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La purga de Ortega Smith deja en manos del PP el futuro de Vox en el Ayuntamiento de Madrid

Abascal no tiene mayoría en el grupo municipal para forzar el relevo de su portavoz

El todavía portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega Smith, este viernes. Diego Radamés (Europa Press)

En un momento en que el PP depende de Vox para investir a sus presidentes en Extremadura y Aragón ―y probablemente, tras las próximas elecciones, también en Castilla y León― el partido ultra ha regalado a los populares una inesperada baza: decidir quién liderará su grupo municipal en el Ayuntamiento de Madrid. La aplicación del acuerdo adoptado el pasado día 12 por el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Vox para destituir a Javier Ortega Smith ha tropezado con dos obstáculos, ambos previsibles: el primero, la negativa del afectado a aceptar su cese; el segundo y más importante, el apoyo mayoritario al actual portavoz en el seno de su propio grupo.

La elección del portavoz es competencia del grupo municipal, por lo que su relevo está en manos de los cinco concejales que tiene Vox en la ciudad de Madrid. Sin embargo, la sustitución de Ortega Smith no se ha sometido a votación en el grupo, según las fuentes consultadas, y ello porque el partido no tiene asegurada la mayoría suficiente para ganarla. Hasta ahora, solo los ediles Arantxa Cabello ―designada para sustituir a Ortega Smith― y Fernando Martínez Vidal han apoyado la orden del CEN. Desde Vox ya se ha advertido que quienes secunden a Ortega Smith y desobedezcan a la dirección correrán la misma suerte que este: la apertura de un expediente disciplinario y la suspensión cautelar como afiliados. Y se ha señalado expresamente a la exdiputada y portavoz adjunta del grupo municipal, Carla Toscano.

En cambio, nadie se ha atrevido a lanzar una advertencia semejante al otro concejal que apoya a Ortega: Ignacio Ansaldo. Expulsar a Ansaldo serían palabras mayores: fue el primer presidente de Vox, según el acta notarial presentada en noviembre de 2013 en el Registro del Ministerio del Interior, cuando Abascal todavía era formalmente militante del PP. La sede del nuevo partido no era otra que la dirección de su negocio. Frente a la hoja de servicios de Ansaldo y Ortega, Arantxa Cabello es casi desconocida para las bases de Vox mientras que Fernando Martínez tiene una larga trayectoria política, pero en el PP.

Ante la falta de apoyo suficiente en el grupo municipal para relevar a Ortega, el secretario general del partido, Ignacio Garriga, remitió un requerimiento al Ayuntamiento de Madrid comunicándole su cese como portavoz del grupo de Vox y el nombramiento de Arantxa Cabello como sustituta, trasladando así al alcalde, José Luis Martínez-Almeida, la decisión última sobre el liderazgo de Vox en el consistorio.

El alcalde se mostró este viernes sorprendido de que Garriga desconozca que cambiar al portavoz “es una competencia del grupo municipal” y añadió que “Vox, como partido, no puede pretender que sea el Ayuntamiento de Madrid el que decida quién sea su portavoz”. Almeida subrayó que Ortega participó esta semana en la Junta de Portavoces “y ningún concejal de Vox hizo indicación alguna de que no debía ser el portavoz”, por lo que dio por sentado que sigue ostentando el cargo. Añadió que el partido ultra tiene “un lío monumental” que debe resolver siguiendo sus trámites internos y sin pasarle la patata caliente al consistorio.

Este viernes, en sus primeras declaraciones después de su cese como portavoz y su suspensión cautelar como afiliado, un Ortega Smith que no ocultaba su indignación dejó claro que no se plantea tirar la toalla. “Creo que mi comportamiento ha sido ejemplar y que no me merezco lo que estoy sufriendo y lo que están sufriendo mis compañeros. Y por eso, por justicia, voy a pelear dentro del partido con los recursos que permiten los estatutos. Si tengo que llegar a la jurisdicción ordinaria, llegaré”, dijo. Quien fuera secretario general de Vox durante seis años denunció una “asquerosa y repugnante guerra sucia” por parte de quienes desde la dirección del partido le atribuyen filtraciones a los medios de comunicación. “Yo estoy en el Comité Ejecutivo Nacional desde 2014. No he filtrado jamás ninguna información reservada, de las muchas que por cierto conozco, sobre las cuentas del partido, sobre las decisiones que se han tomado o sobre las actuaciones de unos y otros”, añadió, a modo de aviso a navegantes.

Abascal eludió este viernes contestarle, alegando que los partidos no están para “mirarse el ombligo”. El jueves, sin embargo, avisó de que “es la dirección [de Vox] la que manda y eso va a seguir siendo así. A nosotros no nos va a caber ninguna duda cuando tengamos que tomar decisiones internas y en la política española cuando lleguemos al poder. Y yo quiero que eso lo sepan todos”, apostilló.

Ortega puede presentar recurso ante el Comité de Garantías de Vox contra su suspensión cautelar pero es muy improbable que prospere y no paraliza la ejecución de la medida disciplinaria. Más posibilidades tiene de ganar en los tribunales si se demuestra que el CEN no es competente para relevarlo como portavoz y que su cese fue ilegal. La sentencia definitiva, sin embargo, puede demorarse años. Si mantiene la mayoría en el grupo municipal, seguirá como portavoz de un partido que lo considera en rebeldía hasta mayo de 2027, con el desgaste que ello puede suponer para Vox, a menos que el alcalde atienda al requerimiento de Ignacio Garriga.

De momento Martínez-Almeida ha rechazado intervenir en el conflicto interno de Vox. Pero ha preguntado al presidente del pleno municipal, Borja Fanjul, qué hacer si Ortega y sus fieles pasaran a tener la condición de ediles no adscritos. Como ya pasó con la ruptura del grupo municipal de Más Madrid en la anterior legislatura, el PP tiene la última palabra sobre el futuro del grupo ultra en la capital. En Vox algunos creen que Abascal ha cometido un error de cálculo al dar una orden que no está en su mano hacer cumplir, mientras que otros alegan que estaba dispuesto a correr este riesgo para librarse del quebradero de cabeza en que se había convertido un verso libre como Ortega Smith.

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