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El cobre se toma un respiro en su ascenso a los cielos: por qué el metal rojo es un gran indicador sobre el futuro de la economía

La cotización de esta materia prima, que alcanzó su récord en enero, relaja su escalada por la incertidumbre provocada por la guerra de Irán

Trabajadores inspeccionando productos de cobre en China Copper Huazhong en Huangshi, China. Wang Jiang (VCG / Getty Images)

El 4 de septiembre de 1882, el Bajo Manhattan —hoy, una de las zonas más populares y acaudaladas de la ciudad de Nueva York— abandonó el parpadeo ámbar del gas por el brillo blanco de la incandescencia. Allí, en Pearl Street, la Edison Illuminating Company, creada por Thomas Alva Edison, comenzó a generar electricidad, alimentando unas 400 bombillas y brindando servicio a unos 80 clientes. La instalación se convirtió en la primera planta de energía central de la historia, gracias a seis dinamos jumbo (los primeros generadores que convertían la energía mecánica en eléctrica) alimentados a carbón y convertidos en el corazón de la estación. La maquinaria, sin embargo, no era nada sin los 24 kilómetros de cableado subterráneo, que exigieron una inversión que superó el coste de todo el sistema. En las entrañas de los filamentos de esta red se utilizó cobre —el segundo metal (después de la plata) con alta conductividad y maleabilidad— que, siglo y medio después, se ha consolidado como un recurso estratégico.

Consumo eléctrico

El vertiginoso crecimiento del consumo eléctrico global ha tensionado el suministro de este metal rojizo, que hoy lucha por seguir el ritmo de la demanda. Esta relevancia llevó a Estados Unidos a calificarlo en 2025 como un mineral crítico (la Unión Europea lo hizo en 2023). “El cobre es el eje que conecta la maquinaria física, la inteligencia digital, la movilidad, la infraestructura, la comunicación y los sistemas de seguridad. Todo esto ha convertido la disponibilidad futura del metal en un asunto de importancia estratégica”, dicen los expertos de S&P Global. Hoy, su valor está por las nubes. A principios de 2026, el precio del cobre alcanzó un hito histórico por encima de los 13.000 dólares por tonelada en el mercado inglés (superando el récord previo de 11.000 dólares establecido meses antes), mientras que en el mercado estadounidense, el precio de referencia ha saltado alrededor de un 40% desde octubre hasta alcanzar un máximo histórico de más de 14.500 dólares la tonelada a finales de enero, impulsado por el temor a nuevos aranceles estadounidenses, según coinciden los expertos consultados.

Pero la inestabilidad geopolítica, tras el estallido de la guerra en Irán, ha frenado la demanda de cobre, hundiéndolo en precio ante el temor de los inversores a la economía global. Los expertos de ING indican que la relación cobre-petróleo, a menudo considerada un indicador de las expectativas de crecimiento global, ha caído drásticamente en las últimas semanas a medida que subían los precios del crudo, lo que pone de relieve el creciente lastre que suponen los mayores costes energéticos para los metales industriales. “Una caída sostenida indicaría un contexto macroeconómico más complejo, con expectativas de crecimiento más débiles que lastran la demanda del metal”, resaltan en un informe. La última semana, la tonelada se cotizó por debajo de los 13.000 dólares.

Sin embargo, en el último ejercicio, la historia era distinta. Tras una investigación bajo la Sección 232 iniciada en febrero de 2025 por el Departamento de Comercio de EE UU, Trump anunció en julio de ese año un arancel del 50% sobre importaciones de productos semielaborados y derivados intensivos en cobre (como cables y tubos), excluyendo el mineral bruto, los cátodos y la chatarra. Esto desató compras anticipadas y volatilidad. Ahora, la incertidumbre se centra en junio de 2026, cuando el Departamento de Comercio entregará un informe sobre la capacidad de refinado y podría justificarse un arancel. El escenario base de Goldman Sachs Research es que se implementará un gravamen del 25% sobre el cobre refinado importado. “Existe un gran temor a que no se salve de nuevos impuestos”, advierte Benchmark Mineral Intelligence.

A ello se suma que muchos inversores están colocando su dinero en bienes materiales. Aunque tradicionalmente este papel de refugio seguro les correspondía al oro y a la plata, cada vez más personas están moviendo sus capitales hacia el cobre, consolidándolo como la nueva alternativa de inversión. “El precio del cobre se ha visto impulsado mucho más por los flujos financieros que por los fundamentos del mercado”, expone Carsten Menke, director de Investigación Next Generation de Julius Baer. Por ejemplo, el comercio especulativo en el mercado de futuros chino ha repuntado de forma masiva en un momento de debilitamiento de la demanda. Ello significa que mientras las fábricas y constructoras en el gigante asiático (que consume la mitad de la demanda) están comprando menos cobre debido a la debilidad económica, los inversores y especuladores en las bolsas de futuros se han lanzado a adquirir contratos de este mineral para proteger su dinero ante la debilidad del dólar estadounidense que se ha visto afectado por las expectativas de recortes de las tasas de interés de la Reserva Federal y la incertidumbre en las políticas comerciales y fiscales de Trump.

Michael Widmer, jefe de metales en Bank of America, dice que ante la incertidumbre en el mercado, los compradores estadounidenses han adelantado compras de cobre por alrededor de un millón de toneladas. La cifra representa el 3,5% de la demanda mundial actual, que, según S&P Global, asciende a 28 millones de toneladas métricas. Widmer indica que, en lugar de inundar el mercado y bajar los precios, ese metal se ha quedado guardado en almacenes bajo un esquema financiero llamado reporte o repo, en el que los dueños del metal obtienen beneficios al mantenerlo en lugar de venderlo de inmediato. Esto ha provocado que en la Bolsa de Metales de Londres haya menos cobre disponible para entrega física, lo que fortalece los precios globales al dar la sensación de que el suministro es más ajustado de lo que realmente es. Al mismo tiempo, abunda el experto del banco estadounidense, los fabricantes industriales que habían dejado de comprar el año pasado por miedo a la inestabilidad ahora están volviendo a la carga todos a la vez para reponer sus inventarios, generando una ola de demanda acumulada que empuja los precios todavía más hacia arriba y creando un efecto de escasez.

Lo que es una realidad es que no hay brecha entre la oferta y la demanda en este momento. “De hecho, el mercado del cobre parece contar con suministros suficientes para este año”, reconoce Menke. A partir del próximo año, podría tensarse la cuerda si el crecimiento mundial repunta y no se desarrollan nuevas explotaciones. “Los riesgos de un desabastecimiento estructural son más altos entre 2027 y 2035 debido a la falta de nuevas minas de cobre y de proyectos de expansión. Esto podría elevar los precios muy por encima de los niveles actuales”, destaca el experto de Julius Baer. Satisfacer la demanda en el futuro será todo un reto. S&P Global indica que hacia 2040, las necesidades de cobre serán un 50% mayores que las actuales debido a la creciente electrificación de la economía, al aumento de los centros de datos (impulsados por la inteligencia artificial) y al sector de la defensa. Para entonces, quizás, el mundo sí que tendrá un déficit cercano a 10 millones de toneladas, en caso de que la oferta falle, dice la consultora. Para verlo, aún faltan algunos años.

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