La directora general de la OMC: “Estamos viendo la peor disrupción del comercio global desde las guerras mundiales”
Ngozi Okonjo-Iweala detecta ya un impacto económico significativo en la intervención militar de Estados Unidos e Israel en Irán


Rousseau eligió el lago Lemán, en Suiza, para contar en uno de sus libros que su sociedad ideal era Esparta: pequeña, severa, autosuficiente, patriótica e insolentemente no cosmopolita y no comercial. Mary Shelley se encerró en una villa junto a ese lago para idear en una noche mítica Frankenstein, sobre las consecuencias de la falta de límites en la ciencia. Nabokov pasaba largas temporadas en un hotelito en esta zona, discreto y elegante, y aquí escribió Ada o el ardor, deslumbrante novela sobre la pasión. A orillas del Lemán está también la sede de la Organización Mundial de Comercio (OMC), una de las instituciones multilaterales más castigadas por una sacudida del orden global que es una mezcla de Rousseau, Shelley y Nabokok: un mundo en el que crece el populismo ultra y prima la ley de la selva, en el que tecnologías como la inteligencia artificial son tanto una oportunidad como una amenaza, y en el que las pasiones neoimperialistas de Estados Unidos son capaces de empezar una guerra que envuelve en una espesa niebla de incertidumbre los escenarios de futuro. La nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala (Ogwashi-Ukwu, 71 años), directora general de la OMC, recibe en Ginebra a Papallones y otros diarios europeos agrupados en la alianza LENA, y hace un repaso por esta era que ella prefiere denominar “de la disrupción” más que del desorden. En casi una hora de conversación, Okonjo-Iweala se las ingenia para no pronunciar la palabra “Trump” en una habitación bañada por una luz afónica, con las montañas suizas aún nevadas y el famoso lago tras los ventanales.
Pregunta. 2025 fue un año de cambios radicales en el comercio global, con subidas de aranceles y una gran incertidumbre por las políticas de Trump. ¿Qué nos espera en 2026?
Respuesta. El multilateralismo está en crisis. No es solo el comercio global: el sistema entero, basado en reglas creadas hace 80 años, está siendo impugnado. Hay que preguntarse qué es lo que ha funcionado bien todos estos años. El orden global trajo un periodo de paz y prosperidad; el comercio ha contribuido, ha generado interdependencias, ha permitido sacar a 1.500 millones de personas de la extrema pobreza. Es evidente que no todos los países se han beneficiado por igual. Pero la OMC ha generado un conjunto de reglas predecibles, creíbles y estables. Ahora hay que conseguir que el sistema sea más ágil, que se ajuste a los cambios que vienen, por ejemplo a la inteligencia artificial, que permita lidiar con los desafíos y oportunidades que va a generar la tecnología, el medio ambiente, el comercio de servicios.
P. ¿Y qué es lo que no ha funcionado? Porque son los perdedores de la globalización y la revolución tecnológica los que protagonizan la nueva era del desorden.
R. Usted lo llama era del desorden; yo prefiero llamarlo de la disrupción. Esto no es rabiosamente nuevo: ya hemos visto otros episodios parecidos en el pasado. Hay una enorme incertidumbre, eso es evidente. No estamos cómodos con lo que sucede, está claro. Pero la realidad es que la gran mayoría de países sigue manteniendo relaciones comerciales a pesar de la disrupción, del desorden; da igual cómo lo llamemos.
P. No ha incluido en su análisis ni una sola vez la palabra Trump.
R. Nuestro socio es Estados Unidos, no su presidente. Los líderes cambian; los miembros de la OMC permanecen. Pero no está en riesgo la OMC: está en riesgo la idea de globalización. Hay que tender hacia lo que llamamos reglobalización: el comercio mundial sigue siendo imprescindible, pero hay que rediseñarlo. La pandemia nos enseñó las vulnerabilidades asociadas a las cadenas de suministro. Ahora estamos viendo lo mismo con las tierras raras. No tiene sentido que la economía internacional dependa de China, de solo un par de países. Hay que evitar esas dependencias. Lo mismo ocurre con las renovables: tenemos la tecnología para convertir en energía limpia el 60% de la energía solar, pero solo hemos hecho el 2% de las inversiones.
