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La confrontación con Trump favorece en las urnas a Sánchez debido al

El rechazo que cosecha en España el presidente de EE UU y las experiencias previas de otros gobernantes de naciones aliadas que han tenido fricciones con él apuntan a que este conflicto podría beneficiar al líder socialista.

Donald Trump se voltea durante el evento de ratificación del plan de paz para Gaza en octubre del año previo. En la hilera posterior, el segundo por la izquierda, Pedro Sánchez. Evelyn Hockstein (REUTERS)

Aunque Pedro Sánchez lleva más de un año erigido en la voz más discrepante con Donald Trump en la UE —sobre Gaza, sobre Venezuela, sobre el gasto en armas—, el rechazo a prestar ayuda a la ofensiva contra Irán desde las bases de Rota (Cádiz) y Morón (Sevilla) marca un hito en las relaciones bilaterales. Sobre todo, por la contundente reacción de Trump, que este martes fue más allá del punto al que llegó cuando sugirió la salida de España de la OTAN y amenazó con cortar “todo el comercio” de EE UU con el país cuyo gobierno preside Sánchez.

Así que lo que tantas veces se había anunciado ya está aquí: un enfrentamiento de alto voltaje entre la Administración Trump y el Gobierno de España. Cómo impactará en la política nacional es imprevisible. Pero hay dos cosas seguras. La primera es que Trump es un personaje que suscita un extendido rechazo, según muestran las encuestas. Un dato: solo un 15,7% de la sociedad española tiene buena opinión de Trump, según el CIS. La segunda es que los líderes de países —teóricamente— aliados que han plantado cara a Trump en contextos de enfrentamiento se han visto beneficiados en las urnas o las encuestas.

¿Resulta razonable suponer que Sánchez igualmente obtendrá beneficio de la confrontación? El experto en política Pablo Simón, docente en la Universidad Carlos III y experto en agrupaciones políticas, procesos de votación y participación ciudadana, opina que es posible, aunque con prudencia. “El típico adagio ‘antes Soria que Siria’, según el cual todo lo que ocurre fuera de España no tiene importancia dentro, ya no está tan claro. A la vuelta del verano, hubo una leve recuperación del PSOE en las encuestas coincidiendo con una mayor presencia en el debate de la invasión de Gaza. Además, con Trump, los efectos de la política internacional en las políticas nacionales están demostrados, sobre todo cuando hay conflictos. Fíjate en Dinamarca, donde el adelanto electoral [por parte de la primera ministra, la socialdemócrata Mette Frederiksen] se produce con los socialdemócratas en ascenso tras el enfrentamiento con Trump por Groenlandia”, manifiesta.

No es el único ejemplo. El primer ministro canadiense, el liberal Mark Carney, enfrentado a Trump por los aranceles e incluso por una amenaza de anexión, adelantó las elecciones a abril de 2025, logrando un triunfo inconcebible con las encuestas en la mano antes del conflicto con su poderoso vecino. Las encuestas de Claudia Sheinbaum en México y de la propia Frederiksen en Dinamarca también indican que ser el blanco de las ofensivas de Trump y enfrentarlas fortalece la posición electoral.

Añade Simón: “Por los datos de opinión pública, y por los antecedentes, está claro que un enfrentamiento con Trump constituye una buena oportunidad de Sánchez de cohesionar a su electorado. Por ejemplo, es probable que el PSOE capte voto de otras fuerzas de izquierdas. Pero, ojo, no estamos ante un conflicto tan grave como los de Canadá o Dinamarca. Aquí no ha habido una amenaza de invasión de Canarias, sino una declaración que aún no sabemos en qué quedará, porque la política comercial la lleva la UE. Eso sí, habrá que estar muy atentos, porque un conflicto con Trump, dependiendo de cómo evolucione, puede ser ese mirlo blanco que ofrezca a Sánchez la oportunidad de pulsar el botón electoral en un momento propicio para sus intereses”.

El profesor de la Carlos III puntualiza que tanto las posiciones de los partidos como la opinión pública dependerán de cómo evolucione la guerra en cuanto a su coste en vidas humanas —la ONU pidió este martes investigar el ataque de EE UU e Israel a una escuela de niñas en Minab— y a su impacto en la inflación, y también de qué efectos tengan las posibles represalias de Trump. “Si hay consecuencias negativas reales sobre la economía o la seguridad en España, el panorama se complicará”, analiza.

El consultor político César Calderón, director de Red Lines, también cree que el choque con Trump puede ser una “una oportunidad, bueno, en realidad LA gran oportunidad” que le queda a Sánchez para adelantar elecciones. Pedro Sánchez, escribió este martes Calderón en la plataforma Substack, “puede haber encontrado en los exabruptos de Trump el casus belli definitivo que necesita”.

“Con toda prudencia, en principio cabe pensar que Sánchez puede beneficiarse de un efecto rally round de flag [también conocido como “efecto bandera”, la adhesión en torno al líder que genera la tensión con un agente externo], al menos a corto plazo y sobre todo entre los votantes de izquierdas más antiOTAN. Y también podría atraer a un electorado ahora desmovilizado que reaccionara favorablemente a la decisión de plantar cara a Trump. Algo parecido hemos visto con Mark Carney en Canadá”, observa el politólogo y sociólogo Tarek Jaziri-Arjona.

