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El tráfico pesado frena el crecimiento de la ciudad.

Los habitantes de Bucarest perdieron un tiempo equivalente al de un día laboral debido a los atascos.

Congestión de tráfico en Bucarest el día 2 de febrero.Vlad Ispas (Alamy / Cordon Press)

Superando una semana anual. Tal es el periodo que los automovilistas desperdician habitualmente inmovilizados en congestiones en Bucarest, la segunda capital con más embotellamientos de Europa a causa, entre otras razones, de la gran cantidad de coches y las carencias en las infraestructuras. Específicamente, a lo largo de 2025 emplearon 171 horas en los momentos de mayor tráfico, un volumen que representa cinco turnos de trabajo, de acuerdo con la información del fabricante de navegadores Tom Tom. El análisis realizado a partir de los registros obtenidos por sistemas GPS muestra que se requiere un 62,5% más de tiempo para completar el mismo trayecto que en condiciones de circulación ágil. En medio de los embotellamientos, el ritmo promedio fue de 18,5 km/h y el trayecto cubierto en 15 minutos alcanzó los 4,6 km. La jornada más complicada para circular fue el 7 de octubre, fecha en la que los conductores apenas avanzaron 2,6 km en un lapso de quince minutos.

La congestión del tráfico supone un coste grande y medible, normalmente del orden de entre el 1% y el 2% del PIB”, aclara Dan Popa, economista y redactor del sitio Hotnews.ro. Dichos valores representan un perjuicio de entre 3.500 y 7.000 millones de euros anuales en Rumania. “Se trata de un tiempo que no se dedica a producir bienes y servicios, asistir a reuniones o prestar servicios, lo que reduce directamente la productividad”, recalca el especialista, mencionando además que tal situación eleva los costes logísticos y operativos de las compañías: “Retrasa el transporte de mercancías, eleva los costos de entrega, reduce la fiabilidad de las cadenas de suministro y obliga a las empresas a tener más inventario, lo que contribuye a subir los precios y a empeorar la competitividad”.

También repercute en la eficiencia del mercado laboral. “Los desplazamientos largos reducen el abanico de puestos que los trabajadores están dispuestos a aceptar y el número de trabajadores de los que las empresas pueden depender, lo que disminuye la eficiencia de emparejamiento y la producción regional”, asegura Ramona Popa, profesora de Economía de la Academia de Estudios Económicos de Bucarest. “Este tiempo perdido representa un impuesto oculto considerable tanto para los trabajadores como para las empresas”, recalca la docente, que enumera otros costes directos al bolsillo: combustible, desgaste y mantenimiento del coche, seguros, tasas de estacionamiento, abonos o billetes de transporte público y, a veces, peajes.

Dos millones de coches

Pese a que circulan más de dos millones de vehículos por Bucarest diariamente, los mismos que el número de su población, la capital rumana no ocupa la peor posición de Europa en cuanto a tráfico. Ese título recayó en Dublín el año pasado, donde los conductores pasaron 191 horas en atascos —casi ocho días— y la velocidad media fue de 17,4 km/h. En Madrid, por ejemplo, estuvieron 98 horas en atascos, poco más de cuatro días y una velocidad media de 20 km/h. “También está el coste del tiempo perdido: el valor de las horas pasadas en la carretera en lugar de emplearse en trabajo, tareas domésticas o descanso; suele estimarse utilizando el salario del trabajador o una parte del mismo”, señala Dan Popa.

No obstante, las congestiones de tráfico provocan asimismo gastos extra para el bienestar físico y el entorno natural que resultan complejos de medir. “En las ciudades de la UE, el transporte por carretera es una fuente importante de contaminación del aire y ruido; aproximadamente el 96% de los residentes urbanos están expuestos a niveles por encima de las recomendaciones de la OMS, lo que se traduce en pérdidas significativas en términos de salud y economía”, enfatiza Popa. El experto en economía añade diversos efectos colaterales tales como la tensión nerviosa y el agrado profesional, los cuales podrían incidir en el rendimiento y la calidad de vida. “Los estudios sobre el trabajo desde casa muestran que evitar el desplazamiento ahorra tiempo considerable y reduce los gastos diarios de transporte y estacionamiento”, aclara Dan Popa. Y finaliza: “Para muchos empleados, reducir el costo del desplazamiento es un motivo clave para preferir el trabajo híbrido o remoto, ya que aumenta efectivamente su ingreso neto y el tiempo disponible, sin una subida nominal del salario”.

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