P. ¿Cuál va a ser el impacto de la guerra en Irán y de la crisis energética? ¿Viene una recesión?
R. El impacto en el comercio mundial va a ser significativo, pero dependerá de la duración de la guerra. Si estamos ante una guerra corta, habrá una sacudida en los mercados, pero si el bloqueo del estrecho de Ormuz se prolonga tres meses o incluso un año, el impacto sería mayor o mucho mayor. Ya podemos hablar de un impacto significativo porque la crisis energética se ha trasladado a los precios, al poder adquisitivo de los consumidores. El tráfico de todo tipo de bienes, no solo de petróleo y gas, se ha visto afectado. Los costes del transporte de mercancías están subiendo. Nuestros modelos ya muestran efectos significativos.
P. ¿Cuánto va a durar la guerra?
R. Aquí trabajan economistas, no analistas militares: honestamente, no lo sabemos. Lo más que podemos es apuntar escenarios posibles. Y mapear los daños: los países más dependientes de las importaciones de energía, como los europeos y los del Sureste asiático, van a sufrir más, y Rusia es el país que más sale ganando porque suben los precios energéticos y se levantan las sanciones.
P. ¿Estados Unidos e Israel han vulnerado el derecho internacional en Irán?
R. No voy a pronunciarme al respecto. No me corresponde.
P. ¿Estamos viendo la peor crisis del comercio global?
R. Estamos viendo algo histórico: es la peor disrupción del comercio global desde las guerras mundiales, o una de las peores. Y estamos comprobando que tenemos un sistema resiliente, que aguanta el impacto, pero no es un sistema robusto: hay que reformarlo ante futuros shocks.
P. Estados Unidos y la UE llegaron a un acuerdo comercial en Escocia. ¿Cumple los requisitos de la OMC?
R. Ese pacto no está dentro del sistema de la OMC. Es un acuerdo bilateral. Ni siquiera es propiamente un acuerdo comercial: incluye asuntos de seguridad, de inversiones, de compras de energía.
P. ¿Se va a respetar después del fallo del Supremo de Estados Unidos?
R. Vivimos en una era de incertidumbre tremenda, pero diría que al final esos pactos se van a cumplir.
P. Estados Unidos ha amenazado a España con un embargo comercial por su posición en Irán o en el gasto en defensa. ¿Ve posible que se sustancie esa amenaza?
R. Preferiríamos que eso no sucediera: preferiríamos que las relaciones comerciales se manejaran de acuerdo con las reglas de la OMC. Pero obviamente no podemos controlar lo que harán Estados Unidos o España: lo único que puedo decirle es que el diálogo es el mejor camino para resolver las discrepancias.
P. La Comisión Europea acaba de aprobar la ley de aceleración industrial. ¿Eso es política industrial o es hacer proteccionismo?
R. Europa ha sido siempre un apoyo firme del sistema multilateral. Como dice Macron, la UE quiere proteger sin caer en el proteccionismo. Eso no parece fácil. Pero las reglas de la OMC ofrecen escapatorias para evitar el proteccionismo.
P. ¿La sobrecapacidad de la industria de China es dañina para el resto del mundo?
R. China amasó el año pasado un superávit comercial gigantesco, superior al billón de dólares. Y los dos primeros meses de 2026 siguen por ese camino. Ese desequilibrio es perjudicial para la economía mundial: el modelo de crecimiento chino basado en las exportaciones de los últimos 40 años no puede funcionar para los próximos 40 años. China tiene que estimular el consumo, la demanda interna; tiene que importar más y tiene que reducir su dependencia de las exportaciones para que esa sobrecapacidad se absorba internamente, al menos en parte.
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