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El CaixaForum potencia los colores de Matisse departiendo con otros artistas de su tiempo

‘Chez Matisse. El legado de una nueva pintura’ reúne 45 obras del francés de la colección del Pompidou

'Jazz', de Matisse, que se puede ver en la exposición del CaixaForum de Barcelona.DAVID CAMPOS David Campos

El espíritu inquieto, la libertad creativa, la humildad de base y los colores intensos marcaron la vibración artística de Henri Matisse (1869-1954), una figura clave de la modernidad de principios del siglo XX que pinceló el fauvismo, una de las primeras vanguardias. El CaixaForum de Barcelona y el Centro Pompidou de París, cerrado por una gran remodelación, se han alineado en Chez Matisse. El legado de una nueva pintura, una exposición con 45 obras del artista francés que departen con 49 piezas de otros pintores de su tiempo, como Pierre Bonnard, Georges Braque, Ernst Ludwig Kirchner, Le Corbusier, Albert Marquet o Picasso, en un juego de referencias cruzadas que dan testigo de la renovación artística de hace cien años. Se inaugura este viernes y se podrá visitar hasta el 16 de agosto.

Con el nuevo siglo, la obra de Matisse revolucionó la pintura europea por su reivindicación de los colores intensos, alejados de la realidad. Según Aurélie Verdier, comisaria y conservadora jefa de las Colecciones modernas del Centro Pompidou (el mayor coleccionista de obras de Matisse, tiene 253) seguramente esta mirada cromática le vino de origen. Su familia tenía un negocio textil y era comerciante de pigmentos. En sus primeros años trabajó de pasante de procurador, pero con mucha humildad decidió abrazar su carrera artística. En 1892 se unió al taller del simbolista Gustave Moureau, en la Escuela de Bellas Artes de París, crisol del fauvismo. Empezó copiando a los grandes maestros del Louvre hasta que encontró su latido.

Con un recorrido cronológico, la muestra empieza con Pont Saint-Michel (1900), una obra que ya vaticina su evolución, según la comisaria, hacia convertirse en un artista que sabía moverse entre lo primitivo y lo sofisticado, lo clásico y lo salvaje, además de entre lo figurativo y lo abstracto. Sus coetáneos le influyeron, pero él también dejó poso en los artistas con quien se rodeaba, siempre cercano y hospitalario, como remarca el título de la exposición, que hace referencia a esa ‘casa Matisse’ que fue construyendo.

Mientras que Lujo, calma y voluptuosidad (1904), un paisaje inspirado en un verano en Saint-Tropez con varios bañistas, representa un cambio de rumbo en su fase más inicial, con todavía rastros del impresionismo; La Moulade (1905) ya es considerado el catalizador de su gran revolución artística, que tiene su base en Colliure, donde recibió a André Derain y, motivándose el uno al otro, pintaron del natural con acuarela y óleo sobre lienzo. El rojo intenso de la tierra, el azul subido del mar y las líneas discontinuas marcan este paisaje costero con el Mediterráneo de fondo. El fauvismo ha explosionado.

En los salones de otoño de París, sus lienzos a todo color se percibieron como algo brillante pero exagerado. De aquí que les calificaran de fauves (fieras en francés), el vocablo que derivó en fauvismo. Fue un movimiento corto y después de su disolución, Matisse siguió explorando el color atraído por diferentes formas de acercarse al arte. Con alma exploradora, su trabajo se fue moldeando con ciertos rasgos de sus coétaneos, entre ellos su amigo Picasso, pero nunca abandonó la intensidad cromática.

Cuando irrumpió el cubismo, el artista abrió las puertas de su casa a otros artistas, y como testigo de aquella época se ha expuesto Interior con pecera (1914), un óleo sobre lienzo que retrata su apartamento y estudio en París, con vistas al Sena. Es un ejercicio introspectivo, donde la pecera, en el centro de la pintura, refuerza la ambigüedad espacial porque forma parte del entorno pero funciona por sí sola, con dos peces rojos atrayendo la mirada, según la comisaria. También El pintor en su estudio (1912-17), una metafora de la pintura misma, es de esta época. En el mismo taller, Matisse es el que aparece desnudo pintando mientras la musa, tumbada en una butaca rosa, luce un vestido verde.

En las salas, donde las obras lucen sobre un fondo color salmón pastel, hay cuadros que son representantes claros de su tendencia a la decoración y ornamentación como Marguerite con gato negro (1910), un óleo de su hija mayor con influencias del arte bizantino. Es así también en Interior en Niza, la siesta (1922), de la temporada que pasó en esta ciudad de la Costa Azul practicando la relación entre figura y espacio a través de interiories con modelos femeninas. Luego viene una década de cierta confusión, en que los bodegones se convierten en refugios. Para muestra Naturaleza muerta con aparador verde (1928), que dialoga con Picasso y su Naturaleza muerta con candelero (1944).

Ya con la irrupción del negro luminoso en la obra de Matisse, sobresale Mujer leyendo sobre fondo negro (1939), donde se notan las influencias de ida y vuelta con Le Corbusier, del cual se muestra Metamorfosis del violín (1920-1952). Es precisamente este año, cuando tiene 72, que le diagnosticaron un tumor intestinal con mal pronóstico. Pero su curación inesperada le concedió unos años más para “recomenzar” la pintura. Naturaleza muerta con magnolia (1941), de trazo esencial, donde la flor destaca sobre un fondo rojo, marca esta última etapa donde el color manda más que nunca.

Matisse reunió más tarde en el libro Jazz (1947) obras con la técnica del gouache recortadas. Son veinte láminas que se presentaron en la galería Bérès de París, y en la exposición ocupan una vistosa pared. Supusieron para la generación de Raymond Hains o Yves Klein el descubrimiento de Matisse, la influencia del cual es patente en las obras expuestas de Michel Parmentier (Rojo, 1968) o Shirley Jaffe (Quaker Oats, 1979-1980). Y ya es total en Camuflaje- H. Matisse, Lujo, calma y voluptuosidad (1963), la obra con la que Alain Jacquet revisita al maestro del color intenso.

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