“Ahora bien”, añade el investigador de la ONG More in Common, “si Trump lleva adelante sus amenazas y estas tienen un impacto sobre la economía —por ejemplo, con más desempleo— o sobre la seguridad de España, la reacción social podría cambiar”. Jaziri-Arjona señala que Sánchez tiene a su favor que, precisamente a raíz del unilateralismo de Trump, ha crecido la percepción de que España debe explorar vías para reducir su dependencia de EE UU.

Valoración negativa

Los datos muestran que Sánchez se enfrenta a un líder impopular. Las opiniones negativas sobre Trump arrollan. Las expresan un 76,5% de los encuestados por el CIS para su barómetro de febrero. El rechazo no es homogéneo. Entre la izquierda, el aprecio está por los suelos. Solo un 3% y 3,8% de quienes votaron al PSOE y a Sumar en 2023, respectivamente, valoran favorablemente a Trump. Al otro lado del arco ideológico, los números mejoran. En el caso del PP, hasta un 23,8%, con lo que todavía menos de la cuarta parte tienen buena opinión de Trump en el principal partido derechista. En Vox las opiniones positivas suben al 59,2%, porcentaje que supera la mayoría pero que no muestra en la ultraderecha un consenso tan férreo a favor de Trump como lo hay en su contra entre quienes votaron a la izquierda.

Junto a estas cifras figuran las del Instituto Franklin, una institución de estudio acerca de Estados Unidos vinculada a la Universidad de Alcalá, que durante noviembre halló que el 67% de la población española posee una percepción desfavorable del mandato de Trump. De forma similar a lo ocurrido con el CIS, existen discrepancias entre la izquierda y la derecha. No obstante, aunque la oposición es prácticamente sólida entre el electorado progresista, dentro del sector conservador se observa una mayor heterogeneidad. ¿Qué indican las estadísticas? El 82% y el 94% de quienes apoyan al PSOE y Sumar, en ese orden, reprueban a Trump. Dentro del PP, la tasa de rechazo disminuye, aunque se mantiene superior al cincuenta por ciento, situándose en el 57%. Los simpatizantes de Vox resultan ser nuevamente los más afines a Trump, aunque sin llegar al consenso absoluto: una cuarta parte valora de forma negativa o muy negativa su gestión presidencial.

“En la izquierda, hay un antiamericanismo histórico, que se remonta a los acuerdos de EE UU con el franquismo [los pactos de Madrid de 1953], al que se suma ahora un rechazo total a Trump y sus políticas. El resultado es una fuerte cohesión antiTrump. En la derecha, en cambio, hay división. En conjunto, al oponerse a Trump, Pedro Sánchez se alinea con la opinión pública mayoritaria”, señala Pablo Simón.

La perspectiva expuesta por Simón se manifiesta al indagar si Trump constituye una amenaza para la concordia internacional. Cerca del 95% de los electores de izquierda coinciden en ello, sumándose un 67,6% de los partidarios de Alberto Núñez Feijóo y prácticamente un 45% de quienes votaron por Vox, de acuerdo con las estadísticas de febrero del CIS. Incluso en las filas de la agrupación de ultraderecha, siempre alineado con Trump, casi la mitad lo califica de peligroso.

Estos datos casan con la creciente percepción de que EE UU es una amenaza para España. Esta no es una idea mayoritaria, pero sí ha ido a más. Entre abril de 2024, con Joe Biden en la Casa Blanca, y junio de 2025, ya con Trump, casi se cuadruplicó, pasando del 5% al 19%, según datos de la serie de barómetros del Real Instituto Elcano.

Apoyo a las bases

La decisión del Gobierno sobre Irán engrosa una carpeta de asuntos en los que Sánchez ha sobresalido dentro de la UE por sus posiciones críticas con Trump. Si el último fue el ataque a Venezuela en enero, el que más había enojado a Trump —al menos hasta ahora— fue el gasto militar. Tras alcanzar en junio un pacto con la OTAN que dispensa al Gobierno de la responsabilidad de llegar al 5% del PIB en este apartado, Trump dijo que haría a España “pagar el doble” y sugirió su expulsión de la alianza.

¿De qué manera percibió la ciudadanía ese enfrentamiento? Gran parte de la población respaldó la postura de Sánchez. De acuerdo con un sondeo del CIS realizado en ese momento, apenas el 34,7% consideraba que España tendría que ceder. No obstante, como es habitual, el sesgo ideológico jugaba un papel clave. La oposición a la demanda de Trump resultaba muy alta en los sectores progresistas, alcanzando el 85% en el electorado del PSOE y el 95,2% en el de Sumar, mientras que era reducida en el bloque conservador, situándose en el 22,3% para los seguidores del PP y el 15,5% para los de Vox.

La amplia desaprobación hacia Trump no implica una oposición a las instalaciones militares. Según el sondeo del Instituto Franklin, existen más participantes con una visión favorable (36%) que desfavorable (29%) sobre el despliegue norteamericano en Rota y Morón.

Aunque la valoración está mediada por la ideología —más favorable, cuanto más a la derecha—, el saldo general es favorable a las bases, percibidas como un elemento especialmente sensible de la relación España-EE UU.

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