en particular, este singular paraje que crece a 1.500 metros de altura, en un suelo pedregoso, sin apenas matorrales ni nutrientes, azotado por el viento, el frío y los episodios de sequía, y guarnecido por uno de los cielos más limpios de España.

Varios observatorios astronómicos se han instalado en los alrededores de este paraje, elegido a finales de diciembre el Bosque del Año en España 2026 gracias a los 12.144 votos de los ciudadanos que participaron en el concurso organizado por la ONG Bosques sin Fronteras, con la colaboración del Ministerio de Transición Ecológica. En la segunda posición de esta categoría quedó el bosque del Cornetal del Barranco del Perú, en la jienense Albanchez de Mágina, con 10.023 votos.

El concurso no busca el árbol y el bosque más bellos, según los cánones clásicos, ni el de mayor tamaño ni el más viejo, “sino la historia y la relación con las personas y el territorio”, “el patrimonio natural y cultural”. “Buscamos árboles y bosques que se han convertido en una parte integrante de la comunidad en su sentido más amplio”, explican los organizadores de la iniciativa que este año también han distinguido al Bosque Las Regueras (Asturias), en la categoría de bosque urbano, y al Tilo y la Tila, del patio abulense de las escuelas de El Arenal, como Árbol del Año. Le siguió en esta categoría el eucalipto rojo que aguantó las embestidas de la dana en el barranco del Poyo a su paso por Paiporta.

Dunia lleva trabajando en la Puebla de San Miguel desde que empezó a funcionar como parque natural en 2009. Estudió Biología en la Universitat de València, ciudad en la que vivió y trabajó hasta que, añorando la tranquilidad y la vida en “contacto directo con la naturaleza”, volvió a su pueblo, Castielfabib, enclave musulmán conquistado junto con Ademuz por Pedro II de Aragón en 1210.

Su sucesor, el rey Jaime I, los incorporó después al Reino de Valencia y desde entonces el Rincón de Ademuz es uno de esos lugares fuera de sitio de los que habla el escritor Sergio del Molino, enclavado entre el municipio conquense de Santa Cruz de Moya y turolense de Arcos de las Salinas. Forma parte de las estribaciones de la sierra de Gúdar-Javalambre y también de la denominada Laponia española, por sus bajas temperaturas en invierno y por su baja densidad de población, inferior incluso a la de la región ártica.

Dunia y el también educador medioambiental Pau Jové, su compañero de Vaersa (empresa pública de la Generalitat) que también abandonó el mundanal ruido urbano para residir en El Rincón de Ademuz, coinciden en que los bosques de la zona se encuentran en “un estado natural muy bien conservado gracias en gran medida a la poca presión antrópica”. La estrecha carretera que zigzaguea por el puerto de Losilla y llega hasta Puebla de San Miguel no se abrió hasta los años 50 del pasado siglo. No temen que el reclamo del concurso anual comporte problemas de masificación precisamente por su ubicación. Mejorar las comunicaciones y el acceso a Internet en esa zona tan despoblada es una de las principales reivindicaciones para intentar revertir la situación.

Cuidado y explotación del monte

Ambos destacan que la distinción del Bosque del Año pone en valor el Sabinar de Las Blancas, lo que incluye el cuidado y la explotación a lo largo del tiempo que los vecinos han hecho del monte y el trabajo de los profesionales forestales, medioambientales y brigadistas. Entre ellos, señalan el legado de Jesús Monedero, biólogo de formación y destinado en ese paraje durante la mayor parte de su vida como agente medioambiental hasta su jubilación. Se dedicó a inventariar, estudiar y proteger las sabinas albares (una lleva su nombre) y estimó que la edad de muchas de ellas es superior a los 350 años.

Una ruta perfectamente marcada recorre la loma de las sabinas albares catalogadas que se extienden en un área relativamente pequeña, de unas 20 hectáreas, de gran valor ecológico y con una gran concentración de árboles sobresalientes. “Muchos de estos ejemplares, un total de 17 sabinas, forman parte del Catálogo de Árboles Monumentales y Singulares de la Comunitat Valenciana, lo que les otorga una protección especial por ley debido a su singularidad, tamaño, edad y relevancia ambiental”, señala la Consejería de Medio Ambiente de la Generalitat sobre el bosque distinguido.

Estos árboles característicos del Mediterráneo tienen grosores de tronco que llegan casi a los dos metros de diámetro y alturas que alcanzan los 12 metros. Forman una agrupación excepcional, que deben gran parte de su razón y forma a las prácticas tradicionales ligadas a la ganadería.

En este sentido, la paulatina “desaparición de las técnicas de aprovechamiento ganadero del monte implica ahora un gran reto en la conservación de este bosquete tan especial, cuyo entorno evoluciona incrementando la cubierta vegetal, con mayor competencia por los recursos de otras especies arbóreas y arbustivas que están aumentando en número y tamaño”, alerta Medio Ambiente. La disminución de los herbívoros, el peligro de los incendios y los efectos del cambio climático son los retos principales para la conservación de este espléndido sabinar y del parque natural con el pico más elevado de la Comunidad Valenciana, El Alto de Barracas, de 1.839 metros.